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El Jugador de Pádel: Rebote de estrellas

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Por Enrique Canchola Martínez
Universidad Autónoma Metropolitana
Ciudad de México, México.

El jugador de pádel del escultor Miguel Peraza, con su paleta juega con las estrellas, induciendo la parábola celeste que nos lleva con la mente a los senderos cuánticos.
La paleta es el eco de las estrellas, que traen el rebote del sonido silencioso del universo, pues cada vez que la eleva y la regresa hace del juego de pádel entre sus paredes una danza cósmica. La geometría la captura el cuerpo que está en fuerza y movimiento, mientras la gravedad lo sujeta a un anclaje terrestre. La paleta es la iconografía que distingue al atleta del resto de otros instrumentos.
La meta conciencia la comprendemos cuando observamos que la cancha de este jugador es su propio universo, induciendo ritmos y texturas conectados a la cinética del deporte.

Peraza, logra la simbiosis en su obra al conectar la mecánica celeste con la biología al estar en perpetuo movimiento las partículas que nos conforman.
La poderosa figura del padelista sugiere que la pelota aún está en su mano, sin embargo, metafóricamente la podemos ver cuando el sol en su trayectoria la convierte en una sombra, diciéndonos que alguna vez estuvo ahí.

La imaginación induce a entender el movimiento entre el rebote de los cuerpos celestes que sufren al impacto contra una paleta de carbono que nos abrazan en el pensamiento para producir una idea.

Peraza procura un equilibrio entre el cuerpo del jugador y el espacio vacío, su cuerpo es una extensión de una antena receptora de energía que transmite la continuidad cotidiana de lo eterno.

La armonía se refleja en la contraposición de la curvatura del cuerpo frente la pizarra cósmica, el bronce y el acero luchan por no derretirse ante la fuerza vulcana del sol quedando el entrelazamiento del esfuerzo y la fluidez del pensamiento en donde podemos afirmar que la escultura cobra vida mientras el deporte se vuelve arte.

Enrique Canchola 15 de enero de 2026