Las embestidas de toro son francas,
con fuerza y verdad,
de trapío imponente,
noble en su furia,
directo en su andar.
Te mide en la arena,
jamás en hitos rebeldes,
de duda y tretas silentes.
Cuídate siempre de la vaca altanera
que embiste al bulto con mañas tableras,
incierta en su fuerza,
su lidia embustera,
no va por derecho,
rebusca el mal trecho,
y en su juego falso la trampa es su precio.
Mala es la imagen y la comparación,
lo sé, no lo niego,
pero en esta vida de toros y arena,
hay damas que cruzan la línea del ruedo
y van como vacas de casta pequeña,
sin clase, sin gracia, con rabia que quema.
El hombre y torero que no sepa lidiar
y se enrede en esos giros,
ni entienda las trampas
que en ellas reposan,
será carne fácil, perdido en delirios.
Pues aunque el torero se arrime con rosas,
hay vacas que en el ruedo las torna en espinas.
A ti, torero, que enfrentas la plaza,
recuerda el arte de templar las razones,
que no todo animal con cuernos te abraza,
y entre faenas de falsas pasiones,
es la elegancia quien da las lecciones.
Y si el destino te pone en el ruedo,
con astas de dama o de brava figura,
no olvides que el temple y el mando certero
son siempre el arma que todo asegura.
Ni toro ni vaca doman la bravura,
recuerda, hombre y torero, que el arte es primero,
no hay lidia más grande que aquella que dura,
ni cornada peor que la de la amargura.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta





























