Por Salvador Calva Morales
En el aula del mundo donde el tiempo nos nombra
hay un faro que insiste en pulir nuestra sombra;
no es regla ni dogma, tampoco es sermón:
es la llama que educa desde el corazón.
Educar no es dictar, es abrir la ventana,
invitar a la mente que dude, que hermana;
es sembrar la pregunta, el asombro, el sentido,
y escuchar al silencio cuando habla lo vivido.
Porque un ser no se forma con datos y prisa,
sino con la ternura que alienta y suaviza,
con respeto profundo, con mirada sincera,
y el valor de acompañar con humildad duradera.
Educar es humano, es acto de presencia,
es dar luz sin orgullo, es servir con conciencia;
es mirar la diversidad como un tesoro
y entender que el amor vale más que el oro.
Claves son cuarenta, pero todas convergen:
que la vida es maestra y los sabios se sumergen
en el río infinito donde aprende la gente
que el saber que transforma nace en lo diferente.
Así, el maestro auténtico no controla ni empuja:
despierta, abraza, inspira,
escucha,
y en cada aprendiz descubre un universo
que pide libertad… y un poquito de eternidad.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























