Por Nancy Almassio (Argentina)
-Poéticas del mundo-
Entrevista realizada al poeta Jorge Boccanera en el Programa Poéticas del mundo N° 5, el 24 de febrero de 2026 desde los estudios de Sabersinfin (Puebla, México) en una producción argentina desde Necochea, Provincia de Buenos Aires.

Nancy Almassio (N.A.): Buenas tardes Jorge Boccanera, es un placer poder llevar a cabo este conversación desde Argentina para Latinoamérica a través de la pantalla mexicana de Sabersinfin. Gracias por tu generosidad y predisposición a esta charla donde hablaremos de poesía y de tu obra literaria.
Jorge Boccanera (J.B.): Muchas gracias por invitarme. Estoy contento de estar en este programa, en este diálogo de la imaginación en el Día de la bandera de México. Me acabo de enterar del Festival de Poesía de Necochea, así que felicito a los necochenses. Todo lo que ayude a la circulación de la poesía es importante, al diálogo. Los escritores están siendo afectados por las fotos, los videos, por toda esta figuración a raíz del uso de las redes sociales, cuando debemos trabajar en todo lo que pueda ser el diálogo, el intercambio de ideas, las búsquedas estéticas. Todo hace que nos conozcamos un poco más en Latinoamérica, porque a veces creemos que estas nuevas tecnologías ya nos acercan mucho y yo creo que hay todavía espacios muy desconocidos. Aunque, México y Argentina siempre han tenido un lazo muy importante. No nos olvidemos que aquí estuvo Alfonso Reyes, por ejemplo, y otros tantos intelectuales mexicanos en un intercambio muy importante entre México y Argentina. Hace poco en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires hablé de este tema en una mesa sobre México y Argentina. Tuve oportunidad de hablar sobre Salvador Novo y de Carlos Gardel y de la canción “El día que me quieras”. La letra de Lepera toma un poema de Salvador Novo. Pero hay muchos, hay muchos lazos porque México es un país que ha recibido gente de muchos países. Yo me encontré en el año 76, cuando me fui de aquí, con un entramado inmenso en el que, inclusive, había exiliados desde la España Republicana, que habían llegado en el año 1.939. Todo eso es México, todos esos cruces y toda esa riqueza cultural, las raíces que tiene también, que tenemos que ir conociendo la os precolombinos: esa riqueza y esa diversidad cultural.
N.A.: México es un país hospitalario y los mexicanos, excelentes anfitriones que nos agasajan con sus sabores, sus aromas, sus comidas típicas, sus vestimentas, su poesía. Todo habla de la cultura de un pueblo que sigue viva. ¿Cómo ha sido tu experiencia en tierras mexicanas?
J.B.: La comida mexicana es una de las más importantes del mundo. Hasta Alfonso Reyes tenía un libro sobre la comida. ¡Hay tanto que aprender de México! Yo llegué a los 24 años. ¡Imagínate! yo me formé en México. Hubo otra gente que llegó, sobre todo exiliados, que salíamos de la dictadura argentina, gente que tenía más de cincuenta años, por ejemplo, con David Viñas, Humberto Constantini, Pedro Orgambide, Alberto Adellach, todos escritores que tenían la edad de mis padres. Con ellos, fundamos la Editorial Tierra del Fuego. Es distinto para uno que llega con apenas pasados los veinte años porque se está formando, que lpara os poetas ya realizados. La desgracia del exilio tuvo su contracara en México porque llegué a conocer escritores que fueron maestros y aprendí muchas cosas allá. Le debo mucho a México.
N.A.: En Puebla, se está desarrollando un movimiento denominado del Saber infinitista. En tu estadía en México, tuviste oportunidad de compartir experiencia con poetas de un movimiento literario mexicano, el Movimiento estridentista. ¿En qué consistió tal movimiento?
