Hoy el sol se alzó con un velo de tristeza,
en mi colección de animales, la pena se extendió.
Se apagó el vuelo de la grulla coronada africana,
y su compañero, con gritos, su dolor reveló.
Quince años de amor bajo un cielo compartido,
sus alas tejieron historias que el viento guardó.
Ella partió dejando en él un vacío infinito,
y en su canto de duelo el alma de todos conmovió.
Cuánto podemos aprender de su lamento,
de esa fidelidad que no teme gritar.
Su amor no se esconde ni se pierde en silencios,
es un eco profundo que no se puede callar.
Él no quiere comer, no acepta consuelo,
su corazón se quebró con su pareja ausente.
Aunque otra llegue, su amor es eterno,
y teme rendir su vida al duelo insistente.
Lecciones de lealtad nos ofrecen sus alas,
en un mundo humano donde el olvido es normal.
Ellos, sin palabras, nos muestran el alma,
la belleza de amar sin medida hasta el final.
En el grito del macho hay más que tristeza,
hay un llamado a quienes quieren mirar:
amar con verdad, con pasión y con fuerza,
porque el amor puro jamás deja de volar.
El amor verdadero no teme al dolor,
ni se desvanece con la sombra del adiós.
Es lección eterna tejida en el alma,
que perdura en la memoria aun cuando el cuerpo falta.
Aprendamos de estas alas que no callan su sentir,
que aman sin reservas y lloran sin fingir.
Porque amar con lealtad, sin miedo a la entrega,
es el único vuelo que jamás pierde su huella.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























