Introducción al artículo
Por Salvador Calva Morales
Antes de abrir estas páginas, conviene detenerse un instante y mirar el circo como espacio de asombro, riesgo y destreza, así como un territorio de pensamiento, memoria y formación humana. El texto que el lector tiene frente a sí, firmado por José Javier Jiménez Sánchez, se inscribe en esa frontera donde el arte deja de ser únicamente espectáculo y se convierte en conciencia de sí mismo.
Hablar de la profesionalización del circo es, en el fondo, hablar de la dignidad del cuerpo que crea, del saber que se transmite y de la historia que se resiste a quedar reducida a la anécdota o al aplauso fugaz. El circo, como toda manifestación profunda del espíritu, no nace en el vacío: se sostiene en tradiciones, linajes, escuelas, errores, caídas y aprendizajes que se heredan de generación en generación.
Desde esta perspectiva, es importante recordar que, en México, el ingreso del circo a la academia fue posible gracias a una visión educativa que apostó por dignificar y estructurar este arte desde sus cimientos. Como rector fundador del Sistema Universidad Mesoamericana, impulsé la creación de la universidad y, a instancias de ese proyecto, la apertura de la Licenciatura en Artes Escénicas y Circenses Contemporáneas, que en su momento se convirtió en la primera licenciatura de su tipo en Latinoamérica.
En este artículo se nos invita a comprender que la academia no llega para sustituir la herencia circense, sino para dialogar con ella, protegerla y proyectarla hacia nuevos horizontes. La formación profesional aparece aquí como un acto de cuidado: del artista, de su cuerpo, de su oficio y de su lugar en la sociedad.
José Javier escribe desde la experiencia viva, desde la cuerda floja donde se cruzan la teoría y la práctica, la pasión y la responsabilidad. Su reflexión nos recuerda que el circo no solo enseña a volar, sino también a pensar el vuelo, a entender sus riesgos y su sentido.
Que este texto sea leído como una invitación a mirar el arte circense con otros ojos: maravilla que se contempla y como disciplina que se estudia, se honra y se construye, día a día, como un proyecto de vida y de cultura.

La profesionalización del circo
Por José Javier Jiménez Sánchez
Si bien el circo, como manifestación artística en sus diversas disciplinas, existe desde hace más de 4,000 años, su profesionalización como Institución educativa formal tiene una historia mucho más reciente. Este proceso cumple apenas 98 años, iniciando en Moscú con la fundación, en 1927, de la Escuela Estatal de Circo y Artes de Variedades, creada por iniciativa del Estado soviético. En América Latina, un ejemplo significativo es la Escuela Nacional de Circo de Cuba, con 46 años de existencia, así como diversas escuelas en la región que cumplen la misión de preparar a jóvenes en formación para su aprendizaje y desarrollo como artistas de circo.
En México, desde hace 17 años existe la Licenciatura en Artes Escénicas y Circenses Contemporáneas, ofertada por la Universidad Mesoamericana de Puebla y avalada por la Secretaría de Educación Pública, lo que representa un paso fundamental en el reconocimiento académico del circo en el país.

Ahora bien, si la información técnica de las distintas disciplinas circenses ha sido transmitida durante generaciones por las prestigiosas familias de circo, surge la pregunta: ¿por qué es importante que el circo pertenezca a la academia? Recuerdo la frase del Mtro. Julio Revolledo Cárdenas (†), —historiador de Circo y fundador de la Licenciatura en Artes Escénicas y Circenses Contemporáneas—, quien afirmaba que esta era la única forma en que las demás artes reconocerían al circo como parte de las bellas artes y, más importante aún, que socialmente se percibiera al circo como una profesión digna, y no sólo como un pasatiempo.
A diferencia de otras artes escénicas como el teatro, la danza o la música, el circo llega a la academia mucho tiempo después; sin embargo, lo hace con una de sus características más importantes: la integración de diversas artes dentro del proceso formativo del alumno.
Después de varios años como artista profesional de circo, puedo observar y recalcar la importancia de haber egresado de una escuela profesional. Las herramientas adquiridas no son únicamente técnicas, sino también teóricas. El estudio de la historia del arte, la historia del circo —clásico, moderno y contemporáneo—, las disciplinas circenses, la historia del circo en México y la trayectoria de las familias circenses a lo largo del tiempo permiten una comprensión más profunda del quehacer circense. Este conocimiento fundamentado conduce a una valoración más consciente y crítica del arte del circo.

La academia —ya sea escuela, universidad o centro de formación— desempeña un papel fundamental en la formación del artista circense, ya que proporciona bases sólidas como la preparación técnica, el entrenamiento físico, el conocimiento anatómico, el manejo del cuerpo y del espacio escénico, la biomecánica y, de manera esencial, la seguridad en la práctica, aspecto crucial en las artes circenses debido al riesgo físico que implican. A ello se suman conocimientos en maquillaje, escenografía y vestuario, los cuales contribuyen a una formación integral y fortalecen las bases para una vida profesional más completa.
Desde mi experiencia como artista de circo, considero que la academia ha sido un espacio fundamental para comprender y valorar profundamente este arte. La formación profesional no sólo me brindó herramientas técnicas y teóricas, sino que me permitió reconocer al circo como una disciplina compleja, con historia, identidad y responsabilidad. La academia no sustituye la tradición circense, pero sí ofrece un marco que protege al artista, dignifica su labor y amplía sus posibilidades creativas y profesionales. Tener al circo dentro de la academia es, para mí, una forma de reconocerlo como un proyecto de vida, como una profesión legítima y como un arte que merece ser estudiado, cuidado y desarrollado con el mismo respeto que cualquier otra manifestación artística.
José Javier Jiménez Sánchez es licenciado en Artes Escénicas y Circenses Contemporáneas. Egresado de la primer generación de la Licenciatura en Artes Escénicas y Circenses Contemporáneas por la Universidad Mesoamericana.




























