¿Qué somos?, me pregunto al andar
en este mundo real,
en esta tierra que nos vio nacer.
Pues no somos solo materia ni azar,
somos almas vestidas en el ser,
forjadas en cuerpos prestados a la vida,
que a veces olvidamos con nuestras heridas.
Cuerpos que cuidamos, no todos, o tal vez.
Hay quienes los esculpen en sudor y afán,
se desviven en el gimnasio o en el spa,
quienes les dan alimento y sano fulgor,
otros los llenan de exceso y malsano rigor,
sin rumbo fijo, perdidos en vicios,
olvidando que son prestados para divinos oficios.
Fachadas de carne y hueso que al mundo mostramos,
pero ¿qué hay detrás de ese fiel disfraz?
Somos espíritus que aquí deambulamos
en busca de luz, de calma, de paz.
Y aunque el cuerpo falle y sucumba al tiempo,
el alma persiste, sin fin ni momento.
Algunos cuerpos se elevan al bien,
trabajan, prosperan con noble misión,
mientras otros hieren, destruyen también,
reflejo del mundo y su malsana condición.
Pero al final en polvo seremos,
y en la materia nada más veremos.
Lo importante es el alma, el espíritu,
ser la conciencia que vive, que no perece,
lo eterno que busca renacer
en actos bondadosos que al prójimo ofrece,
al débil, al necesitado.
Es ahí donde el ser es elevado.
Ahora sabemos, más claros al ver,
que somos lo efímero y lo esencial,
no solo materia que ha de perecer,
sino esencia divina, luz espiritual.
En nuestras manos está el elegir:
cómo vivir,
cómo ser,
cómo partir…
cómo renacer.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta































