Por Enrique Canchola Martínez
Universidad Autónoma Metropolitana
Ciudad de México, México
La creación literaria no es un evento azaroso, sino una expresión de la conciencia donde el lenguaje se convierte en una encarnación biológica y metafísica. Por consiguiente, el poeta no es un artesano de la métrica, sino un poyesis activo capaz de transformar el pensamiento en materia, que, en términos de la física cuántica, es un hechicero que colapsa la función de onda de la realidad para darle forma a través de la palabra.
Desde la perspectiva neurofisiológica, el estado de inspiración poética se asocia a una sincronía neuronal profunda, donde el neuroconectoma en estado automático, despierta al hechicero cerebral que vive en el giro fusiforme, para que permita la emergencia de nuevas mónadas mentales que den sentido a la vida y convierta al poema en un decreto ontológico. La rima y la música de los versos se traducen en una exploración de la mente, de la conciencia y el cuerpo, especialmente del corazón, donde, la materia y el espíritu convergen en una frecuencia unificada.
El poeta, con cada poema, con cada verso, con cada palabra tiene el poder de reconfigurar nuestra arquitectura interna, recordándonos que no somos náufragos del tiempo, sino los arquitectos de nuestra propia eternidad y a comprender que somos bitácoras de la conciencia y de la neurofisiología del Verbo y que el sistema nervioso es una antena que sintoniza con la armonía del cosmos.
21 de marzo de 2026ECM





























