Aunque el camino se alargue,
aunque la noche sea fría,
mi alma vuela encendida
buscando el beso que arde.
Nada en el mundo me aparte
del fuego de tu alegría;
aunque estés lejos, serías
el sol que siempre me guarde.
Tiembla la luna en el cielo,
susurra tu nombre el río,
y este amor puro y bravío
cruza distancias y tiempos.
No hay muro, sombra ni viento
que apague mi desafío:
amarte en todo sentido,
soñarte en cada momento.
Desde esta orilla te escribo,
hilando versos de ausencias,
pues vivo de tu presencia
que siento aún en el olvido.
No hay abismo ni suspiros
que borren nuestra promesa;
si tú eres mi fortaleza,
yo soy tu ramo florido.
Le hablo a las estrellas altas,
les pido que te protejan,
y aunque mis labios se quejan,
mi corazón no se cansa.
En cada latido canta
el eco de nuestra esencia,
y en cada paso que empieza
te nombro como esperanza.
Si cierro los ojos, vienes,
si hablo de amor, tú me oyes;
eres el lazo que brota
en la sangre de mis sienes.
Nada hay que el tiempo detenga
cuando la pasión se asoma,
ni la distancia que coma
el fruto que amor sostiene.
Hasta mi último aliento,
serás mi tierra y mi cielo,
mi raíz, mi flor, mi vuelo,
mi dulce y eterno intento.
Y aunque me venza el silencio,
seguiré amándote, y veo
que ni la muerte en su duelo
apagará este deseo.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