J.B.: Mencionás a Puebla y yo viví en Huauchinango, en un pueblo mágico. La familia Mejía que me albergó. Yo estudié las vanguardias en América Latina, que era uno de los temas que daba en mi curso, sobre todo en Colombia y acá, en Argentina, en la Universidad Nacional de San Martín. Me interesaban los movimientos que habían irrumpido a inicios del siglo XX en América Latina, que buscaban transformar sin depender de las escuelas europeas. En Europa habían aparecido el futurismo, el expresionismo, el surrealismo, el dadaísmo. Bueno, por suerte, si bien nosotros recibimos información y escritores de todos esos movimientos (Bretón, Artaud) hubo una franja de escritores latinoamericanos que enraizados en lo verdadero. Ahí es donde yo empecé a estudiar más el indigenismo, la negritud, el movimiento nativista, los criollos. En el caso de México, me interesó mucho el Movimiento Estridentista. Cuando yo llegué a México, aún estaban vivos algunos escritores de este movimiento vanguardista mexicano como Manuel Maples Arce y como Germán List Arzubide. Al tener oportunidad de conocerlos, me interesé por el movimiento. En esa época estaban dando los últimos coletazos de la Revolución Mexicana y se iniciaba todo este vanguardismo, ellos que se instalan en Xalapa, fundan Estridentópolis, sacan sus publicaciones, conforman un grupo con fotógrafos, con pintores, en fin, todas las artes. Debo decir, que yo evito a veces la palabra “vanguardia” un poco porque viene de la guerra, de establecer una cabeza de batalla. Prefiero utilizar la palabra “ruptura”. Considero que es un movimiento que no se le ha dado todavía la importancia que tuvo, si bien se lo ha estudiado estos últimos tiempos. Cuando yo llegué a México, no tenía la importancia que tenían otros movimientos como en Argentina el Grupo Martín Fierro, etc. También, hay grupos como el Grupo Vanguardia de Nicaragua y escritores de esa época que son bastante desconocidos. En mis cursos trataba de develar eso. Un punto muy importante en la vanguardia que siempre se habla de los años, de la primera década del siglo XX, se menciona a hombres, pero había mujeres. Entonces, abordamos la obra de Nora Lange en Argentina, en Magda Portal en Perú, mientras que en México una impulsora de la vanguardia fue Antonieta Rivas Mercado. Esta parte de la historia de la literatura latinoamericana es interesante develarlo porque ahí hay momentos muy plenos de la poesía contemporánea de América Latina.
N.A.: Hablamos del Movimiento Estridentista en México y del Movimiento Martinfierrista en Argentina. Un movimiento literario para ser considerado como tal, ¿qué debería tener, un manifiesto como el Estridentista, como el manifiesto del Surrealismo de André Bretón, publicación de revistas, grupos de poetas y artistas que testimonian con sus obras los principios del movimiento? A tu criterio, qué sería necesario para que surja un movimiento literario?
J.B.: En Puebla, los escritores extraen la palabra “Estridentismo” de un manifiesto futurista, pero rompen con Marinetti, por las posiciones políticas de Marinetti que estaba muy cerca de Mussolini. Hay grupos que se manejaron así: con un manifiesto, con publicaciones, un líder. En el caso de los estridentistas mexicanos , Manuel Maples Arce fue como una cabeza, ahí. Aunque, a mí, me parece que a veces los manifiestos han dado lugar a muchos equívocos, porque, por ejemplo, los estridentistas en su manifiesto, usan una voz muy disonante, muy provocativa. Pero, luego, en las búsquedas estéticas eso no se ve. Más tarde, los críticos estudian más los manifiestos que los libros que produjeron esos poetas. Sin embargo, los libros que produjeron esos poetas son muy interesante. En el caso de Maples Arce, el libro Vrbe. Súper-poema bolchevique en 5 cantos (1924), por ejemplo, editado en los ´20, es traducida por el escritor estadounidense John Dos Passos en 1929, bajo el título Metropolis. Esta obra en la vanguardia mexicana fue la primera de este género en traducirse en Estados Unidos y es uno de los primeros libros de la vanguardia traducidos al inglés. Por eso, hay que ir a los libros y no tanto, a los manifiestos, a las anécdotas del grupo, en qué café se juntaban o no se juntaban, ir a los libros. Tuve la suerte de conocer a un vanguardista muy importante que estuvo con Breton y recibió Artaud cuando fue a México, que fue el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, así que era una época donde todavía estaban vivos esos poetas, nacidos a principios del siglo XX.
