Inicio Artículos Entrevista a Oscar Conde: «La poesía es un mirador, un faro, un...

Entrevista a Oscar Conde: «La poesía es un mirador, un faro, un modo de tener un horizonte más amplio para entender un poco más al mundo»

1214
Nancy Almassio y Oscar Conde.

Oscar Conde nació en Buenos Aires en 1961. Es poeta, ensayista, filólogo y profesor universitario. Compiló varios volúmenes sobre la cancionística del tango y el rock y es autor de los libros Diccionario etimológico del lunfardo, Lunfardo y Charly García, 1983. Es académico titular de la Academia Porteña del Lunfardo, la Academia Nacional del Tango y la Academia Argentina de Letras. Como poeta publicó los libros cáncer de conciencia (2007), gramática personal (2012) y la risa postergada (2017) y es autor del texto para el poema sinfónico Malvinas del maestro Pedro Chemes, estrenado en 2023 por la Orquesta Sinfónica Nacional de la Argentina. Algunos de sus poemas se incluyeron en el vol. 29 de Poesía argentina contemporánea (2024, Fundación Argentina para la Poesía). Actualmente está terminando su cuarto poemario: Indicios de Gardel y otras maravillas aprendidas para siempre.

Nancy Almassio (NA): Vamos a empezar esta entrevista con las Poéticas del tango y el epíteto que te asignó Alicia María Zorrilla, presidente de la Academia Argentina de Letras, en octubre del 2023, cuando te incorporaron a esa Academia. Ella te denominó “apasionado de las palabras”. Yo me siento un poquito también interpelada por ese apasionamiento y, recordando el tango de Cátulo Castillo «El último café», ese poema del desamor que sobre la última parte habla de la “impiedad” describiendo una imagen conmovedora, una imagen reveladora de que se había terminado el amor, ¿qué lectura hace Oscar Conde, profesor del seminario Poéticas del tango, un estudioso de las letras, alguien que permitió la magia y revaloró a los letristas de tango y los llamó poetas? ¿Qué interpretación da, qué lectura, qué otra vuelta de tuerca le podemos dar a este tango tan maravilloso?

-Oscar Conde (OC): Bueno, yo no soy el primero que llamó poetas a los letristas del tango. Mucho antes de mí lo hizo el gran Horacio Salas, quien, cuando publicó en 1966 una antología de los poetas de Buenos Aires, incluyó allí a varios de los letristas del tango y también a María Elena Walsh y a Atahualpa Yupanqui. Entonces, no me corresponde a mí ese honor, pero yo estoy de acuerdo absolutamente con Salas, poeta al que admiré y amigo al que quise muchísimo. Por mi parte, lo que yo creo es que Cátulo Castillo es uno de los pocos letristas del tango de la época tradicional que estaba vivo y produciendo en la década del sesenta (murió en el 75), y ese tango es de 1963. En ese momento se sentía (yo tenía dos años, aclaro, pero después lo estudié), se entendía que el tango estaba dejando de ser representativo para el rioplatense y para el argentino en general, un poco se suponía que se moría el tango se estaba muriendo, lo que no resultó así felizmente. Luego vino una renovación poética, a la que Cátulo no fue ajeno tampoco, pero una renovación que estuvo dada por otros autores que también sobrevivieron, y por la aparición rutilante en la misma década del sesenta de Horacio Ferrer. En «El último café», Cátulo Castillo está hablando de algo que es un poco su obsesión, ¿no? Él tiene un montón de tangos que se llaman El último… algo: «La última curda» es de 1956, por ejemplo, y tal como en esos tangos lo que sucede aquí es que alguien se sienta a tomar un café y simplemente no le pasa eso en ese momento, entra en un flashback y recuerda cómo fue ese final. Es decir que, desde la tranquilidad del presente, donde puede evocar eso, habiendo ya sufrido esa pérdida del amor, da cuenta de cómo fue toda esa situación.
Esa soledad sin para qué, a la que hace mención un verso del poema, es un poco la clave de ese cierre y de esa comprensión del hombre maduro que entiende que, bueno, sí, se acabó el amor. Si hay una cosa que uno aprende a medida que avanza por la vida es que el amor no se mendiga y que no se puede luchar contra fantasmas. Por lo tanto, mejor es no creer en ellos, ¿no?

NA: Yo me quedé pensando también ahí en el lunfardo, desde el cual podríamos llamar a la mujer “mina” o “milonguita”. En este tango ¿sería la “piba”?

