Por Nancy Almassio (Argentina)
Necochea, 23 de noviembre de 2025
Rafael Felipe Oteriño nació en La Plata (Provincia de Buenos Aires) el 13 de mayo de 1945. Realizó estudios en Derecho y en Letras en la Universidad Nacional de La Plata. Actualmente es profesor emérito de la Universidad FASTA y ha enseñado Derecho en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Es autor de trece libros de poesía. Entre sus obras están Altas lluvias (1966), Campo visual (1976), Rara materia (1980), El príncipe de la fiesta (1983), El invierno lúcido (1987), La colina (1992), Lengua madre (1995), El orden de las olas (2000), Cármenes (2003), Ágora (2005), En la mesa desnuda (2009) y Todas las mañanas (2010). El último, publicado este año por Editorial Pre-Textos, se titula Lo que puedes hacer con el fuego.
Es Presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL) y miembro correspondiente de la Real Academia Española (RAE). Al asumir en la AAL en 2014, pronunció el discurso titulado “El misterio de ser conmovidos por las palabras”. Ejerció como juez de la Cámara Civil y Comercial. En el año 2020 fue distinguido como Personalidad Destacada de la Cultura en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Transcripción y curaduría de la entrevista realizada en el programa Poéticas del Mundo desde Necochea (Argentina) por Nancy Almassio el martes 30 de septiembre de 2025 y transmitido por el Portal Sabersinfin y la coordinación de Abel Pérez Rojas desde México.
Nancy Almassio (N.A.): Rafael Felipe Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras y poeta es un placer contar con su presencia en este segundo programa Poéticas del Mundo desde Necochea para toda Latinoamérica.
La primera pregunta tiene que ver con tu representación en la Real Academia Española, de la red panhispánica del lenguaje claro. En la poesía, ¿es pertinente hablar de lenguaje claro? En mi caso, postulo un lenguaje transparente como sinónimo de directo, sin censuras. Sin embargo lenguaje claro hace alusión a otro aspecto del lenguaje. ¿El lenguaje claro tiene relación con el lenguaje poético o la considera que la poesía va a seguir conservando su hermetismo característico?
Rafael Felipe Oteriño (R.F.O.): El tema del propósito de bajar a la sociedad un lenguaje claro para lograr comprensión y entendimiento, no se genera en la literatura sino, particularmente, en el derecho o en los ámbitos judiciales y de ahí se extiende a los otras ramas del saber. Normalmente aquellas actividades profesionales en las que hay un lenguaje de especialidad, algún lenguaje singular, científico, particularmente elaborado y que puede dejar afuera al ciudadano común. Entonces esto dio lugar a que esta prédica se empezó a sentir en la sociedad, al ciudadano común le costaba acceder a los lenguajes profesionales, a la conversación con el médico, que era del cual esperaba la salud y a veces no le entendía lo que le decía, a veces los prospectos simplemente de médicos, a veces los contratos, o sea esos vínculos sociales o comerciales que nos unen con otro pero que necesitan una claridad, una transparencia, una accesibilidad de la que carecían. Entonces esto se empezó a generar como una demanda social. La Real Academia Española lo tomó como propósito y creó algo ya continental que es la Red Panhispánica del lenguaje claro, claro y accesible, y trata desde ahí, desde la hegemonía de la lengua, del idioma español, de bajar a todos los estamentos en los que este lenguaje es utilizado. Pero ahí está el tema y vos lo has señalado bien, también a la literatura. Tengo un trabajo escrito en el cual digo que la prédica por el lenguaje claro es válida, es esperable, es provechosa en todos los órdenes, pero hay una barrera que es la de la literatura de creación. Ahí no se le puede pedir al escritor que tenga como principio, como objetivo la claridad. Esto lo entendí así, lo afirmé, lo desarrollé, pero últimamente continuando las lecturas sobre el tema, me di cuenta que también es posible exigirle al escritor lenguaje con alguna transparencia, porque no deja de ser una descortesía que el escritor de creación haga un lenguaje tan alambicado, tan abstracto, tan retórico, que al lector, que sería su destinatario, lo deje afuera. Esto no quita que el escritor de creación tiene derecho, tiene absolutamente derecho, a inventar inclusive su propio lenguaje. La literatura es el ámbito de la libertad y esto es posible, pero si en el objetivo del autor de creación está llegar al lector, me parece que es bueno que comience pensando en el lector también, a ver, si este lector ha de acceder a su lenguaje o si no, tal vez establecer lazos con ese lector, formar a ese lector como para que pueda acceder ahora a literaria. Por eso digo, entonces que, como prédica tal vez abarca todas las expresiones de la literatura, la literatura de creación y también la literatura práctica, la que tiene fines objetivos, fines utilitarios. Pero esto no veda a que el escritor de creación tiene todo el derecho a generar su propio lenguaje. Pensemos en la historia de la literatura, pensemos en la poesía, en un Mallarmé. Mallarmé no es de fácil acceso. Sin embargo, a poco que pasaron los años y ya han pasado más de cien años, los lectores han ido viendo en él que había una zona a la que penetraba de difícil acceso, pero que era una verdadera vía de conocimiento. Pensemos más avanzado a las épocas en un Joyce, en el Ulises, es una obra que yo creo que son legión aquellos que dicen que no lo pudieron terminar. Sin embargo, sigue siendo objeto de estudio y de profundizaciones. Más cerca, mucho más cerca, pensemos en Rayuela de Cortázar, ahí está el célebre capítulo 68 en el que inventa un lenguaje, el glíglico, en el cual crea por la sonoridad de ese lenguaje, de esas palabras, crea toda una expresión y una sensibilidad en la que el lector se siente reconocido, porque en el fondo no se trata sino de un acto amatorio contado, pero no lo cuenta a través de las palabras convencionales, sino palabras que suenan amorosamente, sensualmente, eróticamente, o sea que no deja de ser una experiencia absolutamente válida y si se quiere también provechosa. Antes que él, en la Argentina el vanguardista Oliverio Girondo lo hizo. Girondo también inventó un lenguaje.
Esto de la prédica del lenguaje claro, que fue de los grandes temas que se trataron en el X Congreso Internacional de la Lengua de Arequipa, Perú. Se debatió, se vio la conveniencia por una cuestión casi de solidaridad social, de respeto al ciudadano, hablar en un lenguaje transparente al que éste tenga acceso. Otro de los temas que se trataron ahí en el Congreso Internacional de la Lengua fue el del español como lengua mestiza. Es un tema que está suscitando la Real Academia Española junto con las veintidós academias más que hablan el español, entre las cuales se forma un conjunto de más de quinientos de millones de hablantes del español, pero en realidad debemos reconocer, nosotros que estamos en América, o sea uno de los países que decidió utilizar, varios, dos en este caso, la Argentina y México, países que decidieron desde su constitución, desde su independencia, desde su constitución como países independientes, decidieron utilizar el español, asumieron el español para comunicarse, pero con alguna libertad, o sea, no aceptando así canónicamente el español gestado en la península, sino emparentándolo con los usos locales, con las prácticas locales, con los lenguajes locales. Esto fue resistido por Madrid, por España, hasta que en los últimos cincuenta años realmente el tratamiento de la lengua se generalizó por