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El Quetzal

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Imágen creada por medio de IA

                         Olivia Sesma Rascón

Han nacido del Dios Sol, luminoso y cálido,
los hombres pájaro que desafían el miedo.
Y Dios le habla a la tierra dulce y generosa.
Entre cantos de aves, flautas y tambores,
se escuchan los latidos terrenales
que suben por el inmenso árbol.
¡Es el último quetzal
que se acerca sin brújula a través del tiempo!

Entre calles curvas y casas tejadas,
sonríe su gente de tez morena,
recordando el Tajín bajo la Iglesia.

El volador de Papantla
toca la flauta con su corazón de obsidiana,
ante la dignidad y el orgullo de su pueblo.

Eternamente continúan el rito,
la magia de hablar con Dios,
para prodigarse en frutos
y dar larga vida al Totonacapan,
entre orquídeas blancas y olor a vainilla.

Para volver a Papantla mil veces
y, en un instante, sanar mi alma,
confiando mis días maduros
a los cuatro puntos cardinales,
a los elementos de la naturaleza
y a dialogar con el Sol, con Dios,
a través de los hombres pájaro;
para recobrar mi raíz bajo mi piel mulata;
para recordar mi origen y (des)andar mis pasos;
para sentir a Papantla toda mía
y amanecer el amor en su sangre.