– La Historia Jamás Contada –
Para quienes asistimos a la escuela elemental durante el pináculo del régimen priísta, todavía a principios de los años 60, no ha pasado inadvertido el retorno oficial de usos y costumbres tenidos entonces por “cívicos” (?), aunque no eran sino ritos pararreligiossos que celebraban su llegada y afianzamiento en el Poder, enmarcados en una mitología ad hoc que se hacía pasar por Historia Nacional, de aprendizaje obligatorio.
Éstos provenían de los más diversos orígenes en el tiempo y el espacio, incluyendo los contemporáneos a la fundación del Partido, como el fascismo y el stalinismo, pero que se presentaban como estrictamente autóctonos, junto a muchísimas otras cosas, lo que algún publicista aprovechó para acuñar el lema: “¡Como México no hay dos!”, que muchos se lo creyeron. (Aunque al dichoso dicho, yo siempre le agregaba sarcásticamente: “…para fortuna del Mundo”.)
Pues nuestro universo cultural era tan reducido, debido a la censura tanto del Gobierno como a la oficiosa de los medios, siempre alineados con éste, que era virtualmente imposible comparar las prácticas de aquí con las de otros países y extraer las conclusiones pertinentes.
Pero el desarrollo de las telecomunicaciones y el comercio internacional -turismo incluido- fueron dejando a la vista de todos -los que quisieran verlo, desde luego- cómo estaban las cosas, lo que vino a catalizar la gran revuelta cultural de la juventud de la época, que al identificar por fin qué era exactamente lo que la incomodaba, el origen de su malestar existencial, comenzó a expresarlo de maneras hasta entonces desconocidas. (Algo similar ocurriría en Cuba desde los años 80, al no constatar la generación emergente el cambio para mejor que el régimen había prometido a sus padres.)
Esto provocó el espanto de los beneficiarios del statu quo no sólo en el Gobierno sino fuera de él, de las familias a las cúpulas empresariales, pasando por las Iglesias y todo tipo de agrupaciones profesionales, comerciales, sindicales, deportivas, de entretenimientos, etc., que solían reaccionar desproporcionada y, a veces, criminalmente, como en Tlatelolco en 1968.
Fue precisamente la crisis de legitimidad exacerbada por estos últimos hechos lo que llevó a algunos priístas más inteligentes a tratar de distender la situación congraciándose con los estudiantes, como ocurrió con la Ascención “Vicente Guerrero” al Popocatépetl, con los mismos soldados fungiendo como anfitriones de sus antiguas presas (¡!).
Y, más formalmente, con la creación del Instituto Nacional de la Juventud, que alentaba la libre expresión de las ideas, en marcado contraste con lo que sucedía apenas el sexenio anterior, aunque siempre bajo la cobertura (“umbrella”, se diría ahora) del nacionalismo, pues se trataba tan sólo de una operación de control de daños, no de ponerse al día con la marcha del Mundo: soltar un poco la red -ideológica en este caso- sólo para recogerla de nuevo en tiempos más propicios para el régimen.
La Historia resultó un poco más complicada, pero esos tiempos parecen haber llegado justo ahora, cuando toda una congregación de priístas fundamentalistas, de los que no evolucionaron cuando pudieron hacerlo y afianzados nuevamente en el Poder, decidieron abandonar su pose de neorrrevolucionarios o reformadores-transformadores y regresarnos a todos a su propia Edad de Oro (en su mayor parte imaginaria), en la que se quedaron anclados tal vez desde niños…
Se dice que los extremos se tocan, y así como el año 2000 el panismo triunfante trató de borrar el periodo liberal y reconducir la Historia de acuerdo de acuerdo a sus creencias, los “transformadores de cuarta” -o al revés: da lo mismo- también quieren hacer Historia, pero a partir de la que conocieron e idealizaron, pues la REAL, con sus complejidades, oportunidades y desafíos, hace 6 décadas que va por otro lado.
Para terminar, recordarán ustedes que en un artículo anterior les proponía examinar el historial escolar de los candidatos. Ahora sería oportuno checar también las primeras filiaciones políticas de quienes están en el Poder y ver con quién estaban entonces, si con los ESTUDIANTES o con el GOBIERNO, pues en la presente situación todo indica, parafraseando a Freud, que: “INFANCIA POLÍTICA ES DESTINO”.
¿Qué les parece?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.






























