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Un fuego eterno

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Foto: Pixabay

Hoy, en poema, quiero contar
las ilusiones que en tus sueños
me viniste a dar.
Tus palabras, fuego, me hicieron despertar,
mi deseo erguido, listo para luchar.

Me relatas, amor, lo que tu mente soñó:
un paraíso secreto donde el tiempo paró.
Tú, elegante, con tu porte ideal,
yo, coqueta, provocando un deseo carnal.

Conversamos poco, reímos sin cesar,
la lujuria y la nostalgia nos empezaron a contagiar.
El lugar no era apto para lo que soñamos,
así que, en silencio, nuestras manos tomamos.

Condujiste al refugio, un rincón tan perfecto,
cerraste la puerta con tu gesto directo.
Tus ojos en los míos, sin prisa ni pudor,
y nos fundimos, amor, en un indescriptible calor.

Flotando sentí como en un mar sin final,
destellos de pasión en un mundo irreal.
Tu grito de éxtasis, mi vida al clamor,
fue la síntesis que al fin me despertó.

Aún siento en mis piernas la entrega total,
mi corazón vibra con fuerza inmortal.
Solo de pensarlo, vuelve a encenderse mi ser:
en ti, mi amado mío, siempre quiero arder.

Aún siento tus manos quemar mi piel,
tus labios voraces y tu dulce pincel.
Ese grito tuyo, tan grave y tan hondo,
me arrastró al abismo del placer más profundo.

Mis piernas aún tiemblan al imaginar
cómo, en tu fuerza, me volví a entregar.
Tu cuerpo en el mío, tan firme, tan cierto,
un ritual sagrado, carnal, que despierto.

Revivo el momento y te siento otra vez,
mordiéndome el alma, robándome el firmamento.
Y en esta locura que nos desbordó,
sigo siendo tuya, como el sueño dictó.

Que tiemble la noche si vuelves a mí,
que arda el espacio donde estés aquí.
Nuestro fuego es eterno, ardiente, violento,
soñando o despiertos, toda una vida.
Aún estés lejos, siempre estás en mí.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta