Por Salvador Calva Morales
Alguna vez sentiste que, en la prisa cotidiana,
el Adviento se desliza silencioso
por tus manos,
como un suspiro tímido que nadie escucha,
como un regalo escondido que llega sin reclamos.
El Principito nos recuerda, con su voz de niño sabio,
que lo esencial no irrumpe:
tarda, se oculta, respira lento.
Es una semilla noble que germina en lo callado,
un destello suave que solo reconoce
el corazón despierto.
Por eso, en medio del mundo que corre sin mirar,
aprendamos a esperar sin miedo, con la luz adentro.
Porque lo verdadero nunca grita: se revela despacio
y solo lo ve, de verdad,
quien sabe detenerse.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























