Por Salvador Calva Morales
Sorprendentes han sido mis noches
desde que tu ausencia se volvió madrugada;
despierto con tu nombre entre los labios,
como una semilla en la sombra sembrada.
Y, aunque quiera callarlo, mi corazón lo nombra,
porque aún te lleva dentro, profundamente grabada.
Mi mente, cómplice fiel de mis sueños,
repite tu nombre sin pedir permiso;
ese nombre poco común, tan tuyo,
que pronuncio dormido, sin previo aviso.
Hoy prefiero callarlo para no incomodarte,
pero vive en mi alma desde que ella te quiso.
Afuera, mientras tanto, llueve;
la lluvia borra caminos y huellas,
pero el surco profundo que dejaste
permanece intacto bajo las estrellas.
No quiero reproches, preguntas ni heridas,
solo abrirte el corazón cuando vuelvas.
Porque algo dentro de mí te anuncia,
sin ruido, promesas ni condición;
vas regresando despacio a mi cuerpo,
a mis sueños, a mi sangre, a mi razón.
Y yo no detendré ese regreso:
te recibiré con ternura y emoción.
Si vuelves, no te pediré explicaciones
ni traeré el pasado para juzgar;
bastará con mirarnos en silencio
y dejar que el amor vuelva a hablar,
que encuentre en nuestros brazos su refugio
y, en nuestros labios, la forma de perdonar.
Y, si la vida nos concede otra oportunidad,
la cuidaremos con paciencia y verdad;
serás mi hogar después de tanta ausencia,
mi luz encendida en la oscuridad.
Ven, amor: no prometamos ser perfectos;
prometamos no volvernos a soltar.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta

