igual, y tanto esto es así, que hoy por hoy el famoso diccionario al que recurrimos ya no se llama más Diccionario de la Real Academia Española, pese a que muchos para legitimarse y prestigiarse lo citan como tal, no, hoy se llama Diccionario de la Lengua Española. La razón es porque ese diccionario lo redactan las veintitrés academias de los países hablantes del español, de los cuales la mayoría, diecinueve o veinte, son de América, pero hay uno de Guinea Ecuatorial, ahora se está por sumar uno de Israel, que está en observación, se encuentra como Academia Asociada de manera consulta, porque el español que partió de la península cuando los judíos fueron en la época de Fernando VII expulsados de España, en la época de los reyes católicos, esa lengua empezó a recorrer territorios en Europa y hoy está afincada en Oriente Cercano, o sea, en lo que hoy es Israel, y ahí hay una Academia del español, es el que se denomina “el Ladino”, o sea, ese español que con con importantes transformaciones, aún gramaticales, está emparentado con la lengua española. En el Congreso se habló del español como lengua mestiza. Fíjate vos lo que es esto, porque hace cien años, no hubiera aceptado hablar del español como lengua mestiza, más bien en el lema de la Real Academia Española es que “limpia, fija y da esplendor”, se purifica la lengua. Sin embargo, hoy por hoy, con gran amplitud, con gran generosidad y también con gran provecho, en España se acepta que el español que nació allí, en el siglo IX y que se extendió al X, al XI, y se fue formando como lengua nuestro español, el que hablamos hoy. En la actualidad, está acompañado, enriquecido, por todas las particularidades que le imponemos los hablantes que lo hemos extendido por el mundo. Por ejemplo, hay palabras como “canoa”. Esta es una de las primeras palabras que se incorpora proveniente de América, esa palabra como implemento de navegación no existía en España. Estarían los vocablos navío, barco, nave, pero canoa no, canoa es nuestro, es de América. Aunque no es exactamente de la Argentina, seguramente es un poco más hacia el norte, llegando tal vez a México. Así que entonces, este es otro de los temas, el español como lengua enriquecida por la suma de hablantes que se fueron incorporando. Pensemos que, en la actualidad, de todos los hablantes del español que lo tienen como lengua nativa, solo el 9% de la totalidad están en la península ibérica. El resto de los hablantes la usamos desde afuera, por lo tanto, somos también dueños de esa lengua, y por eso entonces, que nosotros, cada uno de los países, a través de sus academias, colaboramos en el estudio, en la formación del corpus del español y luego, su ingreso a los diccionarios. No solo está el diccionario de la lengua, sino también está el diccionario de la gramática, el diccionario de la fonología. Es decir, se lo estudia desde todos los órdenes, como sonido, como redacción, como estructura gramatical, y por supuesto como definición de los contenidos.
(N.A.): Hablaste del derecho, y Carlos Santiago Nino, filósofo y jurista argentino desarrolló el tema del lenguaje jurídico, de la ambigüedad y vaguedad del lenguaje, mientras que Guibourd profundiza la idea de ambigüedad expresando que “La poesía está repleta de esta técnica lingüística de la ambigüedad deliberada” refiriéndose a la metáfora. Por su parte, también realiza una clasificación del lenguaje en natural y artificial. La poesía se instalaría dentro de la clasificación de lenguaje natural, por lo tanto, debería estar dentro del lenguaje claro, lejos de los tecnicismos, del lenguaje artificioso. Sin embargo, los recursos literarios hacen que el ciudadano común vea la poesía como alejada, los recursos literarios la tornan inalcanzable. ¿El lenguaje poético es lenguaje natural o artificial?
