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Divisando el Edén, interpretación del poema de Adriana Terán

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El poema Divisando el Edén Busca convertir el cuerpo en un paisaje y hace dialogar a todos los sentidos con el cuerpo.

Por: BrendaCarol Morales

Decía Georges Poulet en «La conscience critique», que un libro no es como los otros objetos. Agregaba que, lo que diferencia al libro de un jarrón, por ejemplo, es que el jarrón termina formando parte del paisaje, domesticado. En tanto que al abrir un libro, se abre una nueva relación entre él y quien lo lee. Se rompen las barreras y vive fuera de sí o hace que el lector viva dentro de sí. Poulet, en su reflexión, se da cuenta de que un libro no es un puro objeto sino que es una conciencia que se presenta abierta para que el lector atisbe y se adentre en ella y pueda pensar lo que piensa y sentir lo que siente. Esta imagen me parece especialmente poderosa.

Esta idea dialoga con otra que aparece en la VII Antología internacional de poesía Sabersinfin. Allí se indica que «es una especie de territorio en movimiento donde las palabras trazan rutas que conectan experiencias humanas, memorias colectivas y búsquedas espirituales». La antología no es un objeto estático. Se transforma en un territorio en marcha donde los poemas funcionan como caminos que conectan experiencias humanas con los lectores.

En La llama doble, Octavio Paz sostiene que los poemas son un sistema de vasos comunicantes de lo que vemos o creemos ver porque el universo que nos plantean lo vemos no solo con nuestros ojos de carne sino con los ojos del espíritu.

Además, señala que esos sentidos, sin perder su fuerza, se convierten en servidores de la imaginación, con lo que podemos notar lo inaudito y lo imperceptible. Para él, eso mismo sucede con el encuentro erótico. La imaginación es el mismo agente que mueve el acto erótico y la poesía.

En tal sentido, el poema que hoy traigo nos permite caminar por esa ruta de la imaginación, de la transfiguración de la sexualidad hacia la metáfora del erotismo. Como ávidos buscadores, los invito a otear en él y descubrir una de esas rutas donde, como señala Octavio Paz, el erotismo «es una poética corporal» y la poesía, «es una erótica verbal».

Adriana Terán, la autora

Adriana es mexicana aunque en la actualidad vive en Argentina.

Además, es una escritora multipremiada, con un muy amplio currículo. Es integrante de la Academia de Literatura de la SMGE, socia de SADE Central y de APA Alfonsina Storni, presidenta filial de RAIAL en Argentina; corresponsal cultural de Mosaicos y Letras y Sabersinfin. También es embajadora de Cultura y Paz, articulista y colaboradora en revistas literarias.

Divisando el Edén

Sonrisa, voz, semblanza,
mirar rutilante y atento
concentran la bóveda estelar.
Tu cuerpo sedoso, humeante,
atrayente como magnetita.

Smetana, boleros y jazz
ondean escalas en mis fibras.
Alientos ascendentes,
gemidos casi mudos,
armonizan la cercanía.

Sentidos distinguen texturas
tersas, algodonosas, ígneas.
Obligan a oprimir tu perímetro,
antebrazos y piernas,
para atrapar la musculatura.

Sabor y aroma dulce,
lengua juguetona envuelve
valle rodeado de montañas;
nuestros cuerpos níveos, fusionados,
modelan la cordillera andina.

Buscas el arca del tesoro,
deliro… desaguo mi cascada,
convertida en río; deshielo tus muslos,
percibiendo ¡El Edén!

Del poema: su forma

Este es un poema de verso libre. El ritmo se constituye por la presencia de algunas enumeraciones y sobre todo, porque cada estrofa va produciendo un encadenamiento de imágenes altamente sensoriales.

El poema construye una experiencia profundamente sensorial y, en varios momentos, recurre a la sinestesia. Cada estrofa apunta a distintos sentidos: vista, oído, tacto, gusto y olfato.

Entre los recursos utilizados están la sinestesia (texturas tersas, algodonosas, ígneas); las enumeraciones (Sonrisa, voz, semblanza), metáforas geográficas (valle rodeado de montañas), comparaciones (atrayente como magnetita), oxímoron (gemidos casi mudos), entre otros.

