Con estos versos concluyo mi día y este poemario
que a ritmo firme, con pasión y afán,
escribí a diario.
Dirijo mi pluma a cada rincón de lectura sin igual,
y aunque de política no soy mucho de hablar,
tuve que tirar de orejas con razón
a los políticos que olvidan su misión.
También los maestros recibieron su repaso:
que cumplan su deber no por el pan ganar
ni por “completar la chuleta”,
sino por la gloria de ver nacer mentes brillantes,
que puedan alumbrar el futuro incierto
que han de forjar y trascender.
Es más que lo que tienen como tarea,
además de sobrevivir.
A la juventud mi llamado es fuerte:
esfuércense, crezcan,
aprovechen con conciencia su tiempo.
La preparación ha llegado,
el mundo en sus manos quedará preso,
y en sus acciones, la historia vivirá.
No quiero ver ruinas ni caos al final,
sino progreso, justicia y porvenir.
Para las autoridades de todos los rubros,
les pido que cese el fuego,
detengan el odio y el mal consumo.
Que la paz florezca como ideal
y no quede en promesas vacías,
sino en actos de bondad día a día,
y en hechos, del anochecer al amanecer.
Pero no olvido a mis musas sagradas,
que en mi jardín florecen sin cesar,
como orquídeas blancas,
tan delicadas y bellas en cada mirar.
En cada una de ellas, mi eterno suspirar.
Ellas, todas las mujeres, adornan mi ser,
alimentan mi ego,
despiertan mi libido a diario en su eterno caminar.
Agradezco a Dios que mis ojos sigan el arte en sus formas,
que en sus cuerpos de orfebre el amor renazca a diario,
y en cada abrazo, en cada caricia, en cada beso,
mi alma se llene de todas y cada una de ellas
con suma alegría.
Es por ellas que vivir es más dulce
y que el amor constante nunca expira.
Y así, con gratitud en el alma entera,
cierro el canto de este poemario que me dio vida
y me llenó de encanto.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