(R.F.O.): Nosotros los que escribimos entendemos que usamos el habla, el habla común, dentro de lo que se llama el lenguaje natural, pero en poesía, particularmente, llegamos a un lenguaje en estado especial, como un lenguaje dentro del lenguaje. Nosotros lo tomamos desde un orden, entendemos que la poesía es la madre del lenguaje. Ahí están todos los contenidos. Nació en el hombre de las cavernas, cuando todavía no se hablaba de géneros literarios, sino simplemente de habla, a veces próxima a lo gutural. Pero, lo cierto es que, al cabo lo que lo que definimos como poesía tiene que ver con un estilo, y ese estilo que es el del autor, a veces el de la época, a veces el de la región o el país. Esto no deja de ser un poco un lenguaje de algún modo artificial. Me cuesta decir, me detuve un poco, me trabé un poco en decir artificial, pero al cabo de alguna manera lo es, y esto crea un poco algo que es la distancia con el lector, el poeta como escritor, como creador, trata de experimentar, trata de al lenguaje sacarle provecho, decir más con las mismas palabras, decir lo otro, lo oculto, lo indecible, lo soslayado. Aunque, a la vez, en esa operación el poeta se aleja del habla común. El habla común es un habla convencional, es la de todos los días, que a veces no necesita tanta variedad, tanta riqueza, tantas polisemias porque para la comunicación a veces basta con menos palabras. Pero, en el desafío del escritor, está experimentar con el lenguaje, ir más allá con el lenguaje, decir que lo blanco es negro y que esto es aquello. Quizá esto desoriente al lector que a veces se queda fuera. Sin embargo, no deja de ser provechoso, porque el escritor en esa tarea, en esa rebeldía en esa libertad, enriquece el lenguaje, y el lector cuando hace el camino y descubre las claves, se siente hablado y se siente reconocido. Es provechoso lo que hizo, el escritor en esa experiencia de tratarlo casi como una alquimia al lenguaje, lo alejó del habla convencional, pero cuando el lector convencional hace el esfuerzo y llega a ese producto literario, encuentra que la realidad se ensanchó, que es más rica, que lo que está diciendo el escritor cubre aspectos que permanecían inéditos. Pensemos en un ejemplo: el surrealismo como estilo y como “ismo”, como particularidad de la lengua, recién hace su eclosión en el siglo XX, a partir de las exploraciones del inconsciente realizadas por el psicoanálisis, por Freud, los manifiestos acerca del surrealismo de André Bretón. El psicoanálisis como disciplina y la literatura como arte, han permitido agrandar el espectro de lo real, la dimensión de lo real. Esta singularidad que somos, como criaturas humanas, queda ampliada, enriquecida y entonces esa libertad de experimentación que ejercita el creador es válida, absolutamente válida. Aunque a veces cueste acceder a ella, la libertad está en el horizonte de la creación literaria.
(N.A.): Has definido a los poetas contemporáneos como postclásicos. Pero el poeta cuando está escribiendo su obra tiene en sus manos todo el tiempo, el pasado, el presente, el futuro, porque ha leído los clásicos y todas las lecturas y vivenciasle producen esa movilización, esa revolución de palabras que caen, decantan en un poema. Pero por otra parte, un poeta es también adivinador. La poesía muchas veces es predictiva, la pluma del poeta se dispara. Por otra parte, el lector realiza una lectura que está ubicada en el presente y muchas veces los lectores se quedan con un solo verso. Yo, por ejemplo, me quedé con unos versos de tu poesía La Escalera y ese es el presente, lo que nos quedamos con lo que nos conmueve en ese momento. ¿Coincidís con esto de que la poesía es pasado, presente y futuro en el poeta?
(R.F.O.): Sí, estoy muy de acuerdo, la poesía es pasado, presente y futuro y, mejor que lo sea. Es bueno que lo sea para el creador, el creador lo que hace, y esto es borgeano, agrega una línea más al largo poema que la humanidad viene escribiendo desde Homero y para eso entonces es bueno que más o menos sepa cómo ha sido el desarrollo de la poesía. Ahora el lector, como bien decís, no, el lector está en un presente absoluto, entonces ahí toma esa obra que en su gestación fue continuidad de una historia, de una historia muy prolongada y el lector la toma como un absoluto presente y está bien, es normal, porque el lector la toma, en primer lugar, para enterarse de algo como esfera de conocimiento y como goce, como disfrute, si se disfruta es suficiente. Para el poeta tal vez, o para el escritor en términos generales, la tarea es más compleja porque tiene, como bien decís, el pasado, tiene el presente y sabe que su texto se proyecta hacia un lector, o sea hacia el futuro, hacia afuera, son varios entonces los estamentos que se juegan en el momento de la creación. Hay poetas que les ha parecido tan excelente algo escrito en el pasado que lo que tratan es de quedarse en esa tónica, la del pasado, bueno esos poetas no hacen avanzar ese largo poema que la humanidad viene escribiendo desde Homero. Yo recuerdo alguna vez aquí, en este lugar donde estoy, me acuerdo que alguna vez un joven llegó a mi casa sabiendo que aquí vivía un hombre que escribía libros de poesía y cuando me dice la poesía, la cumbre de la poesía es Rubén Darío, nada después de Rubén Darío vale la pena. Y yo respondí a eso diciendo que, como goce, como disfrute, puede ser válido la figura de Darío, pero pensar, definir la poesía a partir sólo de Darío no, es haberse quedado en 1900. La poesía continuó hasta hoy, entonces me parece que es obligatorio tanto para el poeta como de alguna manera también para el lector si quiere ser contemporáneo ver el recorrido hasta el presente. La poesía en el presente ha bebido de todas las formas del pasado, pero también de los ruidos, los ecos, los sonidos, las temperaturas emotivas que tiene la época en la que uno está, la del presente, es obligatorio eso. Mañana voy a Córdoba a inaugurar la Feria del libro de Villa Carlos Paz y estoy escribiendo unas páginas en las que,casualmente apunto a eso, les estoy diciendo que por más que a uno no le pueda gustar algo del presente, es un presente universal, es un presente de guerras, es un presente de países que se atropellan unos a los otros, a veces hay malos modales en lo personal también, uno puede ser, y es casi un lugar común, decir bueno, hay cosas de mi época que no me gustan. Sin embargo, hay obligación como escritor de entrar en diálogo con esa época en lugar de apartarse o darle la espalda. El lenguaje es un instrumento para explicar y también para cambiar esa realidad, es nuestra arma, es como un instrumento que tenemos, la palabra. Es una obligación entrar en diálogo con el presente.
(N.A.): Vos hablabas también de la voz propia, esta que se construye con las lecturas y las vivencias. El poeta no puede eludir o desconocer a sus lecturas previas, debe reconocer las tradiciones, el estudio como postulaban los estructuralistas, de la obra, la poesía en serie, aunque también las vivencias de esta sociedad actual que nos interpelan, El poeta, enamorado de las palabras, justamente trata de buscar las palabras bellas, las palabras buenas, para ofrecer esa resistencia, concepto que se desarrolló en el X Congreso Internacional de la Lengua Española realizado en Arequipa, Perú, el poeta un poco es el que ofrece la resistencia con el lenguaje, pero también con el modo de vivir del ser, en esta sociedad actual. A través de sus versos, el poeta sin querer va induciendo, va como prediciendo esto que debería suceder. En el poema “Principios de Humanidad” incluido en el poemario El exilio de las almas, interpelo al lector en la reflexión sobre cómo estamos usando las palabras. En la actualidad, principalmente en las redes sociales, circula mucha violencia verbal y el poeta que está en ese camino de encontrar la voz propia, el poeta actual, latinoamericano prioritariamente, debería conducir a un reencuentro con la paz, ¿no?
R.F.O.: Sí, sí, exactamente, casualmente en una mesa que presidí en Arequipa, en el Congreso de la Lengua, terminé diciendo como recapitulación, que un lenguaje claro, un lenguaje accesible, una palabra compartida, crean tranquilidad social y seguridad individual.
N.A.: También certezas, dentro de un mundo de inconsistencias, incertidumbre y posverdad, ¿no?
R.F.O.: El mundo actual necesita certezas, en ese sentido (es lo que voy a decir ahora el jueves en Córdoba), quiero unir otra expresión a la tradicional acción de resistir. Siempre se dice que la poesía es una resistencia, importa una resistencia. Quiero agregar a la idea de resistencia, la idea de celebración. La poesía resiste el embate de la palabra mentirosa, de la palabra oscura, de la violencia social, la resiste, pero ¿cómo? entronizando otra realidad alternativa, y en este sentido, esa realidad alternativa tiene la nota de la celebración, se celebra un mundo posible, un mundo mejor, una dicción más clara. Entonces, quiero unir a la idea de resistencia, a la idea de celebración, que está en el corazón de la creación, porque la resistencia es un poco opaca, resistirse es quedarse en la trinchera, y esto no es lo que hace el escritor, el escritor cuando sale a escribir, sale a conmover y conmover está muy cerca de celebrar también. Celebrar lo valioso, lo transparente, lo claro, lo bello. Como decías también, algo tan difícil como es definir lo bello. ¿Qué es lo bello? Lo bello también es cambiante.
N.A.: Lo bello puede ser lo simple, puede ser lo bueno, es decir, lo bello es lo que necesita la sociedad, justamente para encontrar la paz. ¿Quizá debería ser este el concepto?
R.F.O.: A veces no es sólo una idealización, porque el concepto grecorromano de lo bello, es una idealización de la acción humana, o de la criatura humana, es la Venus de Milo, es la Victoria de Samotracia. Pero ¿es eso solamente lo bello? ¿dónde queda la pintura abstracta? ¿dónde queda el verso mínimo que da una temperatura emotiva, nada más sin hacer una elevada construcción? O sea, que lo bello, es también un módulo cambiante, y cambiante de época a época, de persona a persona. Esta reflexión me la hice un día, cuando voy a Madrid, trato de ir una vez más al Museo del Prado, y allí me encamino a observar la obra de El Bosco, El Jardín de las Delicias, pero cuando uno camina un poco más, ir a ver a Velázquez es un momento mayor, Goya, Diego Velázquez y un día viendo el cuadro de Las Meninas, dije ¿dónde está la belleza? ¿dónde está lo que me atrae de este cuadro? Porque ahí hay un perro, está la princesita, está el pintor en un espejo, están los reyes mirando a la Menina, a la princesita que está siendo pintada por Velázquez. Es un cuadro muy complejo donde además hay una enana que es la que entretenía y acompañaba a la Menina, a la criatura. Entonces, me pregunté dónde está la belleza, porque acá no hay cosas exactamente lindas. Sin embargo, el cuadro como realización es bello, es intenso, es concentrado, es rico. Entonces, yo no sé si la belleza no anda por ese lado también. La belleza no es una idealización, sino que es una intensidad, es un hecho que uno lo vive de una manera singular.
(N.A.): El concepto también de belleza como una construcción del sujeto a partir de sus vivencia coincidente con lo que dialogábamos sobre la voz propia, la belleza se construye por los relatos propios internos, lo que uno vivencia, lo que siente, la percepción, todo lo que significa acceder a ese lugar, a ese espacio, a esa persona. Podríamos pensarlo como un proceso muy interno y va más allá de la realidad en sí misma, es una realidad construida por la emoción, casi poético.
(R.F.O.): La literatura y el arte son los primeros que nos enseñan, a relativizar también, no ver que las definiciones están hechas de una vez para siempre, que siempre hay un escorzo, un detalle que va a traer una nueva realización. Cuando estamos hablando de la voz propia, me viene a la mente un texto de Hemingway, una página de Ernest Hemingway que está en París en una fiesta. Ahí él cuenta durante ese período tan singular de la París de entre guerras, pero a la vez París era una fiesta, era la suma realización para los artistas. En ese contexto, él dice que va a un bar, en el distrito quinto de París, en pleno barrio latino, en las mañanas a escribir . Y él dice que de golpe mira y mira el bar hasta que ve el rostro de alguna muchacha que se ha sentado en alguna mesa de enfrente, que está por ahí, y entonces, empieza a pensar en ella, empieza a pensar el mundo de ella, eso le hace bajar alguna línea y le hace empezar a escribir. Y dice: “hasta cuándo escribo, hasta que me baje una frase verdadera, cuando llega una frase verdadera sé que puedo cortar porque ahí lo puedo retomar al día siguiente”. Me parece muy interesante porque, tal vez, esa frase verdadera que él llama como verdad es la voz propia, es la voz singular. La voz propia tiene eso, que viene, es un concepto medio rilquiano, el de la muerte propia y el de la voz propia, que serían los cometidos del artista.
(N.A.): ¿Sería la voz poética propia?
(R.F.O.): Sería la voz poética, pero que en el fondo cuál es la voz propia, es la palabra verdadera que baja en uno durante el ejercicio, durante la escritura. Puede ser fruto de la inspiración, pero si es fruto de la inspiración más el trabajo seguramente es más duradera esta palabra verdadera. Y nosotros sabemos de qué se trata, una de las pruebas que puede tener un autor cualquiera, sea el de narrativa, de novela, de cuento o de poesía, es cuando uno vuelve a leer su página y lo emociona. Si esa nueva lectura que uno hace de su página en ciernes, le produce a uno en emoción, me parece estamos dentro de lo que se llama la voz propia, símil, voz verdadera.
N.A.: Rafael, esa voz propia, expresaste en una entrevista que se encuentra aproximadamente en el tercer o quinto libro publicado. Sin embargo, quisiera repreguntarte ¿el poeta puede encontrar su voz poética propia por sí mismo o necesita de la ayuda del crítico literario, ese “meditador de la poesía” que los denomina el poeta y ensayista argentino Eduardo Álvarez Tuñón?
R.F.O.: En el ámbito este somos criaturas humanas, somos seres complejos, somos indiscernibles de alguna manera, y entonces vamos a darle lugar al creador, al inspirado, al Rambo, que escribe una página antes de los veinte años y una página que lleva más de cien años leyéndose, varios libros, pero pensemos en una temporada en el infierno, ¿no? Y entonces sí, hay algo, la inspiración existe y el precipitado psíquico existen para asistir a la creación. Ahora también, hay otros fenómenos que serían los que se forman a partir de la lectura de un texto ajeno puede ser un buen desencadenante de la producción literaria, y si nosotros tenemos que un sujeto es asistido por esa inspiración, ese prestado psíquico, ese tropel de palabras que un día le caen, y encima tiene la maestría y la suerte de poner inteligencia sobre ello, tal vez en esto se empiece a lograr una pieza valiosa, una pieza perdurable. Quiero decir con esto que las dos vertientes son válidas: la del poeta inspirado, fruto de la inspiración y la del poeta que trabaja. Diría que la sola voluntad de escribir no alcanza para dar un resultado, los poemas nacen y se hacen, pero por la sola voluntad a veces es difícil que se haga una obra perdurable. Puede hacerse una obra reconocida en su tiempo, pero sabemos que el gran juez es el tiempo, si la obra sobrevive al tiempo, más allá de la vida del autor. A veces en la contemporaneidad hay autores muy sabios, muy inteligentes, que sostienen su obra en vida. Pero cuando ya no la sostienen más con conferencias, con presencias, con insistencia, ahí viene la obra del tiempo, que a veces hace entrar en un purgatorio al autor y a la obra. Algunas veces sobreviven a ese purgatorio y, o en otros casos, sucumben y ya no tienen presencia temporal.
N.A.: Rafael, ¿nos leerías uno de tus poemas?
R.F.O.: Leeré de Antología personal (1966-2023), obra en la que está mi poesía reunida de casi todos mis libros.
N.A.: ¿Incluiste solo una poesía de tu primer poemario en Antología personal?
R.F.O.: Sí, porque entiendo que todavía era un lenguaje prestado. En ese momento, en el primer libro, a mis 18 años, leía con mucho interés a Saint-John Perse, a Paul Éluard, a Ricardo Molinari de la Argentina y, el tono de estas lecturas, me hizo escribir mis propios poemas. Entonces, no lo he reconocido como obra sustentable y en la antología esta creo que puse apenas unas líneas, ni siquiera un poema entero.
Vamos a leer un poema que se llama Salmo. Está en la parte de atrás de la edición. Y tomo una cita del poeta Wystan Hugh Auden, el poeta inglés-norteamericano. Él nació en Inglaterra, pero se fue a vivir a Estados Unidos después de la guerra: “Nunca se equivocaron los viejos maestros”. El poema dice, el mío:
SALMO
Nunca se equivocaron
los Viejos Maestros
W.H. Auden
El mundo existe, las cosas existen:
la piedra, el sol, el aire,
el pájaro en vuelo
y la primavera en la rama.
Cuando el desánimo nos abate
la memoria se encarga de recogerlos
y forma con sus semillas
el volcán y la rosa, la cantera y el sonido.
También la ola, el claro del bosque,
las iglesias góticas
y los campos de lavanda
nos salvan de la tristeza.
Eso lo sabían los Viejos Maestros,
y amaban la perspectiva,
los álamos de Italia
y la sal de la tierra.
Eran incansables: repetían
el oro brillante y la esfera celeste,
las nubes en el cielo
y el suelo bajo los pies.
Que lo visible perdure,
que lo incontable renazca:
eso debatían en los talleres,
y en las telas abundan colinas, iglesias, árboles.
Salmo es un poema que ahora que lo leo tiene una cierta cuota de abstracción, pero en el fondo está hablando de los pintores clásicos. Por eso, es que dice en las telas abundan colinas, iglesias, árboles, dándole continuidad a la vida, porque en el fondo eso es lo que tiene todo creador. La creación literaria es propositiva. Lo que intenta es crear, hacer avanzar el mundo, que siga marchando. Este poema es una cuota de esperanza, de ilusión, y al cabo es un salmo, o sea, un cántico.

N.A.: Para finalizar, ¿Qué te llevas de esta entrevista?
R.F.O.: Estos intercambios son enriquecedores. En este mundo con una tecnología que a veces también nos agobia, porque produce bombas la tecnología y la ciencia, también nos enlaza y nos hace que verdaderamente la distancia no exista. Fíjate que, en este momento entre Abel Pérez Rojas en México, Nancy Almassio en Necochea y Rafael Felipe Oteriño en Mar del Plata, entre los dos últimos, entre nosotros dos hay cien kilómetros de distancia solamente, pero entre nosotros dos últimos y Abel Pérez Rojas hay ocho mil kilómetros, seguramente. Comprendamos, entonces, que es muy beneficioso esto que tiene la tecnología actual. Ella nos une, nos vincula, nos enriquece. Los intercambios son todos muy provechosos y seguramente, colaboran para entendernos y producir eso que tanto queremos, que es paz, tranquilidad y disfrutar todos de las riquezas que produce la criatura humana.
(N.A.): Muchas gracias Dr. Rafael Felipe Oteriño. En Poéticas del mundo desde Necochea para Latinoamérica hemos tenido el honor de dialogar con el poeta argentino y presidente de la Academia Argentina de Letras sobre lenguaje claro y poesía.
Nancy Almassio es Maestranda en Formación Docente en la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE). Es Profesora y Licenciada en la enseñanza de la lectura y la escritura por la UNIPE. Se graduó de Maestra en los Niveles Inicial, Primario, Secundario en Lengua y Literatura y Profesora en Educación especial con especialización en discapacidad intelectual en los ISFDyT N° 31 y N° 163 de Necochea, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Actualmente es colaboradora de la Revista Literaria Filigramma y conduce el programa Poéticas del mundo, una iniciativa de #Poesíaalasocho, ambos proyectos del Movimiento cultural Sabersinfin y el Círculo de escritores de Puebla, México. Es presidente de la Sociedad de escritores de la Provincia de Buenos Aires Filial Necochea. Es autora de cinco libros de poesía: Hombres irreales (2017), Mujeres reales (2018), Amores invisibles (2020), Poética de la esperanza (2024) y El exilio de las almas (2025).




