OC: Claramente en 1963 no era ya la “milonguita” la chica que estaba en el café, en sus recuerdos, en su evocación. Y ya él no le da ningún nombre. “Llega tu recuerdo en torbellino…”, así arranca el tango, no la nombra de ninguna manera. Ya no son tiempos en los que un hombre llamaría a la mujer con la que está cortando una relación la “piba”, y muchísimo menos la “mina” o la “percanta”. Son palabras muy del pasado del tango. Palabras de las décadas de 1920 o 1930, de la década del cuarenta incluso, pero no ya de la década del sesenta.

NA: Bueno, volvamos otra vez al reconocimiento de la Academia Argentina de Letras y al momento en que el periodista y escritor Jorge Fernández Díaz expresa: “Oscar Conde ha sabido registrar la nobleza de la cultura popular”. ¿Con cuáles te sentís más identificado: con las palabras de Jorge Fernández Díaz o con las palabras de Alicia María Zorrilla?

OC: La verdad es que con las dos. Por un lado, siempre me interesó estudiar y revalorizar la literatura popular. Por otro, están las palabras. A mí me importan mucho las palabras y en el arte son fundamentales las palabras. No es que un mensaje puede hacer que un poema sea bueno. No, el poema es bueno solo si el mensaje se transmite con las palabras adecuadas. Esta falsa dicotomía de materia y forma que existió hace ochenta o cien años entre los teóricos de la literatura en español no tiene mucho sentido. La poesía es materia y es forma, las dos cosas. Si falta una de las dos, no hay arte, no hay poesía. A mí me parece un poco inconcebible que un poeta, aunque sea versolibrista, no sepa cómo escribir un soneto, por ejemplo.

NA: Justo iba a preguntarte si el camino del escritor, del poeta es desde las formas de la poesía antigua, tradicional para evolucionar hacia los versos libres, los versos blancos. ¿Ese camino hay que recorrerlo?

OC: Yo creo que sí, pero cada poeta, hombre o mujer, lo recorre partiendo desde donde puede partir y con los elementos que tiene. Para mí siempre es importante decir que para que alguien sea calificado de poeta no es necesario que sea un gran poeta o una gran poeta. Si escribe poesía, ya es un poeta. Entonces, si alguien parte de la cosa mínima, como Julián Centeya, digamos. Centeya escribió poesía lunfarda y sus conocimientos ¿de dónde vinieron? Bueno, de los poetas lunfardos que leyó y de los amigos que tenía, que casi todos eran letristas o músicos de tango. De ahí surge lo que él termina siendo. En mi caso, la cosa fue complicada, porque a mí siempre me interesó la canción de consumo, la canción popular: el bolero, el tango, el rock. Pero al mismo tiempo estudié la carrera de Letras, me especialicé en enseñar latín y griego antiguo, y por lo tanto conozco bien la literatura antigua, y eso quizás en lugar de ayudarme también me confundió un poco.

NA: Justamente me llevás al lugar donde yo te iba a preguntar. Leí las poesías de dos de tus obras publicadas: gramática personal y la risa postergada y tanto uno como el otro me llevaron de la emoción a la reflexión. ¿Podrías definir cómo es la poesía de Oscar Conde?

OC: No sabría decirte cómo es. Podría decirte que me ha servido para escribir hablar del entorno, y hablar de nosotros, del tránsito por la vida y, cuando hay que hablar de lo que nos pasa, bueno, por supuesto que recurro a lo que le pasa en la vida común al profesor Oscar Conde, al señor Oscar Conde, y hablo de esas cosas y mezclo esas cosas con lo que aparece en el poema. Siempre digo —porque lo digo muchas veces en mis clases— que hay que recordar que la poesía es literatura, las letras de canciones son literatura, las letras de tango son literatura, y entonces nadie debe creer que si yo escribo un poema todo eso que aparece en el poema es algo que me está pasando a mí. No, no, es literatura, es ficción. Puede haber algo que me está pasando que desencadene la necesidad o la idea del poema. Las cosas que me rodean, las lecturas, las vivencias, que pueden llegar a hermanarme con el lector que lea ese poema.

NA: ¿Qué es la poesía para Oscar Conde?

OC: Bueno, la poesía es un mirador, un faro, un modo de tener un horizonte más amplio para entender un poco más al mundo. No es una torre de cristal, como si yo estuviera apartado del resto del mundo. Para nada. Es un modo de tener un panorama más claro, una cosmovisión generada desde lo que siento y lo que pienso ante la vida tal como se presenta ante mí. Siempre con la esperanza de poder entender un poco más…

NA: ¿También la poesía puede permitirnos mirar hacia adentro? «Introspección», un poema incluido en el libro la risa postergada ¿puede ser que aborde ese aspecto de la inspiración poética?

OC: Ese poema es una especie de sincericidio poético, donde hay una cantidad de cosas mías ostensiblemente negativas. Así que es eso: saber que ninguna persona es pura o bella o perfecta, ni tampoco lo contrario, ¿no? Todos tenemos dobles caras. El mayor de los canallas es capaz de un acto de lealtad o de heroísmo y el más bueno de los hombres es capaz de matar a otro. Es parte de la condición humana, esa imperfección constitutiva de lo que somos.

