Me niego a creer que todo está dicho,
que las palabras han sellado sus puertas,
que los sueños son ríos secos,
y la creación una nota perdida
en la vastedad del silencio.
Desde mi centro brota un fuego,
un río de magma que no se agota,
un latido que desafía los márgenes
y se aferra a la utopía del pensamiento,
ese infinito que nunca cesa.
Sé que es romántico,
que en el umbral de la lógica
me tilden de ingenuo,
pero mis manos aún siembran versos
en la tierra baldía de lo impensado.
En medio de esta vorágine,
donde las voces humanas
se ahogan entre algoritmos,
resisto, me sostengo,
como árbol frente a una voraz tormenta.
Las apuestas están hechas,
las propuestas no nos pertenecen,
pero aquí estoy,
edificando trincheras
con la luz que me queda.
¿Qué más da morir en la raya,
si mi voz, aunque sea pequeña,
es aún humana,
aún ardiente,
aún viva?
En el último resquicio del alma,
donde todo parece derrumbarse,
renazco con la chispa de una certeza:
nada está escrito para siempre,
y siempre hay más por decir…
siempre más.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























