Por Salvador Calva Morales
Me embriagué de tu esencia con fervor tan desmedido
que el hálito se me vuelve espina y suspiro herido;
y en el silencio más hondo, sin voluntad ni consuelo,
mis lágrimas brotan solas como plegarias al cielo.
Me prendí de tu recuerdo con devoción infinita,
y en arcanos del viento hallé tu voz exquisita;
aprendí su idioma errante,
su murmullo y su lamento,
para preguntarle, amante, si te ha visto en su aliento.
Te llevo tan arraigada en la penumbra de mis ojos
que, al cerrarlos, te invoco entre suspiros y antojos;
no hay instante ni sombra que no te acerque a mi lado,
como un hechizo perpetuo dulcemente conjurado.
Mi tiempo se ha vuelto esclavo de tu imagen adorada,
y en la espera de la noche mi alma queda arrodillada;
cuento horas con delirio, como un fiel enamorado,
anhelando en los sueños tu fulgor idealizado.
¡Oh sublime desvarío de este amor inextinguible,
que me eleva y me consume con un fuego indivisible!
Me enamoré de tal forma, con tan honda devoción,
que en tu nombre se disuelve la razón y el corazón.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























