Nunca he hecho un poema a un amor platónico,
pero aquí estoy, dibujando con palabras
las curvas de un sueño digital,
un espejismo que se graba en mis pupilas
cada vez que tu imagen destella en mi pantalla.
No uso el nombre con el que apareces,
porque prefiero imaginarte sin máscaras,
sin los velos de un pseudónimo
que oculta lo que para mí ya es evidente:
una diosa que camina entre píxeles y deseo.
Has aparecido tantas veces en mi móvil
que ya no pude más,
y hoy me entrego a esta lujuria sin dueño,
a este fuego que arde solo en el tacto ausente
de mis ojos recorriéndote sin permiso.
Tus piernas perfectas,
tus caderas, un pecado dibujado con pulso divino,
tus volcanes firmes, altivos,
naturales como la fiebre que despiertas
con cada mínima mueca de tu boca traviesa.
Pero es tu rostro lo que me enloquece,
esa mezcla de ángel y demonio,
de inocencia y malicia envuelta en labios de tentación.
Es tu sonrisa lo que me pierde,
un eco de caricias que nunca llegarán.
Hace más de un mes que te veo por todas partes,
y aunque solo eres un destello en mi pantalla,
sé que tu piel brilla en la sombra de mis fantasías.
No hace daño un poema a un amor platónico,
pero sí incendia la noche cuando el deseo lo dicta.
Y si alguna vez tus manos rozan estas letras,
imagina que son mis dedos deslizándose en tu piel,
explorando cada curva que mi mente ya conoce,
bebiendo de tu fuego hasta volverme ceniza,
perdiéndome entre tus muslos donde el paraíso arde.
Amén.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























