En la vastedad de tus ojos, encuentro mi reflejo,
un universo de emociones, un amor sin complejo.
Tu sonrisa, un faro en la noche más oscura,
guía mi alma perdida, con su luz tan pura.
Cada latido de tu corazón, un eco en mi ser,
un recordatorio constante de lo que es el querer.
Tus caricias, suaves como el viento en primavera,
despiertan en mí un deseo que nunca se apaga.
El amor que compartimos, un lazo inquebrantable,
una fuerza invisible, un vínculo indomable.
En la inmensidad de tu ser, hallo mi paz,
y el refugio eterno, que no pasa jamás.
Enrique Canchola Martínez
Juno 12 de 2025 EC36




