N.A.: Las experiencias de viaje y tu pasión por los movimientos estéticos latinoamericanos son aspectos que ha moldeado tu formación como poeta a tu trayectoria como escritor y como investigador. Durante quince años dictaste el Seminario de poesía latinoamericana en la UNSAM, ¿En qué consiste la primera clase de Jorge Bocanera en el Seminario de poesía latinoamericana?
J.B.: Yo me considero un escritor, no soy un académico, entonces busco cómo interesar a los alumnos por distintos lugares. Por el lado de la literatura procuro que no sea de tesis, que no tenga esa cuadratura de tesis, que no tenga esa bibliografía de siempre, que indague la vida de los poetas. Uno de los cursos fue sobre la temática de las mujeres en la vanguardia. Otro, a partir del tema de los viajes. Por ejemplo, García Lorca cuando va a Nueva York, que escribe Poeta en Nueva York. En Birmania, Neruda, que escribe Residencia en la Tierra. Así, hay un montón de libros, de viajes, de cruces. Ahí llega Maiakovsky a México. Todo esto le da un aire de aventura, que es una palabra que se usa ya muy poco y que creo que es muy importante porque tiene que ver con la curiosidad, con la investigación. Entonces, le buscaba esos ángulos para que la gente se vaya interesando, principalmente, en la lectura de la obra de escritores poco conocidos. Un escritor importante en la vanguardia nicaragüense es Salomón de la Selva, que pelea en la Primera Guerra Mundial, después de secretario de Rubén Darío. Es un poeta que publica a los ´20 un libro que ahora se considera uno de los pilares cuando se habla de la vanguardia de esa época, El soldado desconocido, ilustrado por Siqueiros y Rivera. Se trata de ir descubriendo, ir uniendo un poquito la historia de vida, el contexto, poniendo en contexto esta poesía Esa es la diferencia de un curso y este seminario, salirse de la cuestión académica, que a veces es un poco rígida.
N.A.: En tu trayectoria que siempre te serviste de otras artes para abrazar a tu poesía. Inclusive has estado trabajando en cine, con ilustradores, poemarios en coautoría, y por otra parte, tus letras se han convertido en canciones interpretadas por grandes artistas, como Mercedes Sosa, Lito Nebbia, Silvio Rodríguez, entre otros. ¿Cómo es la experiencia de la poesía a la canción?
J.B.: Es linda esa pregunta. Primero voy a decir que mi padre era cantor de tango, de Bahía Blanca, con dos orquestas, y en la familia tengo mucha gente dedicada a la música, ahora una prima mía…
N.A.: “”A falta de biblioteca -has dicho-tenías las canciones, los tangos de mi padre…“
J.B.: Claro, no había libros en mi casa. Yo vivía en el fondo de la peluquería de mi abuelo italiano, en el puerto de Ingeniero White, en Bahía Blanca. Ahí había revistas de historietas y adentro, tenía los cancioneros de tango de mi padre. Es interesante esto porque Argentina tiene una riqueza muy grande en cuanto a la letrística, a la cancionística, de tal modo que es uno de los pocos países de Latinoamérica que, en sus antologías, incluye a los “poetas de la canción”. Poetas del tango como Atahualpa Yupanqui, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Manuel J. Castilla y otros poetas de primera línea, están en las antologías al lado de Borges, al lado de Girondo, cosa que no pasa en otros países. Si vamos a Chile, bueno, quizá… Violeta Parra…
N.A.: También sucede con el folclore, con la murga porteña…el poeta se mixtura con el letrista.
J.B.: Sí, sí, sí. En la Argentina tenemos ese rasgo distintivo. Hay países un poco que separan esto del poeta y del poeta de la canción. Por ejemplo, Vinicius de Moraes era un poeta muy importante y a la vez era un poeta de la canción. Me interesaba mucho, en México, los boleros de Álvaro Carrillo, me interesaba la música, siempre me interesó la música. Siempre busqué la armonía, la química entre la letra y la música.
N.A.: ¿Alguna poesía tuya se hizo canción en México?
J.B.: Sí, hubo gente que compuso, pero no sé qué pasó con esas canciones. Las canciones viajan y los poemas también. Me hubiera gustado a mí hacer más canciones, trabajar más con algunos músicos, inclusive en esa época me escribió Piazzolla porque él tenía una hija, Diana, que vivía en México. Ahí conoció un libro mío y me escribió a la revista Plural, donde trabajaba de secretario de redacción. Cuando nos conocimos aquí, personalmente, ya en el 1984, ya estaba bien de salud. Fue una lástima. Pero siempre estuve así, anuente a la gente de la poesía en la canción. A Silvio Rodríguez, lo conozco desde 1978. Yo le decía que él era un poeta, él me decía que no, que era sencillamente un trovador. Hace poco le dieron un premio en un Festival de poesía en Paralelo Cero, en Ecuador. Yo no hago esa diferencia, me parece que nosotros tenemos grandes poetas en el tango, en la canción y fuera de la canción. Inclusive Borges está musicalizado, como el poema “Jacinto Chiclana” por Piazzolla.
N.A.: ¿Podrías compartir un poema de tu autoría, un poema de un argentino, nacido en el puerto de Ingeniero White, distrito de Bahía Blanca?
J.B.: Sí, por supuesto, les compartiré dos poemas breves:
Cuchara
Nace del verbo dar,
como si el corazón tuviera mango.
Está hecha de lo que le falta.
Nunca se guarda nada para sí.
Podría medir el mundo, acunarlo, transportar
su misterio, sus campanarios de agua de una orilla
a la otra.
Más a mano que un dios.
Más humana que un perro.
Servicios del insomnio
a Vicente Muleiro
Apilo noches cada noche.
Paredones de sombra donde mi sombra reza, traga
un bocado, un ruido de hojas secas.
Es a destajo y es de mala gana.
Yo tuve otros trabajos. Eso está en otra historia.
Ahora dedicación, la vista baja.
Castigo de las manos, pena. Una sobre la otra,
apilo noches, de barro son, cuadradas.
Ahora dedicación, la paga escasa
Reseca es esta noche, hosca, de madres muertas.
Yo tuve otros empleos. Eso está en otro cuerpo.
Ahora dedicación, la lengua muda.
Soy el que apila noches toda la santa noche.
El que traslada escombros de una carta a la otra.
N.A.: Te escucho declamar tus poemas y advierto un diálogo entre el poeta y la “sordomuda,” que es la poesía. Permanentemente, en todos los versos, encuentro eso. Después de haberte leído, de repasado tu obra, veo ese diálogo…
J.B.: La “sordomuda” está en todos lados, sí. Dándose, huyendo y volviendo. Dándose y huyéndose.
N.A.: La poesía es una obstinada, que se empeñan a hacer visible lo invisible, o como vos decís, lo que no se deja ver. Porque uno a veces niega, esconde cosas bajo la alfombra, pero la poesía lo cuenta, lo saca a la luz.
J.B.: Aunque, ese contar poético tiene una cuota de ambigüedad que es muy interesante. Porque su centro siempre es el misterio. Por eso la poesía tiene tantas lecturas posibles, una misma poesía, tantas interpretaciones como lecturas y ese es el hándicap de la poesía sobre otros géneros.
N.A.: Has dicho en otra entrevista que realizamos en el mes de enero que la poesía lleva mucho tiempo de corrección y que todo está al servicio de la intensidad y la emoción. Te referís a propiciar todos esos sentidos los encuentra el lector, luego de un trabajo inmenso de un poeta, ¿de acumular noches de trabajo en la escritura y revisión?
