– La Historia Jamás Contada –
Quienes cursábamos el Sexto Grado en la Primaria a la que asistí (1962-67), tuvimos la oportunidad de hacer un “curso presecundario” durante los dos periodos vacacionales del año, en el que ya nos impartían cada materia especifica por separado, como sería de Secundaria en adelante. Una de ellas, fue MATEMÁTICAS, en la que nuestro maestro no era matemático sino médico, pero que amaba las matemáticas y estaba muy consciente de su importancia capital en la vida, sobre todo en esa época en que todos éramos modernos.
Recuerdo su alocución inicial, que al menos a mí me dejó pensando y -¿por qué no decirlo?- soñando un poco, ya que mi vocación o al menos una parte de ella, era ser CIENTÍFICO: “En Secundaria van a llevar tres horas semanales de Matemáticas, cuando en Estados Unidos llevan doce y aún más en Alemania (no recuerdo la cifra), pero todavía más en Japón. Su boca fue -como suele decirse- de profeta, pues por esos años Japón se puso a la cabeza del desarrollo científico-tecnológico mundial, sin perder por ello su tradición e historia milenarias.
Al término de esa histórica -en varios sentidos- primera clase, nos dejó de tarea buscar algunas definiciones relevantes para la materia, indicándonos que podríamos encontrarlas en la -esa sí benemérita, digo yo- Biblioteca Franklin, que para mí, ¿qué digo ávido?, voraz lector desde que aprendí a hacerlo, apenas pasados los cuatro años de edad, se convirtió en una de mis dos Universidades, siendo la otra Radio Universidad (Nacional Autónoma de México), de la que supe por un amigo de la Secundaria, precisamente.
El siguiente gran impulso en esta dirección fue el intensivo entrenamiento en Álgebra a que nos sometió el maestro de Trigonometría, apoyándose en el imprescindible texto del pedagogo cubano Aurelio Baldor, tras constatar la incapacidad de TODO el grupo de despejar una incógnita hasta en la ecuación más sencilla.
Pero el tercero y definitivo provino de un instrumento que hoy mismo sería inconcebible en el medio oficial: nada menos que un LIBRO DE TEXTO GRATUITO de Primaria que hojeé durante una estancia con una pareja (él y ella) de amigos maestros en la sierra oaxaqueña en 1974, que incluía una cápsula informativa sobre el celebérrimo “Teorema de Fermat”, aquel magistrado francés al que alguien bautizo como el “Príncipe de los Aficionados” en referencia a Karl Friedrich Gauss, el Príncipe de las Matemáticas.
Así que de regreso a Puebla y con la Biblioteca de por medio, comencé a hacerme de mis libros, siendo el primero una INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA DE LOS NÚMEROS, texto de una materia que, según me dijo un amigo entonces estudiante de la carrera de Matemáticas en la Universidad, no se impartía a pesar de figurar en el Programa de Estudios por no haber maestro lo hiciera: nuestra educación, desde la elemental hasta la superior, siempre ha estado plagada de carencias, incluso sin advenedizas “epistemologías del Sur” que pretendan justificarlas “filosóficamente” (??).
Otra afición que adquirí gracias a mi mejor amigo de Sexto y cultivé primero en la Biblioteca y luego, prácticamente con dos excelentes amigos y técnicos, fue la Electrónica, por la que también aprendí inglés, pues los mejores libros venían en este idioma y en la que desde muy temprano se hizo evidente la necesidad de manejar fluidamente ramas muy distintas de las Matemáticas, como el Álgebra Booleana, para la comprensión y diseño de circuitos lógicos, el alma de la Electrónica Digital, por ejemplo.
Pero no sólo en la industria, sino en todos los campos que podamos imaginar y más todavía, desde la organización de nuestro tiempo, residencia, enseres, finanzas… lo que quieran, bien llegar a comprender, plantear y, eventualmente, SOLUCIONAR añejos problemas aparentemente inmanejables dentro de los ámbitos más variados: ahí tienen el enfoque de la OPERATIONS RESEARCH, otro de mis temas favoritos en matemáticas aplicadas.
En fin, que se trata de un verdadero PARAÍSO, una Tierra de Jauja real y posible que un puñado de tenebrosos personajes detrás de los ahora encaramados en el Poder, pretenden desaparecer por arte de magia o, más bien, de ilusionismo verbal (Mundwerk) demagógico, en el que no faltan las consabidas alusiones a un mítico saber ancestral depositado genéticamente en el “Pueblo bueno y sabio”, es decir, ignorante en activo, pues ya no quiere enterarse de otra cosa.
Lo que nos lleva directo a preguntarnos: ¿qué tal fueron precisamente en MATEMÁTICAS tanto unos como otros, por más que algunos de ellos se ostenten como científicos o ingenieros, los cuales, sin Matemáticas precisamente, no son ni una ni la otra cosa.
¿Cómo ven ustedes esto?
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.





























