Por Abel Pérez Rojas
Sabersinfin
El saber no tiene fin.
Abel Pérez Rojas.
Recientemente ha empezado a circular Voces de la poesía del saber infinitista, el libro sesenta y dos de Salvador Calva Morales.
En esta obra, el autor selecciona a cuarenta poetas de todos los tiempos para analizar, desde una perspectiva general, su producción poética a la luz del saber infinitista, movimiento científico, cultural y literario que fundé en Puebla en 2006. Después de casi veinte años de evolución y aportaciones teóricas, el doctor Miguel Ángel Martínez Barradas sistematizó y documentó sus fundamentos pedagógicos, sociales y poéticos mediante dos versiones del Manifiesto del Saber Infinitista. La primera fue publicada en Poesía infinita (N. Almassio, 2026) y en Saber infinitista. Fundamentos y manifiestos (El Mundo Iluminado y Sabersinfin, 2026).
A través de cuarenta artículos, correspondientes a igual número de escritores de distintas épocas y geografías, Calva Morales transita por la inspiración de Homero, Dante Alighieri, William Shakespeare, Sor Juana Inés de la Cruz, Walt Whitman, Jorge Luis Borges y Octavio Paz, entre otros. Desde pilares como la educación permanente, el saber colectivo, la vida comunitaria y la cultura de paz, examina la obra de los poetas incluidos en este ejercicio analítico, introspectivo y antológico.
El texto introductorio resulta particularmente interesante porque contiene claves para reflexionar acerca de qué es el saber infinitista y cuáles son sus vínculos con la poesía, la comprensión humana y el cambio civilizatorio que atravesamos. También aborda el equilibrio entre el aprendizaje crítico y el intuitivo, así como el conocimiento entendido como una realidad que trasciende lo cuantificable y lo racional, entre otros aspectos que es preciso leer con detenimiento.
En atención al interés que puede despertar entre los aspirantes a poetas y los amantes de la poesía, y con la autorización del autor, me permito compartirles el texto introductorio, titulado Las voces infinitas de la poesía.
Aquí el texto:
El saber infinitista visibiliza el proceso inagotable de la comprensión humana, en donde la experiencia, el entendimiento y la interpretación se entrelazan para fundirse en una misma dinámica de expansión. Desde esta perspectiva, el saber no es una estructura cerrada ni una acumulación estática de conocimientos, sino un proceso vivo que se encuentra en permanente construcción, reinterpretación y resignificación.
Esta propuesta conceptual forma parte de una corriente de pensamiento surgida en Puebla, México, vinculada al movimiento cultural y académico Sabersinfin, iniciativa creada por el escritor y pensador Abel Pérez Rojas, cuyo propósito ha sido promover una visión humanista del conocimiento mediante el diálogo entre ciencia, arte, educación y cultura.
A lo largo de más de dos décadas, Sabersinfin ha impulsado múltiples proyectos editoriales, encuentros académicos y actividades culturales que buscan fortalecer el pensamiento crítico y la reflexión sobre el papel del conocimiento en la sociedad contemporánea. En este contexto intelectual surge la noción de saber infinitista, la cual posteriormente fue sistematizada en el Manifiesto del Saber Infinitista, texto elaborado por el investigador Miguel Ángel Martínez Barradas, en el que se exponen los fundamentos teóricos de esta perspectiva.
El saber infinitista no pretende establecer una doctrina cerrada ni una verdad definitiva. Por el contrario, plantea que el conocimiento humano se encuentra siempre en expansión y que la búsqueda del sentido constituye una tarea permanente. Nombrar el saber cómo infinito no significa descubrir algo completamente nuevo, sino reconocer una característica esencial de la condición humana: la capacidad constante de aprender, reinterpretar y transformar la realidad.
En este sentido, el saber infinitista propone comprender el conocimiento como un proceso abierto, dinámico y profundamente humano.
Antes de continuar, conviene precisar una distinción fundamental entre dos conceptos que con frecuencia se utilizan como sinónimos: conocimiento y saber.
El conocimiento suele asociarse con estructuras organizadas de información: teorías, datos, métodos y sistemas explicativos que buscan describir y comprender la realidad. Se trata de un componente esencial de la actividad científica y académica.
El saber, en cambio, posee un horizonte más amplio. Incluye el conocimiento, pero también incorpora la experiencia, la intuición, la memoria, la sensibilidad, la interpretación y las múltiples formas en que cada ser humano vive y comprende el mundo. El saber se construye tanto en los espacios formales de la ciencia y la educación como en la vida cotidiana, en la interacción social, en la cultura y en el arte.
Desde esta perspectiva, el saber no es únicamente acumulación de información; es también interpretación de la experiencia humana.
El saber infinitista parte precisamente de esta comprensión amplia del saber. Reconoce que el conocimiento humano no se limita a lo cuantificable ni a lo estrictamente racional, sino que se nutre de dimensiones simbólicas, emocionales y culturales que permiten a las personas otorgar significado a su existencia.
La mente humana puede entenderse entonces como un espacio donde convergen la experiencia, la memoria, la imaginación y el lenguaje. En ella se entrelazan elementos racionales y sensibles que dan lugar a una capacidad creativa potencialmente inagotable.
Es en esta capacidad donde se manifiesta el carácter infinito del saber.
