Por: BrendaCarol Morales
Desde que me di a la tarea no solo de compartirles mi interpretación de algunos poemas sino también de buscar puntos de contacto entre lo que se comunica en la introducción de la VII Antología de Poesía con algunos autores, ya sea de crítica literaria, semiología, análisis del poema…, he encontrado algunas joyas que espero, los inciten a leerlos y profundizar en su conocimiento.
En ese sentido, esta semana tomé como base esta frase en la antología: «Y quizá esa sea una de las funciones más profundas de la poesía: recordarnos que, incluso en medio de la incertidumbre histórica, siempre es posible orientarse». Se habla mucho de la incertidumbre, sobre todo en educación. Pero… ¿incertidumbre histórica y poesía? ¿Habría alguien en el mundo que antes o ahora coincidiera con este planteamiento?
Pues, sí. Desde hace algunos años surgió un libro llamado Poesía ante la incertumbre. Antología de nuevos poetas en español y del prólogo que además se constituye en un manifiesto denominado Defensa de la poesía. Se trata de escritores de Hispanoamérica y España que se unieron y publicaron sus poemas, urgidos por encontrar una respuesta o por lo menos un camino para avanzar en este siglo.
En su manifiesto, indican: «Nuestra generación está marcada por esta incertidumbre y creemos que es necesario hacer un alto en el camino, reflexionar, mirarnos a los ojos, establecer una cercanía menos artificial, más humana. La poesía puede arrojar algo de luz para alcanzar algunas certidumbres necesarias (Poesía ante la incertidumbre, 7)».
Coinciden con Sabersinfin en que la poesía debe orientarnos, darnos una luz para no olvidarnos de nuestra humanidad y que la poesía debe emocionar. Asimismo, consideran que «Deben ir de la mano espacio literario y espacio social», otro punto de convergencia con el movimiento que ha constituido Sabersinfin, en donde tienen encuentro muchas voces poéticas que descubrieron un espacio social para conectarse a lo largo de toda Hispanoamérica.
Poco a poco nos hemos ido conectando desde México hasta Argentina. Unidos por la poesía, vamos estableciendo vínculos afectivos y de interés por la situación que vive cada uno en sus respectivos países. De allí que esta semana incluyo un poema de la autora colombiana, Amelia Restrepo, como una muestra de solidaridad y cariño por nuestros hermanos colombianos, honrando a quienes perdieron la vida y a quienes siguen luchando para salir adelante después del terremoto del 10 de agosto. Justamente, su poema nos habla de resiliencia.
¿Quién es Amelia Restrepo Hincapié?
Es una educadora, poeta, escritora e investigadora colombiana. Nació en Santa Rosa de Cabal y reside en Pereira, Risaralda, Colombia. Es fundadora y presidenta de la Fundación Academia Colombiana de Historia, Literatura y Arte. Dirige el Laboratorio de Historia y coordina Sabersinfin Colombia.
Ha sido reconocida con la Medalla Gran Cruz de Risaralda Orfen Orquídea 2024, así como con la Medalla Manuelita Sáenz como Mujer Líder de Risaralda y con la Medalla de Honor de la Asociación de Escritores del Orbe (AEADO).
Ha publicado tres libros sobre innovación educativa y cinco poemarios. Cuenta con obras inéditas y participación en diversas antologías internacionales.
Aún
Mira:
aún a este árbol
lo quema una lágrima.
Observa:
aún tiene savia
y… sí,
aún provee sustento.
¿Ves?
Su tallo no se rompe;
se inclina
al tenor del fuerte viento.
Aún sirve de abrigo
y, en sus ramas potentes,
un jilguero
canta siempre.
Aún nada ha logrado
desmoronar esa piedra,
pese a que ciertas voces
logran, sí, estremecerla.
Hay truenos,
hay ruidos
que le abren grietas,
pero por cada grieta
la vida
vuelve
y florece.
Análisis del poema Aún
El poema está conformado por versos libres. Si bien no hay una métrica regular, el ritmo y la musicalidad se crea por medio de la puntuación y los versos cortos.
Está conformado por estrofas aunque estas tampoco poseen un número regular de versos. Esto no quiere decir que carezca de una estructura. Al contrario. Su arquitectura está sostenida por varios recursos.
Uno de esos recursos es la palabra «aún». No solo da nombre al poema, sino que se repite a lo largo de varias estrofas y funciona como leitmotiv, al tiempo que en algunos segmentos adquiere un claro efecto anafórico.
El uso de los imperativos «mira» y «observa», seguido de la interrogación «¿ves?», crea la impresión de diálogo entre la voz poética y un interlocutor que no aparece pero con el que se logra una aproximación paulatina.
Encontramos el campo asociativo de la resistencia o resiliencia: árbol, savia, sustento, tallo, viento, abrigo, ramas, canta, piedra, grietas, vida, florece. Todas estas palabras hablan no solo de naturaleza sino de las fuerzas de vida, permanencia y resistencia. Sin embargo, también hay un campo asociativo de desolación: lágrima, fuerte viento, desmoronar, voces, estremecer, truenos, ruidos, grietas. Se refieren a catástrofes naturales, destrucción, pérdida y sufrimiento.
En este poema, los signos de puntuación juegan un papel importante. Por un lado, los dos puntos frente a los verbos imperativos no solo detienen el discurso sino que llaman la atención del interlocutor. Los puntos suspensivos también detienen un momento el discurso para generar expectativa, con lo que la siguiente afirmación cobra mayor intensidad. Los signos de interrogación en la triada de verbos de observación, también detienen las interpelaciones y le dan una cierta intimidad entre el yo poético y su interlocutor: ¿ves?