NA: ¿Qué lugar ocupa el lunfardo en la poesía de Oscar Conde?

OC: En algunos poemas pueden aparecer unas palabras de lunfardo, pero como parte del
habla coloquial que yo intento utilizar en mi poesía. No es que escribo poesía lunfarda, a la manera de los grandes poetas lunfardos como Carlos de la Púa o las primeras letras de tango de Cadícamo o Discépolo. No en ese nivel, no en ese sentido. No tengo esa necesidad. Uno de los libros de poesía que estoy escribiendo es un libro referido a los primeros años del nacimiento del tango. Son poemas que hablan de esa época con bastante crudeza y, si cabe utilizar algún lunfardismo ahí, lo hago, pero no necesariamente.

NA: ¿Cuándo elegís el título de un libro?

OC: Con gramática personal el título apareció antes que nada. Pero no es lo más habitual. Lo habitual es encontrarlo a medida que estoy escribiendo el libro, o bien al final, cuando concluyo la selección de todos los poemas que van a integrar un libro. Los leo, los ordeno tal como van a aparecer en la publicación y entonces descubro cómo se va a llamar ese libro. Yo soy muy minucioso. No publico un libro de poesía por año, porque no creo que todo lo que uno escribe sea publicable. Me parece que en materia de poesía hay que ser muy respetuoso con el lector, y los poemas tienen que descansar varios años en un cajón o en un archivo de una computadora. Cada tanto uno vuelve a leerlos y vuelve a corregirlos. Creo en la corrección no una vez, sino dos, tres, cuatro veces, hasta que me digo que eso que está escrito me representa, que no me va a dar vergüenza publicarlo. Cuando siento eso, recién entonces creo que se puede publicar. Hay una frase del gran cocinero catalán Martín Berasategui. Cuando le preguntan “¿usted cómo logró todo lo que logró en su vida?”, él dice su famosa máxima: “ni miedo, ni pereza, ni vergüenza”.

NA: Hablemos de los reconocimientos. Oscar Conde tiene tres sillones: el sillón «Benigno Lugones» en la Academia Porteña de Lunfardo, el sillón «Balada para un loco» en la Academia Nacional de Tango y el sillón «Juan Cruz Varela» en la Academia Argentina de Letras. ¿Qué significa ser un académico para un escritor, para un investigador, para un poeta, para un docente?

OC: Es un orgullo, un honor, un honor inesperado y nunca buscado. Nunca estuve pensando en que quería ser académico del lunfardo y después académico del tango. Nunca lo pensé de esa manera, nunca lo viví de esa manera. El hecho de que me eligieran académico en la Academia Argentina de Letras es completamente inesperado también. Y voy a contarte por qué. Cuando en 2002, José Gobello, que era el presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, me avisó que me propondría para ingresar en ella, me dijo también que debía preguntarme algo: “¿Usted tiene alguna ilusión de ser miembro de la Academia Argentina de Letras? Porque si usted la tiene, siendo académico de la APL nunca va a entrar a la Academia Argentina de Letras. ¿En qué se basaba Gobello? Bueno, en una estúpida interdicción que habían puesto tácitamente en la Academia de Letras y que se la habían aplicado ya a varios miembros de la Academia Porteña del Lunfardo, que al ser presentados para entrar en la AAL fueron rechazados. Solo por ser miembros de la Academia del Lunfardo. Bueno, mi caso es el primero. Pero, claro, cambiaron los tiempos, cambiaron las personas que están dentro de una y otra academia. En la Academia Argentina de Letras hace mucho tiempo que no se ve a la del Lunfardo como una enemiga o una amenaza, sino como una institución que podría hasta colaborar con la Academia Argentina de Letras. En resumen, poseer esos sillones en esas tres importantes academias argentinas es un orgullo y también una responsabilidad y me da bastante trabajo también, naturalmente.

NA: Para finalizar, ¿Qué te llevas de esta entrevista?

OC: En principio lo que me llevo es el afecto, el cariño y la hermandad que debemos sostener y debemos alimentar no solo entre los poetas sino entre todos los latinoamericanos.

depreciación de los sueños (la risa postergada, 2017)

quise ser otra cosa: una verdad
revelada a destiempo, la piedra
que se cae de madura,
la cruz de un norte
sin sur.

pude ser apenas (lo soy aún)
una canción cuya letra
nadie recuerda, el alma
de una fiesta
que nunca empezó.

vengo a ser tal vez un pescuezo
quebrado, un corazón dormido,
la yugular par-
tida en dos.
o en vos. o lo que sea.