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La tercera ruta

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Imagen: Pixabay

No confundo la rutina con la seguridad.
No creo que la elección más fácil es la correcta.
Tengo presente que el poema es una grieta en el muro,
una ventana que se asoma al mismo paisaje.
Saber que la previsibilidad y lo absurdo
son dos caras de la misma moneda
y que, a veces, lo único cuerdo es huir de ambas.

He aprendido a escapar de la disyuntiva,
a romper las cadenas de las formas,
a ignorar la rima que se esfuerza en ser perfecta
y a desconfiar de los absurdos fatuos
que intentan disfrazarse de verdades.

Frente al espejo que exhibe mis limitaciones,
una respiración profunda se aferra
a la poca cordura que queda a contraluz.
Sé que la bestia espera detrás de la refracción,
y me pregunto:
¿quién no busca lo disruptivo y certero
cuando el mañana está en peligro?

El final se asoma con una promesa de parálisis,
las campanas del atardecer
redoblan su llamado al funeral de lo esperado.
La asfixia es solo un preludio del olvido.

Lucho contra la autocomplacencia,
contra la comodidad que corrompe.
Mi voz se alza para lo importante,
dejo lo urgente a otros.

Entre la previsibilidad y lo necio,
escojo la tercera ruta:
la que me lleva hacia la luz infinita,
la que no tiene renuncia.
No me pidas que abandone mis palabras,
porque no sabría cómo enfrentar el día
sin la certeza de que hay un sol esperando.

Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta