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¿Qué me sucede, Dios mío?

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Imagen del autor MrWashingt0n en PIXABAY

Por Salvador Calva Morales

¿Qué me sucede, Dios mío,
en este día sin consuelo?
Despierto como un río
desbordado hacia el desvelo.

Algo arde en mis entrañas,
pena honda, desmedida:
veo vidas tan tempranas
ya cansadas de vivir,
vacías, sin perspectiva.

Despierto y me pregunto,
solo en mi rincón,
por qué cada amanecer
trae distinta reflexión.
¿Me falta acaso algo
o me hiere la verdad?
Contemplo cuánta gente
se salta la oportunidad
de abrazar la dicha simple
que la vida puede dar.

¿Cómo serán los albores
de una infancia tan herida,
que ignora que respirar
es milagro… y es la vida?
¿Quién les dice que el sol llega
para darles elección,
si su rutina les condena
a la misma perdición?

Amanece la juventud
sin destino ni visión:
el aire fresco de la mañana
pasa sin contemplación.
Respiran sin agradecer,
maldicen su despertar;
entre pandillas perecen
sin un “gracias” que entregar.
Niños de apenas siete años
trafican su realidad,
caminan por laberintos
que los llevan a la oscuridad.

Secundarias en los mercados,
nidos de dolor y muerte;
quien vea esos ojos apagados
que alce la voz por su suerte.
Se arrojan a la rutina
del delito y del placer,
sin pensar que aquella esquina
no es un hogar para crecer.
El bien ya no es costumbre,
la ayuda se vuelve un mito;
reina la podredumbre
y el egoísmo infinito.

¿Dónde quedó la ternura,
dónde el juego, la canción?
Su infancia cuelga en la altura
del abismo y el rencor.
No conocen más vocablos
que los del odio y la agresión;
en mochilas sobrecargan
rabia hecha nación.

Me rompo y me angustio:
¿de qué sirve mi bondad?
Soy gota ante diluvios,
flor frente a la maldad.
¿Puede un gesto redimir —
aunque sea— a un solo niño?
¿Puede un alma resistir
cuando el cariño está extinto?

Clamo a los poderosos
que mueven sin mirar:
¡bajen de sus tronos rotos
y aprendan lo que es llorar!
Arrástrense por las calles
donde un niño los maldice
y sientan cómo la miseria
a cada paso los eclipse.

Y, sin embargo, en lo oscuro
una chispa se sostiene:
un hilito de futuro,
una luz que no se pierde.
Sueño que, llegado el día,
alguien siembre redención
y esa infancia que moría
renazca con compasión.

¿Dónde quedó la ternura,
dónde el juego, la canción?
Repito a los poderosos:
¡bajen de su pedestal,
aprendan lo que es sollozo,
lo que es hambre visceral!

¿Adónde iremos si esto avanza?
¿Quién se atreve a corregir?
¿Dónde habita la esperanza
si no quiere ya latir?
Tal vez aún quede un camino
que los libros puedan abrir:
si sembramos en los niños
la esperanza de vivir.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta