Por Salvador Calva Morales
Morin,
viajero de las tramas invisibles,
tú llegaste a decirnos
que el mundo no cabe
en compartimentos estancos,
que la realidad desborda
las cajas estrechas
con que a veces pretendemos nombrarla.
Mientras muchos separaban,
tú uniste;
mientras otros reducían,
tú mostraste la urdimbre;
mientras el saber se fragmentaba
como espejo roto,
tu pensamiento recogió los pedazos
para devolvernos
la imagen múltiple del ser.
Nos enseñaste
que educar en la complejidad
es aprender a mirar
sin mutilar,
a comprender
que una parte respira en el todo
y que el todo deja su huella
en la parte más mínima.
Morin,
hombre de enlaces,
de puentes entre ciencia, ética, cultura y destino humano,
nos advertiste
que una inteligencia incapaz de relacionar
termina sabiendo mucho
y comprendiendo poco.
Tu pedagogía
no es laberinto inútil,
es conciencia ampliada,
capacidad de abrazar contradicciones,
de pensar la incertidumbre
sin rendirse al caos,
de aceptar que la vida humana
es tejido,
nudo,
corriente,
interdependencia.
En un tiempo de simplificaciones feroces,
tu voz se vuelve necesaria
como agua para la lucidez.
Nos recuerdas
que formar a alguien
no consiste en llenarlo de parcelas de información,
sino en darle una mirada
capaz de enlazar,
discernir,
dialogar con la duda
y seguir construyendo sentido.
Morin,
tu legado arde
como una antorcha para nuestro siglo:
pensar mejor
para vivir mejor,
comprender más profundamente
para no destruirnos,
educar con conciencia planetaria
para que el conocimiento
no se vuelva ceguera.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta





























