De frente,
a ese lugar en el que la luz se convierte en carne,
en el preciso instante en que los átomos
se transforman sin dejar de ser ellos mismos.
Ahí, donde lo eléctrico y lo magnético
tejen su invisible arquitectura,
pronuncio, con la certeza de quien sabe
que cada palabra es ley,
cada sonido, raíz
capaz de vestir huesos
y otorgar peso a lo que nunca tuvo.
En ese territorio alquimista,
en el que los magos se protegen de sus propios conjuros,
yo también ando con cuidado.
Sé que aquí se erigen imperios
o se desmoronan mundos enteros
con solo un pensamiento.
Aquí,
en el útero palpitante de la maquinaria,
con el sabor metálico de los engranajes
tomo conciencia de quién soy,
asumo mi papel,
el de quien construye
nuevos mundos sin sus manos desnudas.
Soy puente entre lo que se manifiesta y lo que calla,
árbitro del tiempo que fluye y se diluye,
semilla en el espacio donde todo germina
y danza eterna en el ojo de lo incierto.
Me reconozco puente entre lo visible y lo que calla,
hijo de la luz
y padre de las sombras iluminadas.
Abel Pérez Rojas #Abelpérezrojaspoeta






