J.B.: En el 2019 se publicó una antología, de la misma que estoy leyendo los poemas que compartimos y que se llama Tráfico/ Estiba. Y acá está el trabajo, en la estiba.
J.B.: Sí, hasta Monólogo del Necio, hasta el 2015.
N.A.: ¿Cuántos poemas contiene esa antología?
J.B.: Nunca los conté, no sé. No sé. Tampoco la poesía es una cuestión de cantidad. Pero retomando el tema del título: Tráfico/Estiba, ahí me refiero a que en el tráfico está esa circulación subterránea de imágenes. La imagen de portada es de una pintora, Manuela Generali, artista plástica suiza-italiana, que vive en México. Esta obra da cuenta un poco del puerto de Bahía Blanca, éste que hace poco fue víctima de una inundación muy grande que casi borra al pueblo de Ingeniero White. Volviendo al tema del trabajo, considero que es muy importante, porque ahora que se ha vuelto todo tan repentino, la gente escribe un poema y al otro día ya quiere sacar un libro. Yo pongo por delante la palabra “trabajo,” le doy mucha importancia a la cocción, a la fermentación, a la corrección. Y siempre digo que yo corrijo lo que está bien, no lo que está mal, porque lo que está mal ya lo tiré. Es decir, corrijo aquello que se perfila como algo posible. A veces me paso corrigiendo años, pero me parece que el trabajo es ese, escribir, no publicar y publicar. Vos hablaste de Sordomuda… A veces, los editores, me piden un libro nuevo y digo no, prefiero que me reediten lo que ya publiqué. En el caso de Sordomuda, hace poco se reeditó en España la Editorial Averso y sacó la edición N° 12. Entonces, yo prefiero eso, tener que entregar libros nuevos que no tengo, que estoy corrigiendo, y aparte el placer de estar corrigiendo esa materia tan maleable que es la poesía.
N.A.: Para un poeta es revelador leer poemas de otras épocas, porque se reencuentra en esos versos, en esas noches y noches acumuladas de escritura y de trabajo. Se vuelven a descubrir sentidos renovados. La poesía tiene eso de revelación, de misterio, de premonición también. ¿Muchas veces hemos escrito poesías que luego han sucedido, no te parece?
J.B.: Es muy interesante lo que decís de la premonición, de la intuición. Es muy interesante, porque pareciera que el poeta capta señales de algo que va a pasar. Por ejemplo, García Lorca llega a Buenos Aires en 1933. A él le gustaba mucho el tango y el tango con lunfardo. Dicen que él cantaba el tango “El ciruja”. La primera estrofa de este tango dice: Como con bronca, y junando/de rabo de ojo a un costado,/sus pasos ha encaminado/derecho pa’l arrabal./Lo lleva el presentimiento/de que, en aquel potrerito,/no existe ya el bulincito/que fue su único ideal.(…)“Lo lleva al presentimiento”. Entonces, este tango, estos versos, esa palabra que cantó ofició de premonición. Él era un poeta que presintió muchas cosas, creo que inclusive su muerte.
N.A.: En tu poema “Afanes del poeta”, es muy interesante la manera en que construiste el trabajo con la palabra. Dice Jorge Ángel Leiva que tu poema es un dibujo que vos hacés del acto cotidiano de la carpintería de la palabra.
Afanes del poeta
a Oscar Hahn
Paso el peine,
quito las hojas secas, lo ampuloso,
el oropel y el loro,
los piojos del decir.
¿Me salvé por un pelo?
¿Hubo un pelo en la sopa?
Otra vez paso el peine, es un peine muy fino,
quito la carambada,
las enumeraciones de la trenza, lo brumosoy sus rulos.
De nuevo paso el peine,
saco el abrojo y el aceite rancio,
el comején,
el troppo ma non troppo.
