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Encuentro de la ciencia y el arte

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Por Enrique Canchola Martínez. Universidad Autónoma Metropolitana. Ciudad de México, México.

Era un día 19 de enero de 2024 soleado alrededor del mediodía, con un poco de frío, lo cual no interfería con la emoción y la alegría que se reflejaba en la sonrisa de los doctores: Elsa Chavira Martínez, Miguel Mayorga Rojas, Alejandro Pedroza (Don Cuco el Guapo), Enrique Canchola Martínez y los escultores Gabriela Coppola y Miguel Peraza, quienes íbamos a visitar al doctor Héctor Báez Medina, profesor e investigador del Centro de Investigación en Computación, del Instituto Politécnico Nacional, donde se llevaría a cabo un encuentro creativo e histórico entre la ciencia y el arte.

Los visitantes fuimos recibidos personalmente en la entrada del centro de investigación, con gran amabilidad por el doctor Héctor Báez, quien nos condujo a su laboratorio donde se realizaría un intercambio científico y un grabado de una obra de arte de Miguel Peraza en un bloque de silicio.

Miguel Peraza, el escultor cuántico, al igual que todos nosotros teníamos una sonrisa de agrado por estar en un centro de investigación tan hermoso e interesante. Peraza llevó varios bloques de silicio de diferentes tamaños y formas, donde el doctor Báez, explicó, se podían grabar imágenes usando un láser especial, creando efectos de luz y sombra. Nos mostró algunas de sus obras, que iban desde trazos abstractos hasta grabados de obras famosas.

Todos nos quedamos impresionados por la belleza y la originalidad de las piezas, y le preguntamos si podía hacer una grabación de una de las obras de Miguel Peraza. Héctor Báez, aceptó encantado y preguntó qué queríamos que grabara.

Peraza, pensó un momento y le dijo que le gustaría una obra que representara la fusión entre el arte y la tecnología, algo que simbolizara la estructura del silicio como elemento de la naturaleza y que llegando este del espacio sideral se quedara plasmado en su propio elemento.

Miguel se puso manos a la obra y dibujó la estructura del silicio en el pizarrón, donde se apreciaba la superposición y el entrelazamiento cuántico de los cubos de silicio. Héctor, escogió un bloque de silicio rectangular y lo colocó en una máquina que la conectaba a un ordenador. Abrió un programa de diseño y empezó a dibujar con el ratón. Todos observábamos atenta y curiosamente, sin saber qué esperar, estábamos como niños ansiosos.

Después de unos minutos, Héctor le dio al botón de grabar. El láser se activó y empezó a trazar líneas sobre el silicio, siguiendo el patrón que Miguel había creado. Gaby, esposa de Peraza, veía atentamente cómo el bloque se iluminaba con colores y formas, revelando la imagen que Miguel había diseñado.

Cuando el láser se apagó, Héctor sacó el bloque y se lo entregó a Gaby. Ella lo tomó con cuidado y lo miró con asombro. Era una obra de arte única y maravillosa, que mostraba la estructura del silicio, fusionado con el bloque de sí mismo, rodeado de relieves del bloque donde se pueden apreciar circuitos y estrellas.

Todos nos sentimos conmovidos y agradecidos por la demostración creativa de Miguel y por el regalo del grabado que el Dr. Héctor nos hacía y quien dijo que era un placer y que esperaba que nos gustara. Gaby dijo que le encantaba y que lo guardaría como un tesoro.

Don Cuco El Guapo y la doctora Elsa Chavira Martínez no podían ocultar su emoción y alegría al ver que en uno de los bloques de silicio que ellos habían sintetizado en su laboratorio de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en México, estaba grabado el estado cuántico de la forma estereoquímica del silicio.

Al final todos nos abrazamos sonrientes y felices de compartir ese momento histórico en el que el arte y la ciencia se encontraron y su relación quedó plasmada en esa obra de arte de Miguel Peraza.

Y agradecidos por todas las atenciones recibidas nos despedimos del doctor Héctor Báez Medina, profesor e investigador del Centro de Investigación en Computación, del Instituto Politécnico Nacional y nos fuimos a comer.

Camino al restaurante, Miguel Mayorga Rojas, comentó que la estructura del silicio es la misma que la del diamante, es decir, una red cúbica de átomos de silicio unidos por enlaces covalentes, formando un cristal con simetría tetraédrica. Cada átomo de silicio tiene cuatro electrones de valencia que comparte con otros cuatro átomos de silicio, completando así su capa de valencia con ocho electrones. La distancia entre dos átomos de silicio adyacentes es de 0,235 nm.

El silicio, siguió diciendo Mayorga, es un material semiconductor, es decir, que puede cambiar su conductividad eléctrica al aplicarle un campo eléctrico o al modificar su estructura atómica mediante el dopaje. Esto le permite generar o detectar luz cuando se le aplica una corriente eléctrica, lo que se conoce como efecto fotovoltaico o efecto fotoeléctrico, respectivamente.

Estos efectos son la base de los dispositivos optoelectrónicos, como los diodos emisores de luz (LED), los láseres, las células solares o los fotodiodos.

Finalmente, Enrique Canchola dijo que, de igual manera, como el silicio, la escultura de Miguel Peraza, el escultor cuántico, tiene la virtud de cambiar la actividad del neuroconectoma cerebral y abrir y activar el Oculus Cerebralis para poder ver mundos paralelos y alcanzar la felicidad mediante la estética.

Enrique Canchola Martínez. Profesor e Investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Ciudad de México, México. 20 de enero 2024