Por: Raúl D´alessandro (Argentina)
-Puntos de vista-
En singular trayectoria voy descifrando cada pieza del modelo para armar la vida. A veces, la esquiva puntualidad llega tarde al encastre perfecto, y es volver a comenzar: buscar entre múltiples opciones la única posible. Voy hurgando entre el remanente de sueños no cumplidos y las realidades por venir, hasta que la utopía se entremete y me deslumbra con fastuosos milagros que no habrán de ocurrir. Las manos vacías duelen en el tiempo, y aparecen espacios neutros donde las calles grises se niegan al sol.
La esperanza comprimida debilita el ímpetu; aun así, continúo merodeando mi contorno, acecho mi interior, y como peregrino errante, vago entre dudas y certezas con el afán de hallar la verdad.
Todo ocurre y, a pesar de los éxitos, los fracasos siempre estarán presentes para recordarme que no soy perfecto. Es el momento de aceptarme tal cual soy: un alfarero de mi propio barro; la formación está en mis manos para definir mi esencia.
Soy piadoso en mi propio juicio, cada cual no es igual a cada quien. Me guío con mi brújula personal tras el anhelado objetivo, sin prisa, pero sin pausa. El universo espera paciente y, aunque no es fácil de conquistar, a nadie se le niega la propiedad del alma.
Algunos lo llaman destino; yo prefiero asumirlo como crecimiento espiritual. Quizás ignore dónde estoy, pero sé a dónde quisiera llegar.
Raúl Viejo Lobo D´alessandro es escritor marplatense de amplia trayectoria, multipremiado y reconocido por sus aforismos y relatos breves.






