Desde esta perspectiva, el saber no pertenece exclusivamente a ámbitos especializados ni a disciplinas específicas. Si bien la ciencia, la filosofía y la educación cumplen un papel fundamental en la generación de conocimiento, el saber infinitista amplía el horizonte al reconocer que el saber también se produce en la vida cotidiana, en la interacción entre las personas y, de manera muy especial, en la creación artística.
Es precisamente en este punto donde la poesía adquiere un papel central dentro de este planteamiento.
La poesía puede entenderse como una forma profunda de conocimiento humano. No se limita a describir la realidad, sino que la amplifica, la interpreta y la revela desde dimensiones sensibles que el lenguaje ordinario difícilmente alcanza a expresar. En cierto sentido, la poesía funciona como una lente que intensifica la experiencia humana y permite acceder a significados que permanecen ocultos bajo las formas más simples de la realidad.
Podemos afirmar, sin exageración, que la poesía nos permite vivir el saber.
Mientras otros discursos buscan explicar o demostrar una idea, la poesía introduce al lector en una experiencia emocional e intelectual simultánea. A través de sus imágenes, ritmos y símbolos, moviliza la sensibilidad, activa la memoria y despierta procesos de comprensión que muchas veces permanecen inaccesibles a los lenguajes estrictamente racionales.
Diversas corrientes pedagógicas han señalado que cuando el aprendizaje se vincula con experiencias sensibles y emocionales, su comprensión se vuelve más profunda y su permanencia en la memoria más duradera. En este sentido, la poesía constituye un puente privilegiado entre conocimiento y experiencia.
La relación entre saber y poesía no es un fenómeno reciente. Desde los orígenes de la humanidad ambas dimensiones han estado profundamente vinculadas.
En las antiguas civilizaciones, antes de que el conocimiento se fragmentara en disciplinas especializadas, la poesía cumplía funciones intelectuales y culturales fundamentales. A través de ella se transmitía la memoria colectiva, se explicaban los orígenes del mundo, se organizaba la experiencia social y se plasmaban las preguntas esenciales de la existencia.
Las cosmogonías, los mitos fundacionales y los relatos épicos de numerosas culturas dan testimonio de esta relación originaria entre conocimiento y expresión poética.
La poesía, en este sentido, no es una invención posterior del pensamiento humano; es una de sus formas más antiguas y profundas.
Con el paso del tiempo, la especialización del conocimiento llevó a separar los caminos de la ciencia, la filosofía y el arte. Sin embargo, el saber infinitista propone recuperar esa relación originaria, reconociendo que la poesía continúa siendo una vía legítima y necesaria para comprender la realidad.
La poesía surge de la intersección entre el mundo interior y el mundo exterior. Es el resultado de la experiencia vivida por un ser humano cuya mente posee una capacidad inagotable de significar el mundo.
Cuando se escribe en ámbitos científicos o académicos, se busca describir un fenómeno o comunicar un conocimiento de manera clara y precisa. La poesía, en cambio, no se limita a exponer lo comprendido, sino que busca expandirlo. No pretende únicamente decir lo que es, sino transmitir también una interpretación sensible que permita a otros identificarse con los versos.
La escritura poética se convierte así en una huella singular del saber humano.
A lo largo de la historia, numerosos poetas han participado en este proceso de expansión del saber, aunque no siempre se haya nombrado explícitamente de esa manera. Sus obras constituyen verdaderas exploraciones del sentido de la existencia y de la complejidad de la experiencia humana.
Desde esta perspectiva, los poetas pueden considerarse portadores de una forma particular de saber, una forma que trasciende las fronteras del tiempo, del idioma y de las tradiciones culturales.
Este libro se inscribe precisamente en esa reflexión. Su propósito es visibilizar la relación entre poesía y saber infinitista mediante el análisis de diversas voces poéticas que, desde distintos contextos históricos y culturales, han contribuido a ampliar la comprensión del ser humano y de su relación con el mundo.
No se trata de afirmar que todos los autores analizados hayan pertenecido formalmente al movimiento del saber infinitista. Muchos de ellos vivieron en épocas muy distintas o en contextos culturales alejados entre sí.
Sin embargo, sus obras muestran una afinidad profunda con la idea de que el conocimiento humano es una búsqueda permanente y abierta.
Los escritores aquí reunidos comparten, de distintas maneras, una característica esencial: utilizan el lenguaje poético para explorar las preguntas fundamentales de la existencia humana y ampliar la comprensión del mundo.
Desde esta perspectiva, pueden considerarse afines al espíritu infinitista, en tanto su obra contribuye a expandir las posibilidades del saber a través de la creación literaria.
Más allá de analizar su huella literaria, el objetivo de este libro es comprender el contexto histórico en el que escribieron y la manera en que interpretaron su tiempo. En cada uno de ellos se manifiesta una forma singular de aproximarse al conocimiento humano, y en esa diversidad se revela precisamente la riqueza del saber.
Esta obra busca también aportar a la reflexión cultural impulsada desde Puebla hacia el mundo hispanohablante, en la que el movimiento Sabersinfin ha desempeñado un papel significativo al promover el diálogo entre poesía, educación, ciencia y pensamiento humanista.
Así, la poesía se presenta como una manifestación estética y como una vía de conocimiento profundamente humana.
Hasta aquí la reproducción del texto.
Como se puede dar cuenta, estimado lector, es un texto digno de ser analizado con detenimiento.
Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com) escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com #abelperezrojaspoeta



































