– La Historia Jamás Contada –
Es una constante en tiempos electorales dejarse llevar por la emoción deportiva de estar a favor de uno(s) y en contra de otro(s) contrincante(s), actitud generalmente -aunque no siempre- inocua o incluso catártica, pero de serias consecuencias si de otorgar poder sobre toda una organización social a un individuo, camarilla, grupo o partido se trata, pues queda comprometido su futuro cuando menos inmediato, cuando no a largo plazo y quizá hasta indefinidamente.
Por eso resulta indispensable remontarse a la esencia misma de los procesos electorales: su razón de ser, objetivos e implicaciones, sobre todo para los individuos concretos que forman la sociedad antes de ser sumariamente conceptualizados como los pobres, los buenos o el PUEBLO sin más, designaciones tendenciosas para halagar a la masa de la cual pretende servirse el demagogo en turno.
Al evocar esta situación me viene a la memoria el pasaje inicial de EL 18 BRUMARIO DE LUIS BONAPARTE, un clásico del análisis histórico debido a Karl Marx, quien emplea la alegoría “como un rayo en cielo sereno” para describir la forma en que el personaje aludido se hizo del Poder absoluto ante la estupefacción de la sociedad francesa. (Por cierto, a pesar de haber sido usual este texto en las preparatorias públicas setenteras, demasiados de sus lectores demuestran no haberlo comprendido en absoluto al verse ahora “transformados” -ironías de la vida y el lenguaje- en coadyuvantes activos de algo parecido: la 4T de marras. De hecho, la táctica del “bonapartismo” consiste en hacer pelear a unos contra otros mientras el líder y su grupo compacto se fortalecen.)
Volviendo al tema inicial, resulta que uno, si no es que el fundamental objetivo de las elecciones públicas, generales, democráticas de gobernantes, es mantener abierta la posibilidad de acceder a tales cargos a representantes de la PLURALIDAD social: en sí misma diversa, contradictoria y cambiante, evitando sistemáticamente la absolutización de un régimen particular y sus también particulares beneficiarios, en detrimento de quienes no lo son.
Por eso el artificio de un entramado institucional que impida el sellado definitivo de los accesos a los centros de decisión y, por lo mismo, el empecinamiento de quienes ahora los usufructúan, de conseguirlo de una vez por todas, saltándose cuantas reglas y convenciones existan. (Hace décadas que, parafraseando la expresión “costal de mañas” que se aplica a un sujeto especialmente mañoso, comparaba al PRI con una montaña de mañas, que el actual grupo en el Poder se empeña en dejar chiquita, convirtiendo la suya en toda una cordillera.)
Pero las cosas no paran ahí, pues el Poder absoluto no se sostiene con una sociedad bullendo bajo él: hay que apaciguarla o al menos contar con su aquiescencia, siendo la mejor y más expedita manera la de uniformar a todos los individuos que la componen tanto en pensamientos, sentimientos, creencias, ideales… bueno, ¡hasta en la ropa!, como hizo el maoísmo en China.
Por eso la “nueva” (?) escuela mexicana basada en la comunidad (refrito del “indito” ideal del PRI, al que debíamos aspirar a ser todos los niños de entonces. Pero también idealizando otra vez al soldado -literalmente “sueldado”, a sueldo-, tan devaluado -y odiado- a raíz de los sucesos del ’68, presentándolo otra vez como el “héroe de la Patria” al que homenajean las Autoridades civiles en cuanta ocasión se les presenta. E incluso ascendiéndolo a representante cultural (¡¡) de México ante el Mundo (otra vez mediante la acostumbrada parafernalia priísta, pero ya internacionalizada como corresponde a la Era Global.)
Y ya dentro del mundo “civilizado” -expresión que le escuché a un exmilitar siendo yo un niño-, la reconfiguración del contenido de los medios de masas a través de sospechosos cambios, reubicaciones, inclusiones y alianzas a modo de difundir intensiva e insidiosamente los pensamientos, sentimientos y comportamientos que hagan de la sociedad un TODO único, predecible y manejable, que les permita eternizarse en el Poder… ¡Bueno: soñar no cuesta nada!… ¿O sí?
¿Qué opinan ustedes?
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.






























