Por Sabersinfin
En el Día de Nunca Rendirse, la escritora y académica mexiquense invita a reconocer la perseverancia como un ejercicio de valor, conciencia y reconstrucción personal
Toluca, Estado de México, 17 de agosto de 2026.— Sobreponerse a la adversidad no significa ignorar el dolor ni fingir que las dificultades no existen, sino reunir el valor y el carácter necesarios para comprenderlas, atravesarlas y convertirlas en una oportunidad de reconstrucción, sostiene la escritora y académica mexiquense María Dolores Pliego Domínguez.
Esta postura adquiere especial relevancia este 18 de agosto, fecha en que se conmemora el Día de Nunca Rendirse, conocido internacionalmente como Never Give Up Day. La celebración busca llevar esperanza a quienes atraviesan momentos difíciles y recordarles que siempre es posible perseverar en sus proyectos, recuperar sus sueños y comenzar nuevamente después de una caída. La iniciativa surgió en 2019 y promueve una cultura de perseverancia personal y compartida.
A lo largo de su obra poética, sus artículos y sus intervenciones académicas, Pliego Domínguez ha reflexionado en múltiples ocasiones acerca de la capacidad humana para enfrentar las experiencias dolorosas, hacer acopio de fortaleza interior y encontrar nuevos sentidos aun en circunstancias desfavorables. En su pensamiento, no rendirse va más allá de una frase alentadora: representa una decisión consciente de continuar cuando la realidad parece cerrar todos los caminos.

Para la autora, nunca es tarde para salir adelante. La edad, los tropiezos, las pérdidas o los errores cometidos no deberían convertirse en sentencias definitivas. Mientras una persona conserve la voluntad de comprenderse, aprender y emprender una transformación, permanece abierta la posibilidad de construir un horizonte diferente.
Esta visión no idealiza la adversidad ni supone que basta con desear algo para alcanzarlo. Por el contrario, reconoce que toda reconstrucción exige tiempo, disciplina, responsabilidad y, en muchas ocasiones, el acompañamiento solidario de otras personas. Perseverar también implica aceptar la vulnerabilidad, pedir ayuda cuando sea necesario y comprender que la fortaleza no siempre consiste en avanzar con rapidez, sino en negarse a abandonar aquello que da sentido a la existencia.
En la obra de María Dolores Pliego, la palabra ocupa un lugar central dentro de este proceso. La escritura permite nombrar las heridas, ordenar la experiencia y transformar el sufrimiento en conciencia. Por ello, su poesía no se limita a describir el dolor, sino que procura descubrir qué puede nacer después de él.
Esa concepción se aprecia en La escoba de Goliat, obra con la que participó en la Feria Nacional del Libro de Escritoras Mexicanas 2025. Mediante sus poemas, la autora dio voz a las infancias violentadas y abordó las consecuencias del abandono, la violencia familiar y los desencuentros sociales. Su lectura en la FENALEM convirtió una realidad dolorosa en memoria, denuncia y llamado a la conciencia.
Este compromiso revela que no rendirse también puede adquirir una dimensión colectiva. No se trata únicamente de resistir frente a las dificultades personales, sino de emplear la propia experiencia y las capacidades adquiridas para acompañar a quienes han sido silenciados, defender causas necesarias y contribuir a transformar las condiciones que producen sufrimiento.
Pliego Domínguez ha insistido, además, en la responsabilidad ética de quienes trabajan con el lenguaje. Al reflexionar sobre la defensa de los árboles, afirmó que las palabras deben despertar conciencias y que no basta con describir la realidad: también es necesario contribuir a transformarla. Para la escritora, cada poema, artículo, clase y conversación puede fortalecer el compromiso con la vida.
La misma perspectiva aparece en sus reflexiones sobre la lengua materna, a la que concibe como un espacio donde se construyen la memoria, la sensibilidad y la visión del mundo. Desde su postura humanista, cuidar las palabras significa preservar la identidad, fortalecer los vínculos y abrir caminos para la convivencia y la paz. Su obra relaciona literatura, conciencia humana, ética y responsabilidad social.
En este sentido, el Día de Nunca Rendirse invita a revisar no solamente las metas pendientes, sino también las batallas silenciosas que cada persona enfrenta. Hay quienes perseveran durante una enfermedad, un duelo, una separación, una crisis económica o un periodo de incertidumbre; otros luchan por recuperar la confianza, concluir sus estudios, defender una causa o comenzar de nuevo.
Desde la perspectiva de María Dolores Pliego Domínguez, salir adelante no significa regresar al punto anterior a la adversidad. Significa aprender de lo vivido y avanzar con una conciencia distinta. Algunas experiencias dejan marcas imborrables, pero esas marcas no tienen que convertirse en límites: también pueden ser memoria, aprendizaje y fundamento de una vida más digna.
Nunca rendirse es, finalmente, una manera de defender la posibilidad. Es reconocer que ninguna noche posee para siempre la última palabra y que, aun después de las derrotas, el ser humano conserva la facultad de levantarse, reconstruirse y encontrar nuevas razones para continuar.



































