– La Historia Jamás Contada –
Aunque de suyo extraño, el Misterio no necesita condiciones especiales para presentarse, como lugares desérticos u horas nocturnas, sino que o hace en cualquier momento, incrementando así su extrañeza y capacidad perturbadora.
Es el caso de las llamadas “experiencias cercanas a la muerte”, como de la que escuché hace once años durante un programa radiofónico del cual era asiduo escucha y frecuente participante telefónico, cuando un invitado relató algo que para un creyente -o casi, es decir, un “pecador” (?) a punto de arrepentirse-, resultaría tal vez hasta “bonito”, pero que siendo lo más objetivo posible, sería ciertamente estremecedor.
Dichas experiencias son en principio reales, pero no necesariamente correctas las interpretaciones que les dan quienes las vivieron y menos los profesionales que obtienen algún tipo de ganancia de ellas, sea egoísta (acrecienta su ego), proselitista (usualmente religiosa) o directamente monetaria, a la postre la de menores consecuencias. (Me refiero a los éxitos mercantiles que la temática puede aportar a escritores y editores comercialmente avispados.)
Estas experiencias suelen ser exclusivamente subjetivas -esto es, las vive el sujeto pero nadie más- y su contenido demasiado parecido a los sueños, incluyendo la carga de simbolismos que éstos encierran. Están en el mismo rango que las experiencias rituales colectivas, donde los participantes afirman entrar en comunión con la Divinidad sin haber manera de comprobarlo por ser intrínsecamente intangibles e inefables.
Otras son las “experiencias fuera del cuerpo”, igualmente subjetivas pero que contienen algún elemento objetivo susceptible de ser comprobado, como en la que el protagonista afirma haberse visto a sí mismo desde fuera. Noté este giro en el relato del invitado cuando explicó que tenía conciencia del mundo exterior a pesar de estar en coma… pero cuando agregó que vio a la Virgen, bueno, eso ya era otra cosa; algo había hecho contacto con él.
(En 2009, una amiga de entonces que conducía un programa diario de radio en otra estación comercial y en el cual yo era el invitado “experto” los MIÉRCOLES DE MISTERIO, me confió un extraño suceso que había vivido hacía poco.
Resulta que ella no atendía a una religión particular, pero la llenaba creer en las hadas, de las cuales tenía muchas -representaciones, se entiende- en su casa. Así que una tarde, apenas llegar, entró a su recámara y se quedó viendo una de sus figurillas. En ésas estaba cuando vio pasar a su lado una mujer con túnica blanca y cabello largo, suelto. Me dijo que se sintió feliz pues por fin había hecho contacto con uno de esos misteriosos seres que admiraba. Fue una materialización fugaz, pues un instante después ya no estaba.
Le dije que lamentaba decepcionarla, pero lo que había visto podría ser algo completamente distinto de lo que fantaseaba, que tuviera cuidado. De hecho, ya había tenido un incidente en la radio universitaria que atemorizó a quienes estaban del otro lado del cristal. Ambas experiencias las contaría ella misma después al micrófono.)
Volviendo al tema original, es irónico que la información de los textos religiosos sobre los “dioses” no sea parte de su Teología, como debía ser por la etimología, sino que sea en la Demonología donde describa las artimañas de sus antagonistas. ¿Cómo distinguir entonces entre unos y otros?
Cuando el invitado afirmó que otras personas vieron también la aparición, ya no me cupo duda: algo se había “colado” desde el Otro Lado. Y luego lo del Cuadro (religioso) que se iluminó. Esto, que podría ser parte de una película de terror, llega a suceder en la realidad, como en este caso, por lo que no está de más informarse. (Un autor que abordó el asunto ya hace tiempo fue el controversial Salvador Freixedo en LAS APARICIONES MARIANAS, indagatoria sobre qué puede esconderse detrás de estas presuntas teofanías.)
Pero en general todo el FENÓMENO RELIGIOSO, el real, no el conceptual o dogmático, del que parte y al que llega la Teología oficial, ejercicio solipsista que convierte lo que sería una “teoría de Dios” académica, crítica, indagadora en “palabra de Dios”, burocráticamente incuestionable.
Y todo esto tiene un sentido práctico, pues existe un peligro potencial al entregarse en cuerpo, mente y alma a algo que no podemos identificar con seguridad, coincidiendo con Freixedo en que NO hay que buscar el contacto, pero en caso de ya haberse establecido, mantener una distancia crítica a través de la razón y salirse a la menor oportunidad o señal sospechosa, por seductora que sea la apariencia de Deidad, hada, “visitante del espacio” o cosa parecida de lo que sea nos visite.
¿Qué piensan ustedes, amables lectores?
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.






























