Mujer divina y loca,
eres fiebre que enciende mi carne y provoca
un abismo de sombra y lujuria,
un gemido que quiebra mi alma y la calma,
una herida de fuego y penumbra.
Tus caricias me arden y queman la sangre,
me devoran con furia y deseo; en tu piel se deshace mi nombre,
en tu boca me pierdo, me muero y renazco.
Tus suspiros desatan la noche,
tus jadeos desesperados la envuelven de incendios,
y en el roce de un tacto furtivo
me abandono al fulgor de tu cuerpo.
Mujer, eres filo, pecado y delirio,
tempestad que me arrastra, desbarata y me quema,
una ráfaga dulce y ardiente, un orgasmo,
una herida que duele y me salva.
En tu risa, la fiebre me embriaga,
me destruye, me arrastra,
me atormenta y me tienta.
Y en el lecho, sin tregua ni miedo,
te devoro con labios de fuego.
Cuando el alba nos cubra la piel
con su luz implacable y callada,
seguirás en mi pulso y mi sangre,
seguirás en mi pecho per saecula saeculorum, marcada.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