Por las palabras, por los sueños
paso una vez, paso otra vez el peine, busco
lo despojado, ese vislumbre,
lo desguarnecido.
Otra vez paso el peine
por la cabeza calva de la vida.
J.B.: La poesía tiene eso de desglosar, de ir quitando lo explicativo. Yo le digo a los escritores que inician, que no usen tanto “el pero”, “el sin embargo”, porque la poesía no se explica porque no es para entenderse. Si vos lo explicás, es como que el lector lo tiene que entender. Y uno no escribe para que el otro entienda, sino para que le llegue al otro la intensidad de esa poesía, de otra manera. No hay una comprensión racional.
N.A.: Además, también los versos son indagación, experimentación hasta que en un momento donde el poeta encuentra su voz propia. Cuando vos decís, quito las hojas secas, lo ampuloso, el oropel y el loro… Ese verso es majestuoso: “el oropel y el loro”. El loro, es la sobra de palabras, el hablar de más. O sea, la poesía es síntesis.
J.B.: Bueno, hay un juego fónico ahí: “el oropel y el loro”. Y hay una cosa que a mí me gusta mucho, que es la ironía. Ese poema hay mucha ironía también.
N.A.: En tu obra Monólogo del necio se destaca como tema central el tiempo, esa necedad del poeta de seguir escribiendo, de seguir documentando, de seguir sacando a la luz “el habla del alma”. Pero, por más que vos lo llames monólogo, podríamos decir que es un diálogo, una relación del poeta con la poesía de manera permanente. ¿Cómo nace, de qué se trata esta obra?
J.B.: Monólogo del necio es mi último libro del 2015, es un poemario, como vos dijiste, en el que abordo el tema del tiempo. Pienso que si hay un tema en la poesía ese es el tiempo, lo demás son subtemas. Lo efímero, el tiempo, siempre estamos hablando del tiempo, aunque hablemos de amor o de cualquier otro tema. Y Monólogo del Necio sale de una reunión de poemas que vienen de distintos impulsos. Me parece que era un tiempo oscuro, porque se habla bastante de la muerte, pero el título alude un poco a lo que dijiste, a la persistencia, a la insistencia, a la porfía. Me parece que no es como Palma Real o Sordomuda, que podríamos decir que cada uno de esos libros es un solo poema largo, sino que éste, es una reunión de momentos que convergen ahí. Y bueno, le puse ese título. A veces me interesan mucho los títulos, me gustan mucho los títulos. Con Juan Gelman discutíamos porque él les ponía a sus obras títulos como “Incompletamente”, “Interrupciones” y yo le decía, Juan, ponele “Lo que el viento se llevó”. Hay títulos muy distintos. Eran cosas así de bromas. Monólogo del Necio así salió. Con respecto al tema de la elección del título, es una cuestión extraña, a veces yo tenía el título antes que el libro y ahora, tengo dos libros inéditos y no tengo título. Eso me está atrasando. Hace como diez años que los estoy trabajando. A mí me gusta eso de trabajarlo así, en silencio, que esperen, que tengan su tiempo. Más aún, en este momento me asusta mucho a mí lo repentino, el darle un valor a lo que se hace sin pensar, a la velocidad. Vivimos en un tiempo de aceleración y la aceleración es contraria a la poesía, porque la poesía es pausa, es contemplación, es observación. La velocidad, la aceleración borran todo eso, ese momento. Entonces, esa aceleración es peligrosa para los jóvenes poetas, como también es peligroso que no lean por miedo a contaminarse, o simplemente, que no lean. Yo digo así, irónicamente, que no van a tener ni influencias. Sin embargo, debemos comprender que son las influencias las que habilitan ciertos aspectos de la escritura.
N.A.: Con respecto al acercamiento de la escritura poética, he desarrollado un concepto, el de “alfabetización poética”. ¿Qué opinás al respecto?
