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La historia podría repetirse…

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Imagen del autor Ivan Hassib en PEXELS

– La Historia Jamás Contada –

Recuerdo que en 1968, cuando cursaba el segundo año de Secundaria, al llegar nos encontrábamos con un grupo de granaderos rodeando todas las instalaciones. Cuando ya dentro preguntábamos el motivo, nos decían que era para “nuestra seguridad” (?), pues en cualquier momento podían llegar los estudiantes.

Pero en el intenso intercambio verbal que seguía -nuestra red social inmediata y personal de entonces- nos íbamos enterando de lo sucedido hacía unas semanas en la Capital y que no habían sido los estudiantes los agresores, como vociferaban al unísono los medios, oficialistas por consigna, sino que ellos, junto a todos los presentes y transeúntes, fueron atacados criminalmente por policías, soldados y hasta mercenarios del Gobierno.

En ocasiones posteriores aquí en Puebla, como durante el “bautistazo” de 1972-73 y el desalojo por la fuerza de los locatarios del mercado LA VICTORIA unos 15 años después para instalar ahí una Plaza Comercial que siempre no llegó a “cuajar”, se usó el espectáculo granaderil para intimidar a la población. Pero los sucesos de 1968 son paradigmáticos en varios aspectos cruciales.

Decía arriba que al regresar a clases luego del receso por los Juegos Olímpicos, inaugurados el sábado 12 de octubre, un compañero nos puso al tanto de la noticia que ya circulaba de boca en boca, de una matanza perpetrada por el “glorioso” (?) Ejército Mexicano el miércoles 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de la flamante Unidad habitacional Nonoalco-Tlatelolco y fue extendiéndose por todo el País a pesar del muro de silencio levantado por la “prensa vendida” de la época, prácticamente todos los medios masivos, tanto impresos como hablados y audiovisuales.

La información -real, no los regaños y sermones de los plumíferos y merolicos a sueldo- nos llenó de estupor porque no concebíamos cómo, sin estar en guerra, los soldados –“soldado” significa simplemente “a sueldo”, sin ninguna connotación heroica- habían disparado sobre la población.

Los merolicos de los medios se desgañitaban tratando de justificar lo injustificable, “argumentando” cualquier cosa, pues tampoco sabían por qué, pero el servilismo es un hábito poderoso para ciertos oficios, como lo demostró sobradamente el lambiscón designado para “responder” (?) el Quinto Informe de Gobierno de Díaz Ordaz, el diputado y antiguo locutor de radio Luis Marcelino Farías.

Los funcionarios y sus epígonos balbuceaban acerca de una “conjura comunista”, pero este era un tópico presente entre la Ultraderecha. Lo fue también aquí en Puebla cuando la Reforma Universitaria de 1961 y el aciago interinato de Bautista O’Farrill en 1972-73.

(Por cierto, el archimentado -¡y vaya que lo ha sido!- Gustavo Díaz Ordaz se desempeñó un tiempo como Secretario de Gobierno bajo Gonzalo Bautista Castillo -padre del “junior” O’Farrill-, a quien Maximino Ávila Camacho dejó a cargo del changarro estatal, cuando se MILITARIZÓ a los burócratas, incluidos los maestros. ¡De casta le venía al perro desde entonces!)

Pero más que un pérfido Movimiento desestabilizador inspirado en “ideas exóticas” -como el mismo Patrón pudo decirlo- e instigado por agentes extranjeros (¿les suena el tema?), lo del ’68 fue la reacción en cadena a las arteras agresiones y arbitrarias detenciones de los cuerpos represivos, que contaban con la obsecuencia de una especie de lacayos letrados, los leguleyos y tinterillos que procesaban a los detenidos conforme a… consigna. Este fue un Ejército del que se habla poco, los burócratas de Juzgado, pero que jugara un papel fundamental en el trágico montaje.

Actualmente persisten algunos factores de entonces, como el Ejército, ahora empoderado presupuestariamente además de permitirle obtener ingresos propios y con atribuciones ampliadas, al que se consiente y lisonjea como no se veía desde esa época y no sólo en los medios oficiales o abiertamente oficialistas, sino a través de la nutrida Red de tecleadores (ya no se usa la pluma) y merolicos amateur que dobletean como francotiradores oficiosos contra críticos y opositores.

Y ni qué decir de la mañosa y truculenta constitucionalización de los jueces a modo, debidamente impreparados y prontos a cumplir los designios de el o la “de arriba”, al margen de cualquier consideración técnico-jurídica.

Pero cuenta también el factor subjetivo personal, como en el caso de GDO quien, sin poseer el conocimiento o, cuando menos, el temple necesario, coqueteaba imprudentemente con el Ocultismo, lo que pudo llevarlo a la pérdida progresiva del sentido de la Realidad y finalmente a la paranoia.

Para finalizar, en un programa nocturno de opinión y debate, un participante preguntó sobre dónde estaba el todavía hoy Presidente cuando sucedió lo del ‘68, respondiendo el moderador jovialmente: “¡Pues en Preparatoria: era un chamaco de 15 años!”. “No -replicó el otro-, me refiero a que si estaba con los estudiantes o con el Gobierno”. Ese detalle explicaría muchas cosas que ahora resultan desconcertantes, agrego.

¿Pero que piensan ustedes, reflexivos lectores?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.