Sarahí Jarquín Ortega
Cuando el agua habló,
comprendí que en tu corazón amante,
a manera de raudal camino abajo,
estaba el amor de mi vida,
hecho de firmeza y piedra.
Espejos de tu alma en dulce mirar
me dieron la calma. Encontré en tu tacto
el ancla, la fuerza y la tibia fronda
que arrulló mi nido.
Corrió mi pensamiento
tras tu imagen.
Consoladora copa, y yo, sedienta,
sorbí la quietud de la tarde somnolienta
que todo acalla.
Por la noche, la paz de tu alma que perdona
hilvana la esperanza de mañana.



