J.B.: Nunca había escuchado esa denominación, pero me parece acertada porque el poema te lleva al conocimiento y al pensamiento. Y, aquí vuelvo a la aceleración, lo que te borra es la capacidad de pensar. Este tema se está estudiando mucho con las nuevas tecnologías y con el daño que produce en la subjetividad de los adolescentes. Yo, como no tengo método, nunca hablé de un método así. Mi opinión, igualmente, va a ser muy subjetiva sobre lo que yo leo, porque si no sería un juez o alguien que determine lo que está bien y lo que está mal. Obviamente, que la poesía no admite esto de que es del cristal con que se mire. No, la poesía tiene sus reglas y uno sabe cuándo hay ritmo, cuándo hay buen uso del lenguaje. Por eso, también, existen jurados de un concurso. Se impone un jurado porque hay una manera de evaluar a la poesía o a la escritura poética, pero no he trabajado una metodología. Simplemente, procuro que se trabaje, que se corrija, que se trate de encontrar los núcleos centrales, los ejes, que le dé mucha importancia al inicio del poema, no todos los poemas pueden empezar con el “había una vez” porque no tiene nada que ver, que vean la franja narrativa, la descripción, lo que te decía antes, la explicación: que no sea una explicación, una mera explicación, que no se confunda con la microficción, y sobre todo los remates. También, tener en cuenta cómo se van trabajando los nexos de enlace, los conectores,etc. En eso sí, quizá he aportado algo, algunas ideas, pero después cada uno tiene que encontrarle la vuelta, la gente va mucho a los talleres o a lo que le llaman ahora “clínicas de poesía”, como si llevaran un auto al taller y quieren que ahí se lo arreglen. Creo que, por el contrario, hay que comprometerse cada uno con su propia imaginación.
N.A.: Para finalizar, ¿qué es la poesía para Jorge Boccanera?
J.B.: La poesía es, para mí, ya que hablamos de periodismo, es el reportaje más a fondo que se le puede hacer a la realidad, entendiendo la realidad como aquello que comprende nuestros sueños, nuestras intuiciones. La poesía es la pregunta más a fondo que se le puede hacer a la realidad.
N. A.: Gracias Jorge Boccanera, uno de los principales referentes de la poesía de Latinoamérica, por estar presente en “Poéticas del mundo” un programa por y para la difusión de la poesía.
Jorge Boccanera (Argentina, 1952). Poeta, crítico, periodista. Publicó en poesía: Los ojos del pájaro quemado, Polvo para morder, Sordomuda, Bestias en un hotel de paso, Palma Real y Monólogo del necio, entre otros. Algunos de estos títulos más algunas antologías suyas se han editado en España, Italia, Estados Unidos, México, Grecia, Cuba y Francia. Obtuvo entre otros galardones el Internacional “Camaiore” (Italia), el premio casa de las Américas (Cuba) y el internacional “Ramón López Velarde” (México). Textos suyos han sido llevados a la canción e interpretados por artistas como Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Litto Nebbia y Raúl Carnota. Ha publicado además libros de crónicas, narrativa, ensayos, teatro y de literatura infanto juvenil.
Nancy Almassio. Docente y poeta nacida en Necochea, Buenos Aires, Argentina. Es Maestranda en Formación Docente en la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE). Es Profesora y Licenciada en la enseñanza de la lectura y la escritura por la UNIPE. Hizo su tesis de licenciatura sobre la Enseñanza de la poesía en el nivel Primario. Se graduó de Maestra en los Niveles Inicial, Primario, Secundario en Lengua y Literatura y Profesora en Educación especial con especialización en discapacidad intelectual en los ISFDyT N° 31 y N° 163 de Necochea, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Actualmente colabora con la Revista Literaria Filigramma con el género entrevista y conduce el programa Poéticas del mundo #Poesíaalasocho, ambos proyectos del Movimiento cultural Sabersinfin y el Círculo de escritores de Puebla, México. Es presidente de la Sociedad de escritores de la Provincia de Buenos Aires Filial Necochea.






























