Por Salvador Calva Morales
Soy un enamorado de la música,
melómano empedernido;
pero no de cualquier sonido:
el bolero es mi refugio,
mi latido más cumplido.
Canción que nace en el alma,
verso tierno, fuego contenido;
susurra al oído del tiempo
y se queda encendido
en cada rincón del destino.
No existe mujer en la tierra,
ni joven ni de amor vivido,
que no tiemble en su ternura
al escuchar un bolero rendido.
Deja el alma plena y brillante,
y los labios de arrebol encendido.
El bolero es llama eterna,
cura heridas y congojas pasadas;
acaricia las penas del hombre
y devuelve ilusiones calladas.
Es suspiro que vuela en la noche,
y caricia que nunca se acaba.
Táchame de anacrónico
por no rendirme al reguetón,
ni a la música sin ternura
que no enciende el corazón.
Yo prefiero el dulce bolero,
con su llanto y con su pasión.
Porque un bolero conquista
y también sabe desandar;
levanta corazones caídos
y enseña de nuevo a amar.
Es consuelo para los viejos
y fuego en los jóvenes al palpitar.
El bolero enciende el alma,
patrimonio de la humanidad;
tesoro de amantes errantes,
refugio de la soledad,
fuego que nunca muere
y eterno canto de verdad.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























