Huele a nuevo el papel,
y en cada página que aún no escribo
late algo superior al silencio.
Quizá el vacío sepa más que nosotros,
como si el futuro ya hubiera leído lo que aún no somos.
La tinta, mientras tanto,
deja su rastro en la arena.
No es solo lo que escribes,
sino lo que queda entre las palabras,
esa grieta donde se esconde todo lo que no decimos.
Cruzo las líneas,
similar a quien camina por calles vacías a medianoche,
el ojo se mira a sí mismo,
descubre que entre las letras también hay sendas,
trampas, constelaciones que no son más que interrogantes.
La pluma rasga el aire,
corta en dos el papel de las ideas,
deja caer el peso de lo pensado,
igual que una piedra arrojada al río
sin saber cuántos círculos va a formar.
Y al final, lo único que queda
es la marca, la huella que dejamos al pasar,
esa tinta que nos dice que estuvimos aquí,
aunque no sepamos cuánto durará.
Porque al fin y al cabo, todo lo que escribimos
es la respuesta a una pregunta oculta nonata.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta
































