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Interpretación del poema «De vez en cuando» de Mauren O.

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Por: BrendaCarol Morales

Conectando con Sabersinfin

En junio, leí un artículo de mi amigo Abel Pérez Rojas, titulado Adolescentes, tierra fértil para la poesía. En él, hacía ver cómo hay jóvenes, sobre todo mujeres, que han encontrado un espacio en la poesía para nombrar temas que difícilmente pueden expresar en otros ámbitos en los que son silenciados o invisibilizados. Aunque no son mayoría, demuestran que la poesía tiene una larga vida, que sigue siendo real y está lejos de desaparecer.

Decía también Abel: «Nuestra responsabilidad consiste en ofrecerles espacios donde esa voz pueda crecer con libertad, acompañamiento y sentido. La poesía seguirá siendo, entonces, una de las formas más nobles de educar el corazón y de fortalecer el pensamiento».

Poco después, llegó a mi cátedra una joven y me comentó que le gusta escribir poesía e incluso participó en una antología. Con mucha timidez me obsequió un ejemplar en donde aparece su poema. Ni siquiera se atrevió a firmarlo directamente, sino que me lo dedicó en un posit.

Sé que cuando se empieza a escribir, todavía hay dificultad en el manejo de figuras, de que se nos «escapan» algunos «sitios comunes» o que todavía nos cuesta imprimir nuestra propia identidad. Sin embargo, sé también lo importante que es ver nuestros poemas publicados. Se comparten con el pendiente de lo que puedan decirnos otros, a quienes consideramos con mayor experiencia y que, de ser posible, nos den su venia.

Recuerdo que mis primeros poemas aparecieron en un suplemento de compras en un periódico nacional. No era en la sección donde yo esperaba verlos, pero que aparecieran fue suficiente para emocionarme y, de alguna manera, darme el espaldarazo para seguir escribiendo. Por ello decidí que esta semana dejaría por un momento la VII Antología Internacional de Poesía Sabersinfin, para ofrecerle un espacio a este poema y analizarlo con el mismo respeto y devoción que les he prestado a otros, permitiendo así, que nos guíe en este mapa de emociones que hemos ido conociendo.

Como señalaba Archibald MacLeish en su poema Ars Poética, «A poem should not mean / But be» (Un poema no debe significar /sino ser), un poema debe existir como objeto sensible, producir una experiencia, no limitarse a explicar algo o buscar únicamente el preciosismo en la forma. Creo que sugiere una lectura en la que no debemos reducir el poema a aquello que explica o comunica conceptualmente, sino atender también a lo que produce como experiencia verbal.

De la autora, Mauren O.

Mauren O. es el pseudónimo que utiliza Aura Marisol Otzín.

Ella es originaria de Antigua Guatemala. Es profesora de educación primaria y en la actualidad estudia el profesorado de enseñanza media en Lengua y Literatura en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

El poema que les compartiré lo publicó en una antología de poesía guatemalteca titulada El país del medio.

De vez en cuando

Dejé de buscarle respuestas a tus silencios.
Ya no deambulas por mi mente,
ya no me tortura nuestra historia
y de enamorarme ya no me culpo…

Pero hoy volví a recordarte,
volví a recordar tu voz, volví a soñarte,
volví a sonreír pensando en tu nombre,
en tu recuerdo, en poder abrazarte.

No te odio, aunque debería;
sé indudablemente que no podría,
pues, ¿quién lo haría?
Si amó tanto un día…

Eres el adiós que jamás sabré decir…
Tanto que me he rendido hoy
y he decidido suspirar con tus recuerdos…
De vez en cuando…

Aspectos de forma

El poema está compuesto por versos libres con algunos elementos de regularidad sonora y rítmica. Sus cuatro estrofas están conformadas por cuatro versos de extensión variable. Esta regularidad contrasta con la extensión variable de los versos y con la ausencia de una métrica regular. Precisamente, aunque no hay regularidad métrica, sí existe una voluntad evidente de musicalidad, lograda mediante la repetición, la anáfora y la rima.  Por otro lado, veremos que cada estrofa parece corresponder a un movimiento emocional específico.

El verbo «volví» que aparece en la segunda estrofa funciona como anáfora pero también aparece como repetición léxica. Es uno de los recursos mejor logrados, ya que no solo ayuda al ritmo del poema sino que reproduce el contenido psicológico del recuerdo de algo que se creía superado. La expresión «ya no», la cual aparece en la primera estrofa, también funciona como expresión anafórica y como repetición. Lo interesante de estas dos anáforas y repeticiones léxicas es que señalan dos núcleos que se enfrentan lexicalmente. Además su distribución crea un contraste estructural entre las dos primeras estrofas y fortalece la musicalidad. También hay reiteración de los posesivos «tu/tus»: tus silencios, tu voz, tu nombre, tus recuerdos. Esto evidencia que el poema gira alrededor de un tú ausente.

Si bien la mayoría de versos no presentan métrica regular, hay algunos que tienen rima consonante: recordarte / soñarte / abrazarte; así como: debería / podría / haría. No hay un esquema de rima perfectamente regular pero estos versos le dan musicalidad a un poema de construcción predominantemente libre.

En el poema aparecen varias veces los puntos suspensivos. Estos sugieren emociones que no terminan de formularse, que hay vacilación o continuidad. Por ejemplo, es muy significativo que el poema concluya con estos signos. Esto indica que en realidad no hay una verdadera clausura, muy coherente con el contenido.

