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Elefante y los días del circo

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Foto: Pixabay

Por: Salvador Calva Morales

Qué tristeza me embarga esta mañana fría
al leer en las redes, con melancolía,
que un día como hoy, del noventa y uno,
nació un elefante en circo,
orgulloso, oportuno.
Aquel suceso grabado en mi memoria
me devuelve el fulgor de mi vieja historia.

Fui médico del alma y del rugir salvaje,
testigo del instinto,
etólogo del coraje.
Curé a tigres y osos, a fieras y elefantes,
y hallé entre sus ojos reflejos brillantes.
No era trabajo, no —era amor sincero,
ni gusto pasajero:
mi ciencia era arte, mi deber ligero.

¡Qué error tan profundo,
qué absurda condena!
Quitaron del circo su vida y su vena.
Los niños del campo, con su moneda humilde,
ya no ven jirafas ni un león que brinque.
Ignoraron los sabios de corbata impía
que el circo enseñaba más que mil teorías.
Qué pena, bola de ignorantes.

Era una escuela viva, viajera, vibrante;
de Asia y de África llegaba el semblante
de especies majestuosas, divinas, reales,
que unían culturas, que borraban males;
que cultivaban mentes,
ilustraban seres.
Pero el hombre moderno, ciego de la ciencia,
confundió la piedad con la negligencia.

Vergüenza me da de mi profesión callada,
que poco defendió su misión sagrada;
vergüenza de aquellos que,
sin entender,
creyeron que amar es dejar de tener.
Yo fui a las Cámaras, alcé la voz entera,
mas ganó la ignorancia, torpe y pendenciera.

Hoy miro los circos casi vacíos,
sin alma,
sin rugidos, sin vuelo, sin la misma calma.
Europa aún aplaude sus fieras y danzas,
sus festivales llenos de viejas alianzas.
Y aquí, donde el arte murió en el intento,
solo quedan tristeza, vergüenza y lamento.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta