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Paul Erdös. El hombre que convertía el café en teoremas (Primera parte)

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Imagen: en.wikipedia.org

– La Cueva de los Espejos –

Por: Alejandro Rivera Domínguez

Europa vivía un sueño a punto de convertirse en pesadilla. Las alianzas entre naciones europeas estiraban sus posibilidades de paz sobre endebles papeles llenos de buenas intenciones. Budapest, la gran capital húngara, constituía un centro cultural muy apreciado, sobre todo por la influencia de la música de Brahms y Liszt y las Csárdas de Monti, una moda musical por aquellos años.  Brillaba la Belle Époque en París. Los impresionistas culminaban su contribución a la pintura y nuevas expresiones estaban a la vuelta de la esquina. Buenos tiempos aquellos, pero ya se escuchaban las trompetas del Apocalipsis en lontananza y, las grietas entre los grandes imperios comenzaban a agrandarse.

Paul Erdös, vino al mundo en Budapest un frío mes de marzo de 1913. Su familia, aunque de origen judío, nunca practicó los rituales, si acaso una lectura infantil de los libros con lo que suele atribuirse la palabra de Dios. En cuestiones religiosas no llegó más allá. Simplemente como Einstein, Lise Meitner no necesitaron la religión para descubrir la naturaleza.

Hay personas que iluminan la obscuridad de los siglos a través de su andar por la vida. Son personas peculiares, únicas, desconcertantes. Erdös ha sido una de ellas. Pocos días antes de nacer, sus dos hermanas mayores, fallecieron de escarlatina. Una tragedia que arrastró a la familia a la tenebrosa realidad de perder dos hijas con horas de diferencia. El impacto para Lajos y Anna, profesores de matemáticas ambos,  fue radical. Al nacer Paul, sobrevino una paranoia que desembocó en una muralla protectora al pequeño. Ellos introdujeron al mundo matemático al infante, quién inmediatamente mostró barruntos de genialidad.  El  temor a que Paul sufriera algún percance, condujo a sus padres a ser sus tutores y que el niño Paul no acudiera a la escuela.  Las penurias de la familia no terminaron ahí.  Al año siguiente comenzaron las hostilidades de la Primera Guerra Mundial, Lajos se enroló en el ejército Austro Húngaro, solo para ser capturado por el ejército ruso y ser enviado, en calidad de prisionero, por seis años, a Siberia.

Anna, sola, señalada como judía, enseñaba matemática, en calidad de institutriz, a jóvenes alemanes. Al terminar sus labores, se refugiaba en su casa. El pobre Paul, no sabía de juegos, risas y travesuras con otros niños. Pasaba el tiempo, entre lecturas dirigidas y muchas matemáticas, que practicaba con su madre. 

Al terminar la guerra, no terminaron los problemas para la familia Erdös. Golpes de estado alternaban el poder entre izquierdas y derechas. Los judíos eran perseguidos y hostilizados constantemente, fueran practicantes o no. Miklos Horty, un miembro de la extrema derecha húngara, tomó el poder durante 1919. Pronto mostró el rostro de aquellos que  no entienden de minorías y construyen discursos de odio que la masa irreflexiva sigue con alegría como parte de una identidad nacional. Horty obtuvo el poder y lo dirigió contra comunistas, judíos y minorías. En aquellos años, en Alemania ya se gestaba el rechazo a judíos, homosexuales y extranjeros en general . Pronto cobraría sello de identidad alemana al llegar Hitler al poder.

El padre de Paul fue liberado y regresó a Hungría en 1920; los rudos años de cautiverio, sirvieron para que estudiara inglés pero no había ninguna persona en el gulag, que hablara ésa lengua. De manera que Lajos Edös no sabía la pronunciación más común del inglés. No obstante, de inmediato enseñó la peculiar pronunciación al joven Paul, quien conservó el resto de su vida,  aquella extraña manera de hablar.

Las universidades húngaras cerraban las puertas a judíos, Paul, sin embargo, ganó el primer premio en una prueba nacional de matemáticas. En 1930, ingresó a la University Pázmány Péter en Budapest y obtuvo un doctorado en matemáticas sin mayor problema. En seguida, obtuvo una beca en la Universidad de Manchester en Inglaterra, sobre todo para tomar distancia del opresivo ambiente hacia los judíos. Pronto obtuvo un puesto en la Universidad de Princeton en Estados Unidos.  Ahí se manifestó la absolutamente extraña personalidad de Erdös. La universidad no renovó su contrato alegando que era “tosco y poco convencional” . En Princeton, conoció a  Stanislaw Ulam, el gran matemático polaco, quien sería pieza fundamental en el desarrollo de las bombas atómicas estadounidenses y Juego de Montecarlo, una rama fascinante de la Probabilidad y Estadística.  Erdös y Ulam construyeron una gran amistad y compartieron la amarga experiencia del exilio.

Ulam, enseñaba en la Universidad de Madison-Wisconsin, de inmediato incorporó a Erdös al claustro de matemáticas y comenzó una carrera sin parangón en las ciencias.

Las contribuciones de Erdös a las matemáticas fueron notables, si bien es cierto que no propuso grandes teorías, resolvió infinidad de problemas en Teoría de Grafos, Teoría de Números, Combinatoria, con demostraciones elegantes y únicas.

Con el matemático Atle Selberg ocurrió un caso de contrastes entre la deshonestidad y la grandeza de la sencillez. (Continuara)

Alejandro Rivera Domínguez, integrante de la Asociación de Estudios del Pleistoceno.