Por: Abel Pérez Rojas
Me encontré en tus ojos
al mismo tiempo de hallarme en los míos,
como si el mundo se plegara hacia adentro
y la memoria, antigua y luminosa,
surgiera sin aviso desde cada célula.
No fue azar ni presagio:
fue vértice de un mapa que no hicimos,
coordenadas que el alma
guardó desde la infancia
sin saber, sin pensar, sin decir.
Perpendiculares que se intersectan,
así fuimos: tú, línea de fuego;
yo, línea de agua,
y en medio del cruce,
el instante exacto de la revelación.
Cuando el eclipse fusiona lo que no se toca,
cuando la sombra es puente
y no frontera,
comprendimos que la distancia
es solo otro nombre del deseo.
Entonces callaron las voces heredadas,
las máscaras, los miedos,
y quedó la verdad temblando entre los párpados:
somos reflejos de la misma luz
nacida en distintos cuerpos.
Y aunque la noche vuelva con su abismo,
yo sé que existe ese punto suspendido
donde tú y yo coincidimos sin contarlo,
donde nos hallamos
para siempre en lo invisible y oculto.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























