Eres fuego que arde sin prisa,
madurez envuelta en deseo,
las marcas del tiempo en tu risa
son versos que siempre anhelo.
Tu piel aún sedosa y ardiente
se estremece con besos furtivos,
y en tu mirada valiente
brilla un mundo de instintos vivos.
Tus curvas, cinceladas con arte,
siguen siendo dulce emboscada,
invitan a amarte despacio,
como el vino en copa dorada.
Tus labios conocen el juego,
seductores, seguros, traviesos,
y un roce tuyo en mi cuello
enciende caricias y besos.
Sabes que el amor no es de niños,
que el placer se aprende en la piel,
y que un toque sutil en tu espalda
te despierta al deseo otra vez.
Mujer de los años dorados,
maestra de ardor sin cadenas,
en tu vientre aún brotan relámpagos,
y en tu alma… la flor de la hoguera.
Tus muslos, senderos de fuego,
me atrapan con dulce tormento,
y en medio del cálido abismo,
me pierdo sin prisa, sin tiempo.
Tu espalda se arquea, me llamas,
tu pecho en mis manos florece,
y un jadeo febril y desnudo
en la piel como un eco estremece.
Aún no he probado tu cuerpo,
ni he sentido tu piel en mis manos,
pero ardo en deseo secreto
por tu mente, tus labios, tus años.
Aún no he recorrido tu espalda,
ni he bebido el fuego en tu boca,
pero sueño con cada palabra
que en mi piel tu voz me provoca.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























