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Andanza

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Imagen auspiciada por PIXABAY, proporcionada por VietFotos

Despertó… las dolencias habían desaparecido.

Su mirada recorrió la habitación, le extrañó no ver a la enfermera; abrió la ventana y una ráfaga de viento la envolvió desde la cabeza hasta los pies; era una sensación placentera, de brisa nítida. Con pasos sutiles empezó a caminar; parecía levitar en medio de un misterioso silencio.

Sus sentidos se habían intensificado; el temor había desaparecido; la paz resurgía radiante en su corazón. Salió al jardín para experimentar el contacto de sus pies con la tierra húmeda. Intentó abrir los aspersores para sentir el agua, pero sus manos frágiles no lo consiguieron; no le importó y en seguida se recostó sobre el pasto, quería disfrutar cada acción, moverse libremente, como si estuviera redescubriendo el mundo, su mundo.

Escuchó voces, pero no ubicó de dónde provenían; se levantó y siguió recorriendo la casa; cada vaivén le producía una sensación cautivante que la hacía vibrar, al grado de sentirse renovada.

Le extrañó no ver a nadie y salió sin rumbo a buscar a su madre. Caminó jubilosa. ¡Era la calle! Al pasar por el parque sintió que sus percepciones se conectaban con la esencia de los robles, los fresnos, las begonias; y se llenó de vitalidad para seguir su andanza.

Al llegar a un campo florido con esculturas y estelas, escuchó llantos; al acercarse reconoció a su familia. Aquellos lamentos estiraron el hilo de su éxtasis hasta casi romperlo; se sobresaltó al escuchar su nombre, vio el féretro, se percató que no estaba entre ellos. Súbitamente una luz intensa comenzó a brillar, sintió la necesidad inminente de ir hacia allá, donde se diluyó y grabó su última historia.

Dany Dharma, Instructor de meditación, coach de vida y escritor

Corrector de estilo: Psic. Silvia Moreno Cano