El registro de lenguaje utilizado es sencillo y accesible. No existe una elaboración metafórica compleja y predominan expresiones directamente relacionadas con la experiencia afectiva: recordar, soñar, sonreír, abrazar, etc. No se construye una escena externa intrincada. El verdadero espacio del poema es la interioridad del yo poético.

Hay una metáfora especialmente interesante: «Ya no deambulas por mi mente». No dice simplemente: ya no pienso en ti. Esto hace que la mente se constituya en un espacio en el que el otro podría desplazarse.

Los campos semánticos que aparecen son: 1) el recuerdo y la memoria (recordarte, recordar, soñarte, pensando, nombre, recuerdo, recuerdos, mente); 2) olvido y superación (dejé de buscarte, ya no deambulas, ya no me tortura, ya no me culpo, adiós, rendido); 3) amor (enamorarme, sonreír, abrazarte, amó, suspirar) y 4) el dolor y conflicto emocional (silencios, tortura, culpo, odio, no podría).

Interpretación del poema

En la primera estrofa encontramos un intento de desprendimiento. El yo poético deja de buscar respuestas y el recuerdo del otro ya no es permanente. Por otro lado, hay una sensación de relajamiento y de aceptación de lo que sucedió. Puede inferirse que el yo poético experimenta dolor y culpa ante una relación problemática. Ahora, en este momento de aceptación del alejamiento, esas sensaciones se relajan y aparece la calma. Sin embargo, aunque empieza con un rotundo «dejé», seguido por la repetición del «ya no» —con los que el yo poético intenta demostrar que es un asunto resuelto—, hay una ironía en que necesita reafirmarse hablando tanto del otro para asegurar que lo olvidó.

Por ello, no es de extrañar que la siguiente estrofa inicia con una conjunción adversativa: «pero». Esta estrofa contradice la anterior: es un retorno del recuerdo. Aquí se da otra repetición: «volví». Esta se contrapone a la anterior repetición y constituye el eje verbal del poema. Su repetición es muy significativa pues la forma reproduce el contenido. El recuerdo vuelve y la palabra «volví» también vuelve. Este recurso está muy bien logrado en una escritura que no depende de una gran elaboración metafórica.

Por otro lado, hay una progresión en que el recuerdo se intensifica. Primero se recuerda del amado, de su voz, luego lo sueña, lo nombra, lo abraza en su imaginación o desea poder hacerlo. Hay que notar que este recuerdo no produce solo sufrimiento, sino también produce placer, pues, como lo dice el yo poético, sonríe al recordarlo. Al hablar de «hoy» particulariza el «de vez en cuando». Ese recuerdo que aparece ocasionalmente se concreta en el presente de la enunciación. Esto permite entender que el recuerdo no significa algo permanente y que no se ha vuelto a vivir la relación, solo se ha vuelto a recordar. El pasado regresa como memoria, no como realidad.

En la siguiente estrofa encontramos una confesión del yo poético indicando su imposibilidad de odiar al otro. En esta estrofa se cambia ligeramente el tono, pues ya no se centra en el recuerdo sino en la imposibilidad de transformar el amor pasado en rencor. El yo poético reconoce una expectativa: debería odiarlo. Si bien no lo señala, se deduce que el yo poético considera que existe una razón para sentir rechazo hacia él, aunque el poema no especifica cuál. La pregunta retórica: «pues, ¿quién lo haría?» confirma que el amor pasado impide que se dé ese otro sentimiento negativo.

En cambio, la construcción «Si amó tanto un día…» introduce una ambigüedad respecto del sujeto que queda sin resolver en el texto. Esta indeterminación se suma a los puntos suspensivos y mantiene suspendido el cierre de la estrofa. Lo que sí podemos notar es que, independientemente de quién sea el sujeto gramatical, la frase remite a un gran amor pasado que imposibilita el surgimiento de un sentimiento negativo. Sin embargo, me parece que también subyace la imposibilidad del adiós.

Finalmente, en la siguiente estrofa se confirma que el yo poético no está preparado para el adiós definitivo, que implica, entre otras cosas, olvidar al otro. Aquí se acepta la permanencia del recuerdo. El primer verso transforma toda la lectura anterior. El problema no era solamente recordar, sino que se trata de no haber conseguido decir adiós. Esto nos hace inferir que superación y cierre no son exactamente lo mismo.

Conclusión

El poema presenta una progresión emocional en la que se evidencia la dificultad de cerrar afectivamente una relación que racionalmente se considera terminada. El yo poético se rinde, no ante una relación que obviamente ya no está, sino ante la imposibilidad de poder controlar su propia mente y sus recuerdos. Es decir, se rinde ante la evidencia y acepta vivir con el recuerdo. No implica necesariamente que el amor siga como durante la relación, el poema no lo dice.

Podemos ver cómo un poema sencillo, que todavía depende de un repertorio convencional de la poesía amorosa, puede construir una experiencia compleja, la del amor que ya no es en el presente sin convertirse completamente en pasado.

Retomando lo que señalaba en el inicio, la ruta que nos señala este poema es válida y puede descubrirnos nuevos derroteros. Por otro lado, me quedo con la sensación de que aún un asunto como el amor —o el desamor— continúa vigente y sigue siendo un tesoro para la poesía, pues cada autor nos permitirá participar de su derrotero y hacer que se renueve en cada poema. Como bien decía Abel Pérez Rojas, la poesía tiene larga vida y, emulando a Gustavo Adolfo Bécquer, diré: mientras haya jóvenes que escriban… habrá poesía.

BrendaCarol Morales
 
Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.