Por otro lado, el léxico utilizado es de registro alto. Aparecen términos como magnetita, rutilante, ígneas, níveos, perímetro. Asimismo, la mención de Smetana, requiere un conocimiento cultural más amplio que, si bien eleva el tono del poema, podría implicar algún tropiezo para quien lo lee sin tener esos asideros culturales. Por lo demás, el uso de esos términos permitió crear metáforas muy ingeniosas y poco usuales como cuando en lugar de decir atrayente como imán, se utiliza la palabra más precisa: magnetita.

Interpretación del poema

Es evidente que el tema trata del erotismo. Ya decía Octavio Paz que «el erotismo no es mera sexualidad animal: es ceremonia, representación». En el poema, se presenta así como una ceremonia en cuatro movimientos.

El primero es la contemplación inicial. Como se inicia una ceremonia, se contempla maravillado al cuerpo amado. En el ritual, este concentra en sí mismo toda la inmensidad, la belleza y el brillo del universo nocturno. Su cuerpo atrae de manera irresistible, porque incita a los sentidos. No se trata solo de un acto físico.

El segundo movimiento se refiere precisamente a los sentidos. Se inicia con la vista, sigue con el oído.

La enumeración de Smetana, boleros y jazz representa un recorrido fascinante por tres mundos musicales totalmente distintos. Por un lado, Smetana, el creador checo, tiene una música profundamente descriptiva, emotiva y ligada a lo nacional. Por otro lado, los boleros representan la nostalgia romántica de nuestro continente y, finalmente, el jazz representa la libertad de la improvisación y establece un sincretismo entre las tradiciones de la cultura afroamericana y la cultura europea. Al entender este recorrido, se comprende el siguiente verso: «ondean escalas en mis fibras».

En el ritual erótico, el cuerpo es acometido por impulsos ascendentes y descendentes y, al pensar en la enumeración musical, esta se transforma en una metáfora del impulso corporal en la entrega. Los siguientes versos comparten el mismo campo sensorial del oído y confirman cómo en esa vibración erótica, un gemido puede ser casi un susurro y cómo en ese vaivén, se puede llegar a sentir la cercanía que, aquí, se interpreta como una música que armoniza.

Después aparece el sentido del tacto. El cuerpo amado es percibido desde un recorrido por la piel con las manos, con el propio cuerpo. Se le encuentra terso y suave pero al mismo tiempo, ardiente. Surge la necesidad de rodearlo, de poseerlo.

Luego, entran en acción los sentidos del gusto y el olfato como una confirmación del siguiente movimiento: la unión corporal. El hablante poético ha dejado a un lado la contemplación del ser amado y pasa a saborearlo y olerlo, a unirse con él desde todos sus sentidos. Hay algo de lúdico en envolverlo. Se atreve a recorrerlo como un explorador lo haría en un terreno escabroso. Los sentidos, movidos por la imaginación, permiten que perciba la unión más allá de algo corporal, para situarlo geográficamente como una cordillera en la que ambos cuerpos dibujan altos y bajos. La referencia específica a la cordillera andina introduce un anclaje geográfico concreto. Quizá esa elección responda a la cercanía que la autora tiene hoy con el paisaje argentino.

El cuarto movimiento se refiere a la culminación. La última estrofa habla del momento del clímax. Lo hace mediante imágenes referidas al agua: desaguo, cascada, río, deshielo. Todo representa movimiento, entrega y transformación.  

En este poema no aparecen las frases comunes: «te deseo», «te amo», «hagamos el amor». Todo se sugiere y en ello estriba su mayor fuerza. La experiencia amorosa ya es una transformación imaginativa de la sexualidad; al convertirse en poema, esa transformación vuelve a transfigurarse mediante el lenguaje. Por eso puede hablarse aquí de una doble metáfora: la del erotismo y la de la poesía misma.

Conclusión

El poema presenta el erotismo de manera más simbólica que explícita. Busca convertir el cuerpo en un paisaje y hace dialogar a todos los sentidos con el cuerpo. Su recorrido es como un ritual que abarca desde la contemplación hasta la comunión.

Las imágenes no se limitan a embellecer el erotismo. Por el contrario, tratan de metaforizarlo y comprenderlo como una experiencia de plenitud y transformación.

BrendaCarol Morales

Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.