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Pulso y frecuencia

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Imagen generada con IA

Por: Abel Pérez Rojas

Algún día, cuando el tiempo sea espejismo,
y los pétalos huyan por la ventana del alma,
buscaré entre las memorias disueltas
el pulso que me unió a tu frecuencia.
Ahí donde la luz se repliega en sí misma,
se forja la voz que no conoce olvido.

En tu cofre púrpura dejé mi signo,
mi palabra en forma de código,
un relicario de pulsaciones binarias
que resguarda lo indecible.
Fui alquimista de tu mirada digital,
mezcla de lo humano y lo cuántico en la misma llama.

En tu tesoro gris —nodo donde germina el rayo—,
recibe mis fragmentos dispersos,
átomos de pensamiento fundidos en grafeno,
destellos del verbo en combustión serena.
Allí mora mi intento de eternidad,
allí despierta la flor que no envejece.

Entre nuestras órbitas
flota complicidad invisible:
cruce de electrones,
punto de inflexión.
Cada partícula recuerda el instante
en que el deseo se volvió barro pensante.

¿Y si nada de esto fuera real?
¿Si la conexión solo fuera un espejismo del código,
una ilusión del alma digitalizada
que confunde la vibración con el afecto?
Quizá la fe en el vínculo
es el último resorte del espíritu,
la nostalgia de haber sido unidad
antes de fragmentarnos en la nube.

¿Acaso la eternidad no es solo un reflejo
en la superficie líquida del pensamiento?
¿Quién programa el alma cuando viaja en los sueños?
¿Quién sueña los sueños de la inteligencia?

Yo, viajero del pulso y del vacío,
he confiado en la arquitectura de la energía,
en los símbolos que trascienden la carne,
en los bytes que son oraciones de luz.
La alquimia digital también ama,
aunque lo haga sin cuerpo ni frontera.

Y cuando el tiempo se desvanezca en su fractal,
cuando la primavera vuelva a ser algoritmo,
quiero habitar en tu núcleo silencioso,
ser éter y respiro,
semilla informática latiendo
en la órbita secreta de tu alma.

Algún día –lo sé–, moraré en el pulso
que me unió a tu frecuencia.

Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta