En la inquietud del pensamiento,
la mente se apodera del corazón.
Las vísceras se van al pecho,
arrebatando la cordura y la razón.
En la tangible callada percepción,
de la tormenta miserable del dolor,
la mente flota sin clara objeción,
en el arco iris que ha perdido su color.
En las llanuras sombrías de la abstracción,
las mariposas cerebrales buscan bendición,
para aliviar todas las penas de la traición.
En la quietud de la locura de la mente,
el pensamiento busca solo su muerte.
Enrique Canchola Martínez






























