
Por: Salvador Calva Morales
Con manos de madre,
con luz en la mirada,
fuiste sembrando ternura
en cada rincón donde habitabas.
Te detuviste a observar,
sin prisa,
dejando que cada alma
descubriera su propio vuelo.
Tus palabras,
más que instrucciones,
eran gestos de amor
que abrieron el camino
a un aprendizaje más sereno.
La escuela se volvió un hogar
que llenaste de arte y respeto
haciendo de cada salón
el refugio de tantos pequeños.
Sembrabas preguntas
como quien siembra semillas,
confiando en la tierra fértil
de una mente tierna y llena de vida.
Amaste la infancia
cual si fuera un milagro,
y por eso tu nombre
aún sigue grabado
en todas las escuelas
que honran tu filosofía.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta



