Interpretación del poema
En un primer nivel, se podría decir que se refiere a una observación del poder de la naturaleza, de la confrontación entre fuerzas que dañan y otras que permanecen y sostienen la vida.
Sin embargo, en otra lectura se puede inferir que esos elementos funcionan como una representación de alguien o de algo que ha sufrido y, sin embargo, permanece vivo.
Las primeras estrofas inician con una interpelación al interlocutor para que note al primer elemento de la naturaleza que representa no solo la vida sino la resistencia y resiliencia. El árbol que debe observar se mantiene vivo pese al dolor. Recuerda la metáfora de la obra Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona, la cual remite a la idea de resistencia, dignidad y el valor de la ilusión frente a la crudeza de la realidad. Los árboles pueden estar dañados, secos o, como en el poema, doloridos (lo quema una lágrima), pero permanecen firmes.
Si con el primer verbo se invita al interlocutor a fijar su atención, el siguiente —«observa»— parece reclamar una mirada más detenida, atenta a aquello que inicialmente podría pasar inadvertido. A pesar de las apariencias, todavía tiene vida y sigue brindándose generoso.
La siguiente estrofa inicia no con un imperativo sino con una interrogación. El verbo utilizado implicaría menor esfuerzo o proceso. Se dice que ver es una capacidad física natural que ocurre sin mayor esfuerzo ni intención previa ya que las cosas entran en el campo visual por casualidad. El hecho de que aparezca no como un imperativo sino como pregunta sugiere que el significado se desplaza a un ámbito que ambos comparten y el yo poético busca más bien corroborar que el otro ve lo mismo.
El árbol, pese a mantenerse erguido, sabe inclinarse, es decir, se adapta a las inclemencias del viento. En otras palabras, se adecua a las circunstancias cambiantes para sobrevivir o evitar el fracaso. El árbol sobrevive precisamente porque cede parcialmente ante la fuerza. De hecho, pese a que pudiera percibirse derrotado, todavía abriga a otros. La aparición del jilguero, un ave que se caracteriza por su alegre canto, es un recordatorio de la capacidad de la vida para mantenerse pese a las circunstancias adversas.
En los siguientes versos, el objeto descrito cambia. Aunque es otro elemento de la naturaleza, ya no se trata del árbol sino de una piedra. Este podría ser un desplazamiento metafórico donde árbol y piedra comparten un sentido: son símbolos de resistencia. Mientras el árbol representa una resistencia viva, flexible, productiva, la piedra representa una resistencia sólida, aparentemente inamovible.
Sin embargo, no es una piedra indolente. Hay voces que la estremecen. Con las voces, hay un giro por demás curioso. Los elementos que pueden agitarla no son de la naturaleza. Las voces son humanas. Así, estas voces pueden ser palabras que hieren, críticas, acusaciones, recuerdos, opiniones, violencia verbal… La autora no especifica qué hacen esas voces. Esa indeterminación permite que sea el lector quien complete el sentido. Además, hay que notar que esas voces permiten que la piedra se estremezca, que deje a un lado su rigidez, sin desmoronarla.
Este desplazamiento del árbol a la piedra también podría abrir una lectura vinculada con la naturaleza humana: quizá ambas imágenes representen distintas maneras de resistir a lo que nos afecta. El árbol ofrece una resistencia flexible; la piedra, una resistencia que parece más rígida, aunque tampoco resulta inmune al estremecimiento ni a las grietas.
En los siguientes versos se cambia la anáfora «aún» por «hay». Esta nos da una idea de acumulación de eventos. La cortedad de los versos y la enumeración producen una sensación de velocidad y acumulación, como cuando decimos que «nos llueve sobre mojado». Todas estas situaciones adversas que, en el poema, son vistas como elementos de la naturaleza, tienen un efecto: sí producen grietas, sí lastiman. La grieta podría representar dolor, heridas, pérdidas, experiencias traumáticas, desgaste, todo aquello que en algún momento pueda herirnos y producirnos esas resquebrajaduras.
Mas, nuevamente da un giro el poema. Es cierto, siempre se producen grietas, parece ser inevitable. Sin embargo, el milagro está, no en evitarlas, sino en lograr que por cada una brote, inexorable, imparable, la vida misma. La grieta deja de ser únicamente un signo de destrucción y se convierte en un lugar de entrada para la vida. Esto nos hace pensar en una imagen muy conocida de la naturaleza: las plantas que brotan en las fisuras de las piedras.
La metáfora funciona porque la herida no desaparece. La grieta permanece, pero también aparece el florecimiento. Con ello, el poema nos regala una hermosa imagen: no se pueden evitar las grietas pero aunque queden las grietas, en ellas puede volver a brotar la vida.
Conclusión
El poema no presenta a un ser invulnerable; presenta a un ser vulnerable que sigue siendo capaz de vivir. Y algo que me parece invaluable: nos da el mensaje de que ser vulnerables no equivale a ser derrotados. Eso es oro puro.
Al inicio reflexionaba sobre la importancia de la poesía para iluminarnos y permitirnos sentir y seguir siendo humanos en medio de la incertidumbre que conlleva vivir. Con el poema Aún, encontramos que ese futuro incierto, o las situaciones desconocidas que podamos enfrentar, son parte de la vida. El poema no nos dice que las superaremos incólumes, pero nos da un norte: seremos capaces de seguir viviendo. ¡Qué hermosa manera de encontrar un norte: descubrir, a través de la poesía, que incluso las grietas pueden convertirse en lugares por donde vuelve a entrar la vida!

Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.


































