Inicio Artículos Artículos de lo extraño El enigmático fenómeno de las abducciones

El enigmático fenómeno de las abducciones

289
Imagen del autor Jakob Rosen en PEXELS

– La Historia Jamás Contada –

Las llamadas ABDUCCIONES constituyen un fenómeno de lo más extraño, cuyo rasgo esencial es que el propio abducido ignora al principio que lo ha sido, es decir, extraído del lugar en que se encontraba (que puede ser hasta un vehículo en movimiento) y llevado por medios misteriosos a otro en el que “despierta” o vuelve a tomar conciencia de sí, aunque sin saber cómo llegó allí o, de encontrarse en el mismo lugar en que estaba originalmente, nota algunos cambios inexplicables en el ambiente o la disposición de ciertos objetos y, sobre todo,  la falta o extravío de un periodo de tiempo en su memoria, conocida como missing time.

Con el tiempo, ya sea espontáneamente o reaccionando a algún estímulo, aparecen flashes -vistazos- de lo ocurrido durante el periodo olvidado, pero son imágenes aisladas, incapaces de suscitar el recuerdo completo. También son frecuentes las secuelas emocionales a mediano o largo plazo (stress postraumático) y sueños de tema recurrente pero con escenarios cambiantes, como si el cerebro ensayara un contexto tras otro tratando de hallar uno que dé sentido a ciertas percepciones incompletas, confusas o que no puede asociar con algo conocido.

Resumiendo, una ABDUCCIÓN es un traslado -¿involuntario?- seguido de amnesia, cayendo en esta categoría casos históricos pero ya legendarios como el de “Un aparecido en la Plaza Mayor” (de la Ciudad de México, en 1593) que transcribe Luis González Obregón en su compendio de leyendas LAS CALLES DE MÉXICO y el en su momento muy popular de Whitley Strieber, que él mismo relata en COMMUNION (1987). Pero han existido una infinidad de ellos a lo largo y ancho de la Historia y el Mundo y además continúa ocurriendo en nuestros días, lo que debe resultarnos bastante desconcertante. Siguiendo a Jacques Vallée y, sobre todo, a Charles Fort, me pregunto: ¿Hay un propósito -que aún no alcanzamos a vislumbrar- en todo esto? Un poco de investigación de primera mano no nos vendría mal.

Sobre este punto de la INVESTIGACIÓN, prácticamente todo está aún por hacerse, pues lo más que tenemos son reportajes, pero el Periodismo no es Ciencia ni tiene la vocación o posibilidad intrínseca de serlo, como lo ilustra la siguiente anécdota:

En el caso del llamado “Misterio del Bosque de Rendlesham” (Inglaterra), cuando menos en el programa dedicado a él en el HISTORY CHANNEL, hubo un detalle al cual no se le dio importancia: el de que al soldado Larry Warren lo estaban esperando unos “oficiales de Inteligencia” que lo llevaron a un lugar en el que, junto a otros, le proyectaron una película; también lo sometieron a un “examen médico” y tenía un vago recuerdo de haber estado sentado solo frente a una mesa y de un durísimo interrogatorio. Todos elementos que nos ponen frente a un caso de abducción que, incidentalmente, abonaría la hipótesis de haberse tratado de un asunto OVNI. (Aquí se cumple el Principio de Peter para el Periodismo, que alcanza su nivel -techo, tope- de incompetencia por falta de una teoría que lo respalde, pues por sí mismo no puede ir más allá de describir hechos o trascribir dichos.

Tenemos también, ciertamente, el ENTRETENIMIENTO, sea con altura literaria o simplemente sensacionalista y está bien, mientras no se trate de alguien a quien le está ocurriendo REALMENTE. Es cuando resulta evidente la necesidad de SABER, de contar con una Ciencia para poder intervenir sin enredarse en la misma telaraña en que se debate el afectado, como sucede si se improvisa sobre la marcha de los acontecimientos o se acude a sedicentes “expertos” provenientes de la Religión, el Ocultismo o la llana charlatanería. De los otros, los pedantes que se califican a sí mismos de “científicos” (?), no podrán obtenerse sino opiniones irresponsables, a la ligera, acerca de cosas que para ellos ni siquiera pueden existir…

¿Pero cómo se constituiría entonces esta “Ciencia de los Sucesos Extraños”? En principio, como toda otra ciencia: partiendo de los hechos. En segundo lugar, siendo escépticos, esto es, sin tener una posición definida de antemano a favor o en contra y tampoco tomar la vía rápida de la superstición para “explicarlos” y menos aún “resolverlos”. En tercer lugar, considerar todas las variables discernibles en el fenómeno, pues todas juegan su papel, incluyendo las de naturaleza histórico-social, como la ideología.

¿Pero cuál es su visión, atentos lectores, acerca de este extraño fenómeno? ¿Conocen a alguien que haya pasado por una experiencia similar?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.