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Cuando Tú lo dispongas

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Imagen generada con IA

Por Salvador Calva Morales

Cuando el ocaso tienda su manto de silencio
sobre mis ya vividos ochenta y dos abriles,
no habrá en mis labios sombra de lamento,
ni en mi memoria vanidad alguna;
tan solo un himno de gratitud infinita
por la gracia inmensa de haber vivido.

Porque vivir no ha sido solamente respirar;
ha sido vencer tempestades, sembrar esperanzas,
abrazar la amistad, honrar la palabra,
servir con pasión en el deber cotidiano
y contemplar, al caer cada tarde,
que la vida siempre recompensa al corazón sincero.

He conocido el triunfo y la derrota,
el aplauso y el silencio, la abundancia y la espera;
pero ninguna corona que haya ceñido mi frente
vale tanto como la dicha de amar.
Porque el amor ha sido mi verdadera patria,
el refugio donde Dios me permitió encontrarme.

Y quiso el Creador, en su infinita misericordia,
regalarme, cuando muchos creen que el otoño termina,
la primavera más luminosa de mi existencia:
el amor puro de un querubín de apenas veinte abriles.
¡Qué insondables son Tus designios, Señor!,
pues haces florecer jardines donde otros sólo imaginan invierno.

Por eso, cuando Tú dispongas pronunciar mi nombre
y abrir para mí las puertas de la eternidad,
caminaré hacia Tu luz con paso tranquilo,
sin nostalgia, sin miedo y sin reproches.
Me iré profundamente enamorado,
como quien concluye la más hermosa de las canciones.

Me iré con el corazón sereno,
satisfecho por mi obra:
la que floreció en el trabajo,
en el servicio,
en la vida pública
y en el santuario de mi familia.
Pero mi mayor plenitud será otra:
haber descubierto, hasta el último suspiro,
la infinita dulzura de un amor
capaz de ennoblecer el alma.
Ese será mi legado más íntimo,
la única riqueza que la muerte no podrá arrebatarme,
el tesoro que depositaré humildemente ante Tu presencia.

Si alguna distinción pudiera reclamar ante Tu grandeza,
sería únicamente la de haber procurado vivir con dignidad
y haber amado con todas las fuerzas de mi corazón.
Lo demás pertenece al polvo y al tiempo;
el amor, en cambio, pertenece a la eternidad.

Así que, Señor del cielo y de la tierra,
cuando Tú lo dispongas, estoy preparado.
Lleno de paz, colmado de gratitud,
rico en recuerdos, generoso en esperanzas
y con el alma rebosante de satisfacciones.
Porque quien ha amado intensamente no conoce la muerte:
simplemente regresa a la Casa donde nació la Luz.